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Arttículo número: 00035


No por chico se es pobre

Por Danilo Mercado sagdate@gmail.com

Colombia es un país pequeño, pobre, desigual, subdesarrollado; pero eso sí... tiene con qué "defenderse".

Desde cierto tipo de razonamiento –que no deja de ser simplista, pero no por ello inadmisible- podría suponerse que los países más grandes del mundo son, en efecto, los más ricos del mundo. Claro, teniendo en cuenta una serie de consideraciones técnicas que van más allá. Y es que los cinco países más extensos del mundo ostentan sus respectivos lugares entre los 15 más poderosos económicamente. De tal manera que un razonamiento como este no es para nada desdeñable.

Estados Unidos, cuarto país más grande de la tierra, posee la economía más poderosa; China, tercer país más extenso, ostenta un interesante cuarto lugar entre los más ricos; Canadá, el segundo en extensión, compite con España un nada despreciable octavo lugar; mientras Brasil y Rusia (este último el más extenso de la tierra) poseen la décima y undécima economías más poderosas respectivamente. Y puede bastar con esto para suponer que la extensión de la tierra está justamente relacionada con la economía.

Incluso, un país como Colombia podría sacar de allí un buen argumento para atenuar su lamentable número 40 en el ranking de Producto Interno Bruto (PIB). Esto según el Banco Internacional que le reconoce tres casillas más, pues el Fondo Monetario Internacional, según su balance estimado para el 2007, lo puso en el número 43 de los países más ricos, o ricos, o pobres, o más pobres, en fin, como sea. Lo cierto es que Colombia no se encuentra entre las naciones más grandes y por ello –dirían algunos- no figura como las más ricas.

Pero razonar así no podría ser conveniente no sólo porque constituiría una postura conformista y resignada –suponiendo, desde luego, que no es esto a lo que se aspira-, sino también porque los argumentos se desplomarían al ver que naciones como Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y España, cuyas extensiones de tierra no alcanzarían a ser ni la cuarta parte de un país como Rusia, hacen parte de los diez países más poderosos del mundo. Todos ellos poseen un PIB superior a un billón 400 mil millones de dólares, mientras Colombia apenas tiene 171 mil 738 millones de dólares.

Es decir, pese a que casi iguala a estos países en extensión, o incluso es más grande, como en el caso de Japón, no llega a tener ni una octava parte del PIB que tiene España, el de más baja escala entre los mencionados. Japón, el segundo país más rico, posee un PIB de 4 billones 345 mil 948 millones de dólares, es decir, más de 25 veces el de Colombia.

Con todo, parece que la única consolación del país con respecto a este tema es que, de Latinoamérica, sólo países como Brasil, México, Argentina o Venezuela están por encima, pues Ecuador, Honduras o Bolivia se encuentran en posiciones más degradantes. Ahora bien, es claro que no es posible afirmar que el desarrollo de un país es directamente proporcional a su PIB. Brasil, un país enormemente rico, es a su vez uno de los países más desiguales del mundo. Para principios de los noventa, el 20% de la población más favorecida poseía el 67,5% de la renta nacional, mientras el 20% de los más pobres brasileros poseían tan sólo el 2,1% de la riqueza de su país. Algo realmente alarmante.

Pero Colombia no se escapa de esto tampoco. A través de un estudio con las mismas características, se constató que en los albores de los noventa, en pleno furor de la Constitución del 91, el 20% más rico poseía el 55,8% de la riqueza, mientras el 20% más pobre se las arreglaba sólo con el 3,6%. Y para seguir con la dinámica de extensión de tierra –e incrementar los criterios-, en los inicios del nuevo milenio el 1% de la población colombiana (la más rica, desde luego) poseía poco más del 94% de la tierra. Es decir, ni PIB ni desarrollo ni igualdad: un caso aún más, mucho más alarmante.

En todo caso, lo que sí es seguro es que Colombia no por ser chico es pobre, ni desigual. Nada de ello argumenta sus infaustos puestos en los rankings de crecimiento y desarrollo. La pobreza y mala distribución de la renta del país atajan toda posibilidad de surgimiento y progreso, pero, aún así, no detienen las portentosas cifras de crecimiento militar y armamentístico.

Paradójicamente, Colombia es uno de los países más armados de todo el mundo y, consecuentemente, posee un ejército descomunal, en proporción al número de habitantes.

Y ya que el país está lleno de paradojas, sí se puede, no obstante, establecer una relación directamente proporcional. La seguridad aumenta y de igual o mayor forma crece el hambre entre la gente. Mayor seguridad, mayor hambre. Pero bueno, ¡viva el progreso!

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