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  Los síndromes del nuevo periodismo
Luz Mery Pinilla
   
   
   
“La existencia precaria de un periodismo crítico, el pequeño número de reporteros cuyo nivel excede al de meros anotadores o consignadores de hechos, el nulo espíritu analítico de la mayoría de las secciones editoriales, el conformismo y la sumisión, la antiprosa y la antisintaxis, el lugar común y la obviedad, la censura y la autocensura, el periodismo concebido como artesanía popular, la corrupción y el control informativos, la certidumbre colectiva del status mínimo de la profesión; todos estos hechos han colaborado y siguen colaborando en el mantenimiento del yugo de la nota roja y las páginas de sociales, que, vistas desde cierta perspectiva ecuménica, resultan una misma, indivisible entidad”
Fragmento de “Días de guardar” De Carlos Monsiváis.


Responsabilidad compartida


El fragmento anterior resume la aguda realidad que atraviesa el periodismo latinoamericano, en una aparente decadencia motivada por el “facilismo” y la rapidez que exige la competencia de un mundo cada vez más dominado por la informática, o simple y llanamente, por una pérdida de la verdadera esencia del oficio.


Para hallar la respuesta a esta dualidad, es necesario analizar el papel que cumple la academia en la formación de los nuevos periodistas, pues anualmente cientos de comunicadores egresan de las universidades con una idea fija: entrar en el monopolio de los grandes medios de comunicación, no porque se constituyan en el mejor espacio para aprender u obtener buenos ingresos, sino por ese afán de protagonismo de un buen nombre, que en el mejor de los casos da para un “contratito” como .


Seguramente la situación sería distinta si se formase comunicadores para prestar un servicio, para cumplir una función social, teniendo como base la responsabilidad y sensibilidad social, transversales a todos los espacios en una sociedad cada vez más exigente. Sin embargo, aun no se prepara al estudiante para hacer empresa o apostarle al ejercicio comunitario, como si la única fuente de trabajo consistiera en vender la conciencia para las grandes familias, en cuyas industrias de la comunicación es imposible ser auténticos y leales a los principios.


Ignacio Ramonet (1) define al periodista como “instantaneísta”, refiriéndose e éste como un agente rápido, con escaso tiempo para hacer un verdadero análisis de cuanto informa. Sin embargo, la gran realidad es que desde algunas facultades de comunicación se asocian con igual significado los términos periodista y reportero, como si se tratasen de la misma persona. La confusión es mayor, cuando no se exige al estudiante productos críticos y de análisis que contribuyan en la formación de opinión pública sensata y equilibrada.


Lo que ocurre es que el periodista en ejercicio se convierte en un mero vehículo informativo que además de reportar lo que ya resulta evidente, porque se ha mostrado a través de canales no convencionales que se han posicionado a través de la tecnología, también termina convirtiéndose en la marioneta de grandes grupos económicos que no le ofrecen al público la posibilidad de acceder a la verdad, porque generalmente, la información se está entregando fraccionada y sólo a través de los llamados “medios masivos de comunicación”.


De ahí la importancia del ejercicio local o comunitario desde donde algunos medios de comunicación alternativos han contribuido, de manera sistemática, en el empoderamiento de las organizaciones sociales y comunitarias, animando la participación activa de más actores en la construcción colectiva de lo que realmente importa a nivel barrial y local, y que muy pocas veces ocupa espacio importante en los medios masivos, atraídos por la “chiva” o la nota sensacionalista convertida en un producto mercantil.


Por ejemplo, no es un secreto que la mayoría de los medios masivos a través de los cuales se informan los colombianos están en una especie de arrodillamiento colectivo con el gobierno de turno, que no permite ver más allá de lo que se muestra a través de los canales privados y del periódico de mayor circulación. El análisis y la investigación brillan por su ausencia, frente a hechos que lesionan gravemente la imagen del país.


Pero la responsabilidad es compartida entre quienes manejan la información y los que acceden a ella, motivados por el llamativo comercial de las grandes “figuras” del periodismo. El equivocado concepto de que lo alternativo no vende, no mueve masas y tampoco permanece en el tiempo, es sólo un sofisma que desvirtúa el real papel que cumplen estos pequeños “quijotes” de periodismo. Basta revisar el listado de 70 periódicos y no menos de 15 emisoras comunitarias independientes, distribuidos en las 20 localidades del Bogotá (2), cuya vida útil escasamente llega a un año por falta de respaldo y que son arrastrados por el poder de los medios masivos.


Periodismo. Vs. Tecnología


De otra parte, la decadencia del periodismo como profesión también se encuentra permeada por el auge indiscriminado de nuevos sistemas de información, que cada vez se asemejan más en sus funciones al rol que están cumpliendo los comunicadores. Rheingold Howard, en su artículo “Las multitudes Inteligentes”(3), expresa una cruda realidad acerca del uso de la tecnología en manos de colectividades inteligentes que en un momento determinado pueden incidir en el destino de un país y de sus gobernantes como ocurriera en Filipinas con el derrocamiento de un presidente, o más recientemente, con los hechos ocurridos el 11 de marzo en España, que le costaron al presidente Aznar su reelección. Lo más grave, es que el paulatino desplazamiento del periodismo por la tecnología no permite la confrontación de verdades que fijen criterios democráticos de la información, que mal manejada, puede convertirse en una verdadera bomba de tiempo.


De todas maneras, aun hay tiempo de enderezar el camino y corresponde a las facultades de comunicación social la responsabilidad de ofrecerle al estudiante diversas posibilidades y herramientas que permitan su especialización. Pero el compromiso mayor lo tienen los nuevos periodistas, cuyo reto se traduce en demostrarle a la historia que no se ha perdido su verdadera esencia: la de la mediación.


Citas:


(1)Ignacio Ramonet “los periodistas están en vía de extinción” - EL PERIODISMO DEL NUEVO SIGLO


(2)Cifras entregadas por la Dirección de participación ciudadana de la Secretaría de Gobierno de Bogotá, Colombia en septiembre de 2006.


(3)Rheingold Howard, Multitudes Inteligentes. La Próxima revolución social. Barcelona 2004


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