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UNIVERSIDAD CENTRAL
FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES, HUMANIDADES Y ARTE
CARRERA DE COMUNICACIÓN SOCIAL - PERIODISMO
CNTV

CRITERIOS BÁSICOS PARA UNA POLÍTICA DE TELEVISIÓN
PARA NIÑOS Y JÓVENES EN COLOMBIA

INFORME FINAL
(Versión corregida)

Germán Muñoz, Director
Danghelly Zúñiga, Investigadora
Edgar Robayo, Investigador
María Clara López, María Paula Lizarazo, Asistentes
Liz Tatiana López, Auxiliar

María Teresa Herrán, Mauricio Pardo, Asesores


Abril 17 de 2007

INDICE


Página

1. ¿QUÉ CARACTERÍSTICAS TIENEN LOS NIÑOS Y JÓVENES EN COLOMBIA, HOY? 4

2. LA ESTRUCTURA DEL SECTOR TELEVISIÓN Y LA TELEVISIÓN PARA NIÑOS Y JÓVENES 29

3. ¿CÓMO SE ENTIENDE LA POLÍTICA PÚBLICA DE TELEVISIÓN PARA NIÑOS Y JÓVENES? 55

4. ENFOQUES CONTEMPORÁNEOS DE LAS POLÍTICAS CULTURALES Y SOCIALES DESDE LA PERSPECTIVA DE AGENCIA 80

5. SISTEMATIZACIÓN Y ANÁLISIS DE LA INFORMACIÓN RECOGIDA EN FUENTES PRIMARIAS: ENTREVISTAS, TALLER PADRES DE FAMILIA Y PROFESORES, GRUPOS FOCALES, RELATOS DE VIDA 107

6. CRITERIOS BÁSICOS Y RECOMENDACIONES 169

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS


Introducción

En el Informe Final que presentamos es importante destacar algunos elementos que, a nuestro juicio, recogen los aportes principales del estudio, a saber:

- una lectura acerca de los niños y jóvenes que supera la perspectiva socio-demográfica y su reducción simplista a franjas etarias, proponiendo en su lugar un acercamiento desde la perspectiva cultural, que da cuenta de los mundos de vida que construyen estos actores sociales, particularmente en su interacción cotidiana con medios y mediaciones info-comunicacionales,

- un recorrido histórico por la televisión colombiana intentando comprender, a partir de los programas y modelos puestos en pantalla, las características y especificidades de la televisión para niños y jóvenes,

- una revisión juiciosa de las políticas públicas que se han formulado sobre niñez, juventud, televisión y televisión para niños y jóvenes, que a su vez propone un enfoque particular con el cual hacer una lectura crítica de las mismas,

- un conjunto de replanteamientos contemporáneos acerca de política cultural y política social, que nos lleva a proponer la perspectiva de “agencia” como base para la elaboración de criterios que guíen las políticas de una televisión desde el punto de vista de niños y jóvenes en Colombia,

- una amplia consulta a fuentes primarias de tres diferentes grupos de actores (destinatarios, formadores y programadores) debidamente sistematizada,

- unos criterios básicos y un paquete de recomendaciones derivadas de estos, específicamente dirigidos al Estado colombiano –en cabeza de la CNTV- y, a través de éste, a los actores directamente implicados en el tema objeto de estudio.

Si bien la exploración permite acercarse a los asuntos más críticos del problema, consideramos que al final de la lectura del informe quedarán muchas más preguntas que soluciones y estrategias completamente desarrolladas, en la medida que la complejidad del tema revela múltiples y contradictorias posiciones e insuficientes acumulados.



1. ¿QUÉ CARACTERÍSTICAS TIENEN LOS NIÑOS Y JÓVENES EN COLOMBIA, HOY?

1.1. Elementos socio-demográficos

El Sistema de Información sobre Juventud de Colombia –SIJU- propone la siguiente clasificación: la infancia (niñas y niños entre 0 y 11 años), la adolescencia (población entre 12 y 17 años) y la juventud (población entre 18 y 26 años). La definición de los rangos de edad para referirse a infancia, adolescencia y juventud es hecha para efectos de facilitar el análisis de los datos e indicadores del sistema. Sin embargo, en algunos casos no se refiere específicamente a la población adolescente por lo que se toma la niñez de los 0 a los 13 años y la juventud de los 14 a los 26 años (Cfr. Ley del Joven). Si se toma como referencia la Convención Internacional de los derechos del niño y el adolescente (UNICEF), se los entiende entre los 0 y 18 años.

