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  ¡Atención! El “Mamertismo” se propaga
Danilo Mercado
   
   
   
Como a las dos de la tarde, los niños y sus madres se asustaron cuando oyeron el estruendoso grito de los ya consagrados estudiantes de la Universidad Nacional. Aquel domingo había por lo menos unas 500 familias que, como yo, buscaban un momento de paz, de relajación. Por lo general uno se sienta frente al lago para olvidarse un poco del mundo que lo rodea, para deshacerse de esa carga que le ha dejado el cansancio y las noticias de la semana anterior.


Aquella vez protestaban por la invasión israelí en el sur de Líbano. Por supuesto, le atribuyeron la responsabilidad a “la mano oculta” del imperio norteamericano. Bueno, eso no sólo es interesante sino también importante, pero estaba cansado de oírlo. Por eso fui al parque. Pero pese a mi voluntad y seguramente la de los niños, de las madres y de todos, nos vimos obligados a aguantar su perorata. Muchos estamos de acuerdo en que la guerra, por donde se le mire y bajo cualquier circunstancia, no es más que un desperdicio de vidas, de energía, de dinero (aunque rentable para algunos), de tiempo y de mil cosas. Muchos desearíamos que el imperio cesara. Pero en realidad, ¿cómo un niño que se concentra en patear bien el balón para ser el próximo “Pibe”, o una niña que agita fuertemente las piernas para llegar más alto en el columpio, o una madre que se encuentra con la vecina en el “Simoncho” para ponerse al tanto de lo ocurrido en su vecindario, o un muchacho que se tira en el pasto a pensar en nada, pueden ser interrumpidos por una protesta contra el imperio un domingo en plena tarde? No es que no nos interese, es que definitivamente uno necesita sus espacios. Pero bueno, al menos esto tiene su justa causa.


Desde entonces me he dado a la tarea de investigar una posible enfermedad que ha estado propagándose por las universidades privadas. Los investigadores de la misma han llegado al acuerdo de denominarla como “El mal del Mamertismo Crónico”. El virus ataca directamente las células del cerebro, haciendo que el paciente se crea intelectualmente superior a los que lo rodean. Aparentemente, el patógeno es la misma frustración de no haber pasado en la “Nacho”. Los infectados, muchas veces sin siquiera haber visitado esa universidad, contrajeron el mal con una mutación, ya que protestan y están en contra de todo sin causa alguna y sin saber por qué.


Algunos contagiados son los que se proclaman a sí mismos “militantes del partido político izquierdista, Polo Democrático Alternativo”, pero no saben ni siquiera cuál es su junta directiva o dónde quedan sus sedes en Bogotá. Ignoran por completo su historia y, desde luego, algo de la vida de sus representantes. En definitiva, no saben nada de tal partido. Pero claro, pertenecen a él.


También están los que alardean de haber ido a tal o cual marcha de protesta. Cada vez que se enteran de una, dicen haber sido informados por sus “amigos de izquierda” y pretenden inmiscuir a cuanto cristiano se cruza por su camino. Por lo general salen a caminar con los marchantes pero ni tienen organización definida, ni se unen de lleno a una, ni gritan o protestan con la pasión requerida, por vergüenza a que los señalen demasiado.


Otro síntoma bastante grave lo presentan quienes no paran de hablar mal del Presidente por donde van y a todo momento. Únicamente dicen lo que han escuchado de boca de sus profesores o, en últimas, de los verdaderos izquierdistas. Suponen que su Gobierno ha sido pésimo, pero no tienen ni idea de los motivos por los cuales lo ha sido. Porque claro, jamás se han tomado el trabajo de buscar el orden de sus gestiones o una historia de su vida. Ignoran por completo que entre más se hable de algo o alguien, más propaganda se le da.


Pero aquí no termina: los infectados presentan más síntomas. Están los que critican en demasía los medios de comunicación y los canales privados. Hay que aclarar que este signo patológico se da mayormente en las facultades de comunicación social de ciertas universidades, no en todas. Éstos no hacen más que decir que los medios son manipuladores de información, que están en contra del pueblo y a favor de los ricos, que no se puede ya confiar en el periodismo actual, que ellos nunca entrarían a un medio privado que se rigiera por lo comercial, bla bla bla, en fin. El problema es que jamás han leído al menos a un teórico de la comunicación, no ponen otro canal más que Caracol o RCN, no leen los diferentes medios escritos, por ende no los comparan, y peor: llegan a sus casas a ver consagradas series como “Padres e hijos” o no se perdían “El Factor X”, se vieron desde el primer hasta el último “Desafío” -y le seguirán la pista hasta el 2040-, Se vieron y gozaron aquella deliciosa serie llamada “Los Reyes” hasta que se dieron cuenta que no debieron hacerlo, pues su “intelectualidad” no debió permitírselos, y no obstante, hablan de una supuesta repulsión por los canales privados.


Ni qué decir de los que han contraído el virus diciendo que odian los reinados de belleza. Pero claro, sólo de labios para afuera, porque se saben el nombre, la edad, la profesión -si la tienen-, la procedencia y todo cuanto pueden de cada una de las candidatas. Tienen sus favoritas y se emberracan si no ganó la suya.


Están también los que dicen que los noticieros de televisión le dan mucho espacio al fútbol, utilizándolo así como una “cortina de humo” para esconder la realidad del país. Pero los que esconden la realidad son ellos, porque seguro son, o fueron hinchas a muerte de algún equipo. Más de una vez fumaron marihuana en el estadio y, seguramente, hasta intimidaron con un puñal a todo el que vieron con una camiseta diferente a la de su “xxxx del alma”.


Por supuesto que no podían faltar los que no hacen más que fustigar la música folclórica latinoamericana. Se les oye por ahí diciendo que el Reggaeton es una “boleta” o que el Vallenato y las Rancheras son una “mierda”. Pero eso sí, vaya usted a verlos consumiendo licor: se saben “de pe a pa” cada canción y la gritan a pulmón entero. Hasta las dedican llorando, borrachos, haciendo el ridículo.


Bueno, es posible que se me escape algún otro síntoma, pero si usted está leyendo esto y padece al menos uno, ¡TENGA CUIDADO! Lo más seguro es que esté infectado.



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