Es triste conmemorar las fechas en la que aquellos escritores padres de la literatura han muerto, a pesar de las manifestaciones metafísicas del pensamiento oriental que describen el último adiós como la evolución, reencarnación o regresión de un ser humano cualquiera.
Es muy distinto ver a una rosa florecer que marchitarse, y en mi concepto, recordar el momento en que desplegó sus pétalos es más codicioso que recordar cuándo éstos se dejaron caer por la fluidez de un viento anónimo. Sin embargo, ambos ciclos en su contexto dotan de belleza el significado y su significante, paso insustancial para que el suicidio sea uno de los mejores retratos.
En este mes, algunos historiadores aseguran que entre el 14 y 17 de mayo, hace más de 800 años, nació Dante Alighieri. Individuo enamoradísimo, tal vez, más que Goethe, me atrevo a decir, del significado de su amor por una mujer. Pero más allá, Redentor de sí mismo y crítico del papa Bonifacio VIII, quién por poco lo lleva a la hoguera, como muriera cualquier brujo maldito en la inquisición tiempo después.
No se sabe si Dante nació en el cielo, en el infierno o en el purgatorio, pues su vida acorde con la prosa transgredió la realidad de Florencia su tierra natal, para acorralarlo en el vientre de Beatriz Portinari y otros acontecimientos no comprobables de su vida. Se quedó encerrado en dos mundos: uno el que iba desde su cerebro hasta la pluma para explorar y soslayar el amor por Portinari. Y otro complementario, capaz de adoptar las estratagemas de la ficción y la no ficción.
Existen diversos textos especializados en hablar de Dante y su Comedia. El título de Divina le fue asignado tiempo después (Leonard Kurt. Dante 1984). Todos refunden e interpretan semióticamente cada uno de los cantos y personajes que aparecen, excepto uno, el que escribió Borges.
Cada palabra que conforma los cantos de la Comedia, para el escritor argentino, no son injustificadas porque se adecuan a la metamorfosis que es capaz de vivir un espíritu, una imagen, una palabra, un canto, un poema, una oración, y así explicar ambiguamente, el dolor de los pecados retóricos, la agonía del castigo, y la magnificencia y beatitud de la redención total.
Dante nos explica esa metamorfosis al demostrar por medio de su obra, que el ser humano es incompleto y que necesita del sufrimiento en vida para transmutar luego de la muerte en un ser con otros valores religiosos y políticos. Él es considerado como uno de los precursores del protestantismo.
"oh soberbios cristianos, desgraciados, que, enfermos de la vista de la mente, confiáis en los pasos atrás dados, ¿no veis que somos larvas solamente hechas para formar la mariposa angélica, que a Dios mira de Frente?”. (Purg. X, 121 – 126)
Para Borges también fue un cuadro capaz de hacernos comprender que todo en el universo se encuentra ahí: “lo que fue, lo que es y lo que será, la historia del pasado y la del futuro, las cosas que he tenido y las que tendré, todo ello nos espera en algún lugar de ese laberinto tranquilo…” (Borges, Ensayos sobre la Divina Comedia. 1968)”Los expertos que han estudiado la Comedia han discutido sobre la fecha exacta en que inició su viacrucis caligráfico. Algunos, como Michele Barbi están de acuerdo en que ésta inició en 1306, otros creen que fue en el año de 1314. Borges también lo estudió. Además, fue tan generoso de dejarnos una lista de las mejores ediciones de esta obra.
La relevancia literaria de Dante y su Comedia, adhiriendo las ilustraciones que Gustav Dore realizó sobre las representaciones de los cantos de ésta, más fieles que las pinturas de Allinari, Blake y los dibujos de Botticelli, son la magnificencia de los 800 años del desglose de un amor inverosímil, como muchos en la historia de la literatura, y de un recorrido imaginario y terrenal por las sombras y esencias de las representaciones teológicas que han acompañado nuestro universo imperceptible.
No se sabe si en últimas en el pensamiento del autor se haya escrito, luego de la muerte, y con su prosa, el sitio final en donde descansaría su alma. No hace falta decir cuándo falleció.