Al comenzar el siglo XXI, Colombia se encuentra en pleno tránsito demográfico con menores tasas de natalidad y mortalidad, ganancias en la esperanza de vida y envejecimiento de la población. La población colombiana sigue creciendo, pasando de 37.2 millones de personas censadas en 1993 a los 44.5 millones proyectadas al finalizar el 2003. El censo de población, que realizó el DANE en 1993, sigue siendo la base de las proyecciones futuras y de la construcción de las pirámides poblacionales, según las cuales en el año 2015 habrá 53.2 millones de personas, distribuidas en 50.5% mujeres y 49.5% hombres. Según el DANE a junio del 2005 la población de Colombia era de 44.050.548 habitantes, de los cuales 32.637.782 están ubicados en el área urbana y 11.412.794 en el área rural.

¿Cuántos niños, niñas y jóvenes hay?

Por el efecto combinado de las tasas descendentes de natalidad y mortalidad, la esperanza de vida de la población colombiana sigue aumentando notoriamente al tiempo que se reduce la participación de niños, niñas y jóvenes. En los últimos veinte años se calcula un incremento de cinco años en la esperanza de vida promedio de los colombianos, pasando de 67.3 años, para el quinquenio 1982-1987, a los 72.6 años estimados para el quinquenio 2002-2007. Se espera que esta esperanza de vida siga aumentando, gracias a los avances de la medicina y la mejora en los estándares de calidad de vida de los colombianos, reduciendo las distancias que se tienen respecto a países que superan a Colombia, aproximadamente, en diez años. Todo incremento en la esperanza de vida conduce a la menor participación de niños, niñas y jóvenes en la pirámide poblacional, así como al incremento de la presencia de personas de la tercera edad, fenómeno conocido como “envejecimiento de la población”.

Comparando las pirámides poblacionales en diferentes momentos del tiempo se evidencian los siguientes aspectos:

• Paulatinamente, la estructura de la población colombiana pierde la forma de una pirámide y se acerca más a la figura de un gorro frigio, donde niños, niñas y jóvenes se distribuyen más homogéneamente, al mismo tiempo que los escalones superiores se van llenando de población. Aún se está lejos de la estructura que toman países con mayor esperanza de vida, más parecida a una “nevera” con población distribuida homogéneamente entre todos los rangos de edad.

• La población de niños, niñas y jóvenes, entendiendo por ello todas aquellas personas menores de 25 años, ha crecido en volumen y reducido en participación. A comienzos de los años noventa se estimaba en 19.9 millones de personas que representaban el 56.9% de la población colombiana, en el 2003 se estimaba en 22.4 millones y 50.3% de la población, y se proyecta que en el 2015 habrá 23.8 millones que representarían el 44.7% de los colombianos. En la medida que aumente la esperanza de vida y se sigan reduciendo las tasas de crecimiento natural de la población, esa participación seguirá decreciendo.

• En Colombia nacen y sobreviven más niños que niñas, por lo tanto, en las primeras escalas de la estructura predominan los varones. En la adolescencia, la tasa de mortalidad de los hombres aumenta y tiende a equilibrarse la población entre los dos géneros. Después de los 25 años, las mujeres son mayoría y así se conservan hasta los escalones elevados de la pirámide.

• En países desarrollados y en donde existe mayor control de las mortalidades infantil y materna, la esperanza de vida de las mujeres es cinco años superior a la de los hombres. En Colombia, esa tendencia se mantiene con un año de ventaja, la esperanza de vida de las mujeres es seis años superior a la de los hombres, al parecer por efecto de la violencia que recae sobre los hombres adolescentes. Para el quinquenio 2002-2007, se estima una esperanza de vida de 72.6 años, la de las mujeres asciende hasta los 75.7 años y la de los hombres baja a los 69.6 años5. El fin de la guerra y la violencia cotidiana permitirían a muchos hombres superar la adolescencia y aumentar su esperanza de vida.

Los problemas de niños, niñas y jóvenes en Colombia son muchos y variados. En el ámbito educativo : el 6% de los menores de 10 años, y 12% de los que están entre 11 y 15 años no estudian, cuando en el país la Revolución Educativa está luchando por la matricula universal hasta la educación media. Pero lo más preocupante es que menos de la mitad de los que tienen entre 16-20 están estudiando y tan solo el 21% de los que tienen entre 21-24 años, estudian. Vale recordar que estos datos son promedios. Los jóvenes y adolescentes de las áreas rurales presentan niveles de asistencia muy bajos, por ejemplo, tan solo un 6.4% de los de 21 a 24 años, estudian. En cuanto a la pobreza, según recientes estimaciones más del 60% de los jóvenes entre 10 a 14 años viven en hogares cuyos ingresos no alcanzan a adquirir la canasta básica y por ello están clasificados por debajo de la línea de pobreza. . Entre los menores de 15 años, 4.3% de menores son huérfanos y 7.8% han sido criados por otras personas diferentes a sus padres; el 34% de la población entre 10-19 años no se encuentra afiliada a Sistema General de Salud y Seguridad Social.

