Carolina: Señora Lucy gracias por aceptar esta entrevista
Lucy Artunduaga: Le agradezco mucho y que placer contarles a ustedes realmente el drama que se vive con un secuestro después de tantos años. Con mucho cariño.
Carolina: ¿Qué la motivó a escribir el libro “Amores que el secuestro mata”?
Lucy Artunduaga: Finalmente me impulso a dejarle registrado, no solamente a Jorge Eduardo Gechem, mi ex esposo, sino al país entero lo que sufrí durante seis años largos, donde mi vida se convirtió en solo tema, y era recuperar la vida de Jorge Eduardo.
Di la lucha incansable, permanente día a día tocando miles de puertas, los corazones de los colombianos, los corazones del Gobierno, los corazones de las Farc como sus captores. Por fin Jorge Eduardo pudo llegar a la libertad y se convirtió para nosotros como en el objetivo cumplido y una felicidad inalcanzable, realmente desbordante.
Pero una vez llega Jorge Eduardo yo noto, en los pocos días en que estuvo conviviendo en nuestro hogar que empezaba a sufrir como un enfriamiento de la pareja que me fue preocupando. Fui investigando hasta cuando decidí hablar con él, y como buen varón, niegan todas las cosas que pueden suceder, nunca quiso reconocer absolutamente nada.
El 10 de mayo de este año el resuelve irse de nuestro lado, se va del apartamento sin dar una explicación, luego llama para decir que se separa, que él no vuelve. Y empieza otra tragedia, porque la ilusión era de tenerlo nuevamente en casa, de volver a ser felices, llevábamos un matrimonio de casi 25 años, es una relación muy larga, tenemos un hijo en común que es Jorge Andrés, dos hijos que yo tenía desde mi primer matrimonio, que crecieron al lado de Jorge Eduardo, que me los ayudó a formar, lo han querido como su propio padre.
No me dio la oportunidad de contarle a Jorge Eduardo toda la lucha que había dado, y tengo un archivo inmensamente grande; y aparte de eso, no me agradeció todo lo que yo luché para que él volviera con vida.
Entonces de pensar que una persona en la selva, lo máximo que podía aspirar, lo único que quería era regresar con vida para volver a estar con su familia, con su hogar. Y Jorge Eduardo no me lo reconoció.
Quizás se fue y me dejó la tristeza de poderle comentar y demostrar, a pesar que todo el mundo se lo dice, que no hay personas que no se lo recuerden. Entonces tomé la decisión de dejárselo concentrado en un libro, que para me ha dado un descanso infinito, porque tuve la oportunidad de sentarme y escribirlo, no como a otras personas que se los escriben, para contar mi historia, para dejarle registrado lo mucho que luchamos.
Carolina: Durante los seis años que permaneció secuestrado Jorge Eduardo Gechem. ¿Qué fue lo más difícil que debió vivir?
Lucy Artunduaga: Primero la responsabilidad, porque no es lo mismo tener un compañero, un complemento, el padre de sus hijos, el jefe del hogar, la persona por la que uno se siente apoyada. Y de la noche a la mañana yo quedé tan sola que me convertí en ese momento en el padre y la madre de este hogar.
A parte de eso yo era consciente que teníamos un pequeño patrimonio, y que teníamos que conservarlo, y para eso, había que trabajar, adquirir algunos recursos, porque todo en la vida vale. Tenía que cumplir obligaciones con las diferentes entidades, también con mis hijos, estar pendiente de las orientaciones para que los muchachos no se afectaran a partir de la crisis de ese momento. Y la soledad, la soledad es terrible.
Carolina: ¿Usted cree que al país le importan los secuestrados?
Lucy Artunduaga: Sí, al país le importan los secuestrados en este momento. Hace seis años, cuando secuestraron a Jorge Eduardo, el país era frío, indolente, pasaron desapercibidos muchos años.
Los familiares salíamos a los eventos que hacíamos para sensibilizar al país, salíamos a los parques los sábados y los domingos a recoger las firmas a favor del acuerdo humanitario. La gente que pasaba nos miraba, se hacían los bobos, para que no les dijéramos nada, otros nos respondían muy feo. Pero hoy día vemos que la sensibilidad ha crecido mucho.