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| "Cuando el poder del amor prevalezca sobre el amor al poder, el mundo conocerá la paz”
Andrea Rozo González |
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| La marcha del seis de marzo fue un acto lleno de amor y dolor. Aunque su asistencia fue masiva, no fueron todos lo que debían ir, es decir, todos. ¿Por qué una movilización que se hace para brindar apoyo a las víctimas de todo tipo de violencia no es respaldada por el Estado? ¿Por qué son las diferencias ideológicas entre las personas que marcharon el cuatro de febrero y las que marcharon el seis de marzo? ¿No se supone que todos queremos “la paz”?
Tal vez estamos cayendo en una bipolaridad. Sin sentido, porque el universo de los colombianos no puede reducirse a estoy o no con Uribe. Acaso ¿es posible que la familia de una de las tantas víctimas de la violencia esté a favor de un gobierno que no los protegió, y que no da su brazo a torcer con tal de no perder su mano dura? Para el gobierno unos cuantos pueden ser sacrificados si con ello se puede alcanzar los objetivos de la Seguridad Democrática. Por el contrario, ¿se puede estar de acuerdo con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia Ejército del Pueblo (FARC – EP) que – carente de ideología, de fuerza y de revolución – sólo tiene sus armas y a través de ellas ejercer un control de la vida de la gente como si fueran dioses? ¿Es posible que la familia de un secuestrado esté de acuerdo con un grupo que mantiene retenidos militares y civiles por más de 10 años? Ningún secuestro es justificado, así fuera por minutos. ¿Quiénes son las FARC para cercenar la vida de alguien por años? No podemos olvidarnos de los Paramilitares, sujetos perpetradores de masacres y desplazamientos masivos; no hablo de las supuestas Autodefensas Unidas de Colombia, porque ésta murieron con Carlos Castaño Gil. ¿Cómo puede solidarizarse alguien con una persona que con toda la frialdad confiesa haber matado u ordenado matar a más de mil personas en una semana? Muertes que no se hacen con un tiro de gracia, sino que son viles juegos de perversión en los que se descuartiza y se juega con las partes del cuerpo humano como si fuera un juguete barato. ¿Quién puede tener confianza en las Fuerzas Militares? Servidores públicos que sacan a campesinos de sus casas, los disfrazan de guerrilleros y fabrican falsos positivos para quedar bien con la nación, demostrando la efectividad de la política de gobierno. ¿En que momento perdí la noción de que me encontraba en este país, que no me di cuenta que la muerte era un triunfo, un trofeo de caza? El cuatro de febrero se marchó en contra de las FARC, respetable desde todo punto de vista (menos desde la manipulación ejercida por parte de los medios de comunicación, pero eso es harina de otro costal). El seis de marzo por poco se convierte en una marcha contestaría en rechazo de los Paramilitares y de los crímenes de Estado, respetable también. En ambos casos, lo importante es comprender que se marchó para brindar apoyo a las víctimas de este conflicto que, paradójicamente, son las más olvidadas. Sobretodo en este país sin memoria, donde, por ejemplo, más de tres millones de personas han sido desplazadas, un número incalculable de asesinados, otro tanto de desaparecidos… ¿En dónde quedan las personas que no comulgan con ninguno de los actores del conflicto nombrados? Me refiero a las víctimas, a los sobrevivientes, a los estudiantes, a los profesores, a los movimientos sociales, a las personas en general. ¿Qué hacemos los colombianos que no nos identificamos con ninguno de ellos? ¿Era muy complejo que las dos marchas salieran el mismo día? ¿Por qué es permitida la violencia de unos y no la de otros? Una de las razones por las cuales la marcha del seis de marzo fue tan significativa fue que las personas que salieron iban a favor de la paz, condenando cualquier tipo de violencia del actor que fuera. A pesar de que sus familiares hubieran sido asesinados, por guerrilla, paramilitares, ejército o Estado, en ellos no había odio, sólo dolor, no había deseos de venganza, sino de justicia y de memoria para que no vuelva a sucederle eso a ninguna persona. Lo que había era deseo de paz, pero al mismo tiempo un sentimiento de impotencia y tristeza por la intolerancia y la indiferencia de la mayoría de colombianos que ya estamos acostumbrados a contar muertos en cifras y no hablar de personas con nombres. Este artículo no quiere llegar a ninguna conclusión, no la puedo dar porque aún estamos inmersos en el conflicto y porque no debemos esperar todos los datos, cifras y nombres en un texto, video o noticiero. El ser humano es tan perfecto que cada uno puedo encontrar las respuestas observando por sí mismo lo que sucede, no a través de medios disfrazados de arlequines. Somos tan inteligentes que no hay razón para no entender lo que pasa alrededor, para permitir que nos priven de la verdad. Mientras buscamos las diferencias con lo otros, entramos en el juego de poder que quieren los que están en él. No pretendamos ser mejor que otro. Entrenemos para ver lo mejor del los demás y de nosotros mismos para romper con la indiferencia y el egoísmo. Suena a frase de cliché y puede que lo sea, la violencia genera más violencia…y… si hacemos la conversión, el amor genera más amor. “Cuando el poder del amor prevalezca sobre el amor al poder, el mundo conocerá la paz”. Jimi Hendrix |
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Original: Jorge Manrique Grisales
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