Tomando como botón de muestra específico las dificultades y problemas en salud sexual y reproductiva (en adelante SSR) de adolescentes y jóvenes, estos constituyen un reto para lograr el desarrollo humano del país. Según la última Encuesta de Demografía y Salud, el 20.5% de las mujeres entre 15 y 19 años ya son madres o están en embarazo. Estimando con base en los datos del censo de 2005, hay aproximadamente medio millón de niñas (15 y 19 años) que ya han estado embarazadas. El embarazo adolescente contribuye notoriamente a la reproducción intergeneracional de la pobreza, dado que existe una relación negativa entre fecundidad adolescente y pobreza. La proporción del grupo de adolescentes madres pobres es tres veces mayor en relación con el grupo de las más ricas. La permanencia en el sistema educativo es un factor protector; la proporción de adolescentes madres o embarazadas y aquellas sin educación en relación con las de nivel superior es casi 6 veces mayor. Un 6.8% de las mujeres adolescentes madres, no recibió atención prenatal, un 11% no fue vacunada ni una vez contra el tétano neonatal. Un 9% tuvo el parto sin atención de un profesional. De esta ultimas, un 77% no recibió atención postnatal. Sin embargo, la carencia de atención postnatal también afecta al 76% de las adolescentes que tuvieron partos institucionales. El grupo de las madres menores de 20 fue el que mayores problemas postnatales reportó.

El uso de métodos de planificación familiar entre las adolescentes ha aumentado significativamente en la última década. Sin embargo, aún en el 2005 se observan porcentajes relativamente altos de no uso actual: 42.8% entre las unidas y 20.6% entre las no unidas pero sexualmente activas. Estudios cualitativos sugieren que los jóvenes en Colombia no recurren a la red de salud pública o privada en busca de información para tomar decisiones adecuadas en SSR. Las razones dadas por lo jóvenes son: les da pena pedir el servicio, o porque para acceder al servicio a través del Plan Obligatorio de Salud requieren la intervención de los padres, o porque consideran que el personal no es amable y no les da confianza o simplemente no saben a dónde ir. Además, entre aquellas jóvenes que sí han utilizado estos servicios, califican como deficiente la orientación y la información sobre los métodos anticonceptivos. La mayoría de mujeres que usan métodos no permanentes de planificación familiar tienen que comprarlos en tiendas y droguerías, porque no pueden acceder a ellos mediante los servicios de salud. Así, el 74% de las que usan píldoras, el 76% de las que usan inyectables y el 91.6% de las que han usado condón, tienen que abastecerse privadamente. Esto constituye una gran barrera de acceso sobre todo para los y las adolescentes, quienes por sus altos niveles de pobreza y desocupación, no cuentan con recursos para pagar directamente los métodos de planificación.

En Colombia tan sólo el 9.5% de las adolescentes se ha realizado la prueba de VIH/SIDA (ENDS 2005). Entre abril de 2003 y noviembre de 2005 se han realizado 351.196 pruebas ELISA para VIH a mujeres gestantes dentro del Proyecto de Transmisión madre a hijo promovido por ONUSIDA . El mayor número de resultados positivos en VIH se encontró en las regiones Caribe, Quindío y Santander. De las 710 gestantes diagnosticadas, el 17% eran menores de 20 años al momento de la captación y el 89% eran amas de casa. Se observa en el país un cambio del patrón predominante de transmisión homosexual (del mismo sexo) hacia la transmisión por coito heterosexual (diferente sexo), particularmente evidente en la región nororiental (Santander y Norte de Santander) y en los departamentos de la región Caribe, donde el número de nuevas infecciones en mujeres jóvenes ha aumentado a mayor velocidad que en hombres de la misma edad. El desplazamiento forzado es otro aspecto que está afectando más a los menores de edad y a las mujeres, generando desarraigo, desprotección y marginalidad y propiciando el trabajo sexual forzado. Si bien un 98% de los jóvenes ha oído hablar del VIH/Sida, tan sólo un 12% cree estar en riesgo de adquirirlo; los jóvenes no se sienten vulnerables. La mayoría de ellos reconoce el condón como el método más efectivo para prevenir tanto el embarazo como la transmisión de Infecciones de Transmisión Sexual, sin embargo, su uso no es generalizado. Por ejemplo, entre las adolescentes sexualmente activas, un 36% reportó el uso actual del condón, y tan sólo un 8% de las unidas dice usarlo como método de doble protección. De las mujeres entre 15-19 años que reportó trabajar, a un 6.4% les fue exigida prueba de embarazo y a un 5% la prueba del VIH/SIDA.

De las adolescentes entre 15-19 unidas, un 37.6% ha sido objeto de violencia física por parte del esposo o compañero, 82% reportó lesiones producto de estos actos violentos. De ellas 89.2% no acudió a un servicio de salud, y un 87% no denunció ante otras autoridades competentes. De las adolescentes entre 15-19 un 5.5% reportó haber sido violada por una persona diferente al compañero, entre los que se destacan: un amigo 20%; un 19% por un desconocido y un 19% un pariente. El reporte del Instituto de Medicina Legal del 2005 muestra que las mujeres constituyen el 84% de los 17.712 dictámenes realizados. De la totalidad de dictámenes a mujeres, el 84,3% son menores de edad, la mayoría de ellas entre los 10 y 14 años, lo que puede proyectarse como 200 casos por cada 100.000 habitantes, seguido por el grupo comprendido entre los 5 a 9 años, con 135 casos por 100.000 habitantes. En este tipo de abuso contra menores de 18 años, Medicina Legal constató que en el 78% de los casos, el agresor era un conocido del niño o niña, especialmente padre, padrastro u otro familiar . En lo relacionado con las violencias contra la mujer en el escenario del conflicto armado, la situación es aún más crítica, en palabras del Procurador General, cuando dice: “…que la ausencia de información resulta inexcusable en un país que atraviesa una situación de conflicto armado, en donde negar el evento o hacer invisibles las víctimas de estas violencias cuestiona el deber de garantía, protección, investigación, sanción y reparación. Los estudios relativos al tema señalan que siguen siendo las niñas y las mujeres las principales víctimas de éstas violencias...”

Los niños, niñas y jóvenes colombianos poseen las ideas, la determinación y la energía necesarias para impulsar acciones eficaces a fin de reducir la pobreza y la desigualdad, ya que constituyen para Colombia una valiosa oportunidad demográfica en el siglo XXI. Entendemos que ellos quieren protegerse y estar saludables. Quieren tener un presente y un futuro mejor. Están empezando a actuar frente al VIH/SIDA y contra aquellas amenazas que afectan su salud, su educación y sus oportunidades para el futuro. Son conscientes de sus derechos a la educación, a la salud y al empleo. Hacen esfuerzos por comprometerse en la construcción de formas democráticas de vida. Son sujetos con gran entusiasmo, heterogeneidad y capacidad creativa. Pero, también es cierto que la Televisión, esa poderosa herramienta que produce y mueve imaginarios y representaciones colectivos, los desconoce y los invisibiliza; o lo que es peor, los utiliza y trata como mercancía.

Sin detenernos en consideraciones más precisas y retomando elementos propuestos en los dos informes de avance, queremos subrayar ahora aquellos que inciden directamente en las eventuales políticas de TV para niños y jóvenes:
- no debemos considerar a niños y jóvenes como parte de un mismo segmento poblacional; en consecuencia, no es conveniente plantear políticas universales ni indiscriminadas,
- ni los niños ni los jóvenes se pueden definir desde el punto de vista etario (aunque este es un punto de referencia obligado),
- en igual forma, las demás variables sociodemográficas (género, etnia, territorio…) los diferencian notablemente y permiten afirmar que existen muchas formas de ser niño y/o joven,
- considerando que ‘niñez’ y ‘juventud’ son construcciones discursivas socialmente compartidas, destacamos las siguientes por su impacto en los imaginarios colectivos:
a) una lectura derivada de la biología que pone el acento en la edad y el ciclo de vida (la transición),
b) una lectura desde la pedagogía, donde tienen sus orígenes las categorías niño/joven con una fuerte centralidad de la dependencia (familiar y escolar) y la ‘moratoria’ (periodo de formación, lo cual les excusa de ser productivos),
c) una lectura desde la sociología y/o las ciencias sociales, que enfatiza la visión en las ‘desviaciones’ (sujetos en riesgo),
d) una lectura desde los estudios culturales, inicialmente neo-marxistas y luego más centrados en la diversidad y especificidad de sus estilos,
e) una lectura desde la perspectiva del mercado juvenil y los consumos,
- en el caso de los niños, la lectura adulta predominante los ve como ‘objeto de protección’,
- en el caso de los jóvenes, la lectura adulta predominante los ve como ‘futuros ciudadanos’,
- a niños y jóvenes se les entiende como simples ‘beneficiarios de servicios públicos’,
- desde el punto de vista de las políticas se pueden reconocer algunos paradigmas básicos de la niñez y la juventud, que superan los enfoques sectoriales y asistencialistas: 1) actores estratégicos del desarrollo; 2) ciudadanos y sujetos de derechos en el marco del estado social y democrático de derecho; 3) sujetos de políticas afirmativas (concibiéndolos como etapa plena y autónoma de la vida).

Los tres enfoques derivados de estos paradigmas tienen algunas ventajas, también algunos problemas:
- Actores estratégicos del desarrollo. Se trata de una perspectiva defendida en América Latina por autores como E. Rodríguez (2002). Considera a los niños y jóvenes desde una doble perspectiva: como destinatarios de servicios y como protagonistas en la modernización económica, social y política de sus países. En consecuencia, las futuras políticas públicas deberían hacer énfasis en el presente de los jóvenes y niños como protagonistas, y no centrarse en su preparación para el desempeño de roles de adultos en el futuro (Muñoz, 2003). Aunque articula los niños y jóvenes al desarrollo local y supera algunos enfoques tradicionales colocando la política en una real perspectiva generacional, los funcionaliza al servicio del sistema productivo globalizado y es reduccionista en medio de la complejidad del conjunto de agentes que construyen nuevas formas de sociedad.

- Sujetos de derechos. Aunque se podría pensar como asociado al anterior, el enfoque de los derechos se ha construido en Colombia y América Latina como una perspectiva constitucional y de garantías que tiene el objetivo expreso de lograr el reconocimiento, la democracia radical y plural y el ejercicio pleno de la ciudadanía. En este enfoque las condiciones materiales y el cambio en las relaciones sociales son la base para el ejercicio pleno de la ciudadanía civil, política, económica, social y cultural, que en conjunto conforman el sine qua non de la dignidad humana. En consecuencia, la democracia radical es condición básica para el ejercicio pleno de la ciudadanía de los niños y jóvenes. El eje central de la política social dentro de un Estado Social y Democrático de Derecho, está constituido por la protección y garantía universal de todos los derechos por parte del Estado y la Sociedad Civil y privada. En consecuencia, el ordenamiento social que define la constitución colombiana descansa sobre tres pilares básicos, integrales e interdependientes: derechos, deberes y garantías; plena democracia y participación ciudadana; y autonomía territorial. Sus límites están en los escasos resultados obtenidos en América Latina en lo que tiene que ver con combatir la pobreza y lograr la integración social en las últimas décadas, por múltiples causas.

- Sujetos de políticas afirmativas. Propone como fundamento el concepto de la nueva condición juvenil; pone de manifiesto que la juventud (básicamente europea) ya no es tanto un periodo de transición hacia la edad adulta como una nueva etapa plena de la vida que dispone de elementos suficientes y propios que la convierten en autónoma. La nueva condición juvenil se caracterizaría por los siguientes rasgos: autonomía, movilidad, experimentación, creatividad, ciudadanía, iniciativas solidarias, protagonismo asociativo. Este enfoque resulta válido en países desarrollados, con un alto nivel de vida y consolidación de la democracia; en condiciones de pobreza, exclusión, inequidad y violencia, no aplica para todos los jóvenes. O tal vez, solo en algunos campos (la cultura, los derechos…)

1.2. Replanteamientos desde la perspectiva sociocultural

Siendo de enorme importancia los tópicos planteados anteriormente, queremos marcar el acento en algunas transformaciones de fondo que afectan a niños, niñas y jóvenes, en la perspectiva sociocultural. El reconocimiento de estos cambios que a su vez inciden en transformaciones de su entorno y en las instituciones con las que interactúan (escuela, familia, iglesias, partidos políticos, empresas...), ha implicado hacer otra lectura de su evolución histórica reciente, de las formas de relación con ellos (casi siempre verticales y autoritarias) y de los abordajes conceptuales para comprenderlos en diversos ámbitos.

A los adultos, especialmente a padres de familia y educadores, les preocupan cotidianamente agudos problemas que dificultan las relaciones intergeneracionales. Desde su punto de vista los niños y jóvenes (en general) han extraviado valores como el respeto a la autoridad y la observancia de principios morales, cuestionan y disuelven los vínculos estables en la vida afectiva, toman creciente distancia con las instituciones tradicionales, les falta esfuerzo y disciplina, así como interés real por los asuntos públicos y la política, aprecio por las raíces culturales, identidad y compromiso, han caído en el facilismo consumista y el capricho contestatario...

Desde la perspectiva cultural se abre una dimensión desconocida que facilita romper mitos acerca de ciertos estilos de vida infantil y juvenil que han sido descalificados, sin conocer su potencialidad, al reducirlos a etiquetas tales como: "imitadores de lo foráneo", "satánicos", "modas pasajeras", "violentos", "drogadictos"... El trabajo investigativo ha mostrado que en las culturas juveniles, íntimamente conectadas con la música (rock, punk, hip hop y tecno electrónica) se pueden evidenciar novedosas formas de creación de sí mismos, formas colectivas de autogestión y solidaridad, resolución pacífica de conflictos, producción de conocimiento, modelos de moral autónoma, nueva sensibilidad artística y social, participación en política y vida ciudadana, construcción del cuerpo y la sexualidad, exploración de la trascendencia y lo sagrado, experimentación con las nuevas tecnologías de la comunicación y la información. Aproximarse a las culturas juveniles con ojos curiosos y sin prejuicios permitirá comprender sus "motores de creación", sus prácticas de resistencia al poder, sus propuestas de nuevos modos de existencia, sus proféticas voces en el contexto de graves crisis y sin sentidos, sus contradicciones y sus estallidos de rebeldía.

Resulta necesario ubicarnos en el contexto: en el último cuarto del siglo XX, fuertes mutaciones económico-sociales incidieron para modificar la situación de los distintos actores sociales. Los niños y los jóvenes, lógicamente, no resultaron ajenos a la influencia de tales cambios. (Balardini, S., 2000)

Un aspecto central de estas transformaciones es el impulso promovido por la Revolución Científico-Técnica (RCT), con la revolución extensa de los medios de producción, producida a mediados de los años setenta, que conduce a una nueva reorganización productiva y genera las condiciones materiales en las que se asentará su contraparte cultural, que asoma y se asume como el ocaso de la modernidad o deberíamos decir, de la racionalidad moderna.

La clave posmoderna expresa la “caída de los grandes relatos” que organizaban la racionalidad histórica moderna, bajo el imperio de los programas de la racionalidad y el progreso indefinidos, alrededor de proyectos políticos generacionales que resultaron ser, también, marcas de época y aportaban una visión de totalidad dadora de sentido a cada experiencia particular. Este nuevo clima de época, devino en la generación de nuevas prácticas y subjetividades.

De este modo, y como manifestación de la crisis, asistimos a un vertiginoso proceso de cambio de valores, en el que debemos enfrentarnos a la pérdida de ideales constituidos históricamente, ante la emergencia del “pensamiento débil” y del relativismo cultural. Y surge el llamado “nuevo narcisismo” en el marco de un consumismo exacerbado que se transforma en razón social hegemónica, incentivando a la satisfacción inmediata y a la cultura de vivir el momento. Para algunos filósofos posmodernos, como G. Lipovetsky (1986), “la sociedad posmoderna está sostenida por el consumo y la comunicación. En el nuevo narcisismo, ‘el individualismo posmoderno’ se caracteriza por el impulso de los deseos de autonomía individual, un repliegue de las personas sobre sí mismas, en persecución de sus intereses privados a fin de lograr una mejor vida para ellas mismas, del culto al cuerpo, a las relaciones y al placer”.

Es importante reconocer que “la historia del mundo más contemporáneo nos recuerda, por ejemplo, que hay más de una juventud, y que la diferenciación social, así como las desigualdades en cuanto a riqueza y empleo, ejercen aquí también su peso”.

Para complicar más el panorama, la RCT, vino en parte acompañada por, y en parte para dar a luz, a una reorganización mundial del mercado de trabajo, también llamada globalización, que afecta a todas las relaciones sociales involucradas y no solamente a las económicas; tanto a aquellas comprometidas en forma directa en la producción, distribución y comercialización de los bienes, como las comprendidas en las estructuras de consumo. Y, en esta dimensión específica, se despliegan nuevos universos simbólicos que anuncian el advenimiento de una comunidad trasnacional (globalizada) de consumidores de un mercado único. Estratos sociales equivalentes de diferentes sociedades se mimetizan y pasan a tener mucho más en común, que diferentes estratos en cada una de ellas.

Para García Canclini (1995), más allá de la modalidad de la incorporación a la globalización de cada Estado-Nación, este nuevo escenario nos obliga a una revisión de la escena sociocultural que, entre otros elementos, incluye:
• la reelaboración de lo “propio”, debido al predominio de los bienes y mensajes procedentes de una economía y una cultura globalizadas sobre los generados en la ciudad y la nación a las que se pertenece
• la redefinición del sentido de pertenencia e identidad, “organizado cada vez menos por lealtades locales o nacionales y más por la participación en comunidades trasnacionales o desterritorializadas de consumidores” (los jóvenes en torno del rock, la MTV, etc.)

En otras palabras y siguiendo al mismo autor, si las identidades modernas eran territoriales y monolinguisticas, las identidades posmodernas serán transterritoriales y multilinguisticas.

En este marco, va a ser en la última década del siglo XX cuando, a partir de la mayor interconexión de las redes de TV y de computadoras, y la mayor circulación de intercambios a partir de dicha conectividad creciente, nos enfrentamos a un exponencial consumo de bienes simbólicos transterritoriales. Estos intercambios reorganizan la vida laboral, cultural y aún social. Reconfiguración que implica, al mismo tiempo, nuevos ímpetus homogenizadores y diferenciadores. Homogenizadores, en la medida en que pierden densidad las diferencias propias de los espacios nacionales a favor de las instancias supranacionales. Y diferenciadores, en tanto emergen con fuerza los espacios y realidades locales. En todo caso, asistimos a la reconfiguración de los espacios y al redimensionamiento de las intensidades que se ofrecen a la identificación. Y al nacimiento de nuevas culturas híbridas, incluyentes de temporalidades modernas y premodernas, para el caso latinoamericano.

Existe un sentimiento creciente de que nuestra experiencia de ‘ser sujetos’- y por tanto nuestro concepto de ‘sujeto’, está atravesando también cambios significativos en el contexto de las sociedades contemporáneas orientadas hacia el consumo y marcadas por la cultura mediática y los avances tecnológicos. El cine, la música, la televisión, el espectáculo, el Internet son polos alrededor de los cuales se articulan identidades, lógicas, y comportamientos. En mayor o menor medida asumen funciones de integración a órdenes sociales, proponen mundos valorativos y estilos, modelos de pensamiento y diversas formas de vida.

Un aspecto muy importante en la constitución del sujeto es el hecho que él puede actuar sobre sí mismo y mediante este ejercicio estaría en capacidad de elaborar, transformar y acceder a cierto modo de ser. “Los procesos de producción de subjetividad son las diversas maneras que tienen los individuos y colectividades para constituirse como sujetos: esos procesos sólo valen la pena en la medida en que al realizarse, escapen de los poderes dominantes. Aunque ellos [los sujetos] mismos se prolonguen en nuevos poderes... tienen en su momento una espontaneidad rebelde” (Deleuze, G., 1995). Además de plurales, estas subjetividades son móviles, transicionales y cambiantes. Se espera que este dinamismo y movimiento puedan ser usados para construir nuevas o más abiertas configuraciones del sujeto: en el ámbito político podría significar la creación de nuevos focos de acción y nuevas formas de ciudadanía que lleven a confrontar públicamente las diversas interpretaciones de los principios de justicia, igualdad, libertad y derechos humanos provenientes de las ‘nuevas identidades’. En el campo del género, podría llevar al reconocimiento de opciones no heterosexuales o a la constitución de nuevas sexualidades híbridas. En el dominio de lo étnico, puede significar la construcción de nociones más abiertas del ser y la sociedad, basadas en el reconocimiento de la diferencia y de los flujos de poblaciones nómadas a nivel nacional, regional y mundial. En el terreno de ‘lo etario’ permite ver y comprender más claramente, la presencia de múltiples universos de sentido, modos de vida, núcleos ético míticos y políticos que están siendo construidos por subjetividades localizadas en puntos específicos del ciclo de vida humano: los niños, los jóvenes, etc.

Por otra parte, el mundo globalizado en el que se producen hoy las relaciones exigen permanentes ajustes de identidad. Se advierte claramente en el panorama cultural, tanto a nivel nacional como mundial, la presencia de fuerzas que tienden hacia la búsqueda de orígenes, raíces de la tradición. Otras eligen entre varias posibilidades nuevas y valiosas propuestas culturales ofertadas en el escenario social. Otras trabajarían en la creación de nuevas formas de existencia. Otras optan, incluso, por algunas de estas posibilidades simultánea o alternativamente. Y en medio de este vértigo, una cosa es segura : la importancia que desde diversas áreas del saber se le concede actualmente a la dimensión cultural, a la cultura propia de los movimientos sociales, de las grupalidades, de las nuevas identidades, de las minorías, de los ‘subalternos’, de los grupos de usuarios (las denominaciones son infinitas) para crear posibilidades de vida, redefinir las relaciones sociales y formas viables de existencia en medio de los nuevos órdenes sociales globales que se están configurando.

Desde la perspectiva de algunos movimientos sociales articulados alrededor de la etnia o el género, se ha venido explorando el potencial político de la cultura para generar procesos de cambio social. Estos movimientos plantean concepciones de ciudadanías alternativas donde las luchas democráticas engloban procesos de re-definición del sistema político y también prácticas económicas, sociales y culturales que generarían reordenamientos más ‘democráticos’ para la sociedad en su conjunto. En el contexto de su estudio sobre los movimientos sociales afro-colombianos del Pacífico, Arturo Escobar (1999) se refiere a las ‘ciudadanías alternativas’: “tal concepción llama nuestra atención sobre una amplia gama de esferas públicas posibles en donde la ciudadanía pudiera ser ejercida y los intereses de la sociedad no sólo representados, sino fundamentalmente re-moldeados. El campo de acción de las luchas democratizantes sería extendido para abarcar no sólo el sistema político, sino también el futuro del “desarrollo” y la erradicación de las desigualdades sociales, tales como aquellas de raza y género, profundamente moldeadas por prácticas sociales y culturales”. La cultura y la identidad aparecen entonces como ordenadores de la vida cotidiana y de la actividad política.

En el contexto de las culturas infantiles y juveniles, cada vez más numerosas y complejas, la dinámica es bastante diferente. Pensamos que ellas no constituyen movimientos sociales y su relación activa con la política institucional o con procesos de desarrollo nacional no es -mayoritariamente-, tan clara o intencional como la de tales movimientos. Sin embargo, estas culturas son el lugar de creación de subjetividades individuales y colectivas, de modos alternativos de existencia e incluso de formas artísticas.

En los últimos cincuenta años, la academia ha empezado a pensar a niños y jóvenes en términos concretos y localizados, al hacer una lectura de las culturas juveniles y su expresión musical. El rock y la TV se han puesto en la base de una teoría general del empoderamiento cultural, y las grabaciones de su música y sus imágenes se han convertido así en un medio de diferenciación social. El mayor énfasis del Centro de Estudios Culturales Contemporáneos de Birmingham consistió en explicar la emergencia de ciertos estilos juveniles y su capacidad para resolver problemas. Superar los estereotipos acerca de las modas juveniles, ir más allá de la categoría ‘clase social’ -reducida a fuerzas de producción–, no limitarse a pensar dichas culturas como puras operaciones en la esfera del ocio, separándolas de sus formas de resistencia y de espacios hegemónicos como escuela, hogar, trabajo, son los desafíos a encarar.

El punto de partida conceptual es el reconocimiento de los niños y jóvenes -aún desde su etapa escolar- como actores sociales, en su función cultural y productiva y en su capacidad de acción democrática en tanto sujetos de derechos para favorecer su pleno ejercicio ciudadano desde una vida digna. Recogemos a continuación elementos básicos del trabajo Secretos de mutantes: música y creación en las culturas juveniles (Marin, Muñoz, 2002).

El encuentro con las culturas infantiles y juveniles y la visibilización de estos actores como agentes activos en la construcción de sus culturas ha permitido a investigadores como Virginia Caputo (1995) problematizar las concepciones tradicionales de socialización presentes en los estudios sobre juventud. La perspectiva psicológica, en concepto de la autora, nos presenta a niños y jóvenes como seres culturalmente incompletos que sólo a través de su paso por diversas etapas biológicas, niveles de desarrollo e instancias de socialización logran la racionalidad y plenitud atribuida a los miembros adultos de la sociedad. Por otra parte, concebir la socialización como la internalización que los niños hacen de las habilidades y conocimientos adultos, o bien como un proceso mediante el cual el conocimiento y los rasgos propios de una cultura son transmitidos por los adultos a los niños y a los jóvenes conlleva, de acuerdo con Caputo, a optar por el aprendizaje social como vía para entender las actividades infantiles y juveniles. Tal opción se concentra en “las vías por las cuales el conocimiento y las prácticas infantiles y juveniles son transformadas, sea dialécticamente o a través del paso por niveles de desarrollo, en el conocimiento y las destrezas necesarias para la participación en el mundo adulto”. Esta postura se funda en la incorporación de niños y jóvenes en el mundo adulto; define las prácticas y sistemas de representación de los adultos como universales y necesariamente significativos para niños y jóvenes; explora las formas en que diversos aspectos de la cultura adulta influyen y permean las vidas de los niños; y como resultado, lleva a entender a niños y jóvenes como reproductores culturales o como receptáculos de la enseñanza adulta. “Al hacer énfasis en lo que le falta al niño, el modelo parece implicar que el niño es de alguna manera incompleto. Él está en-proceso-de-convertirse-en-un-miembro-de-la-sociedad”.

Desde una perspectiva diferente, motivada por los hallazgos de Caputo en su investigación con niños, la autora plantea que los actores infantiles habitan universos con significados sociales distintos y no necesariamente prerracionales o preadultos. Alejándose de la común concepción que se tiene de los niños, esto es, como sujetos que “saben menos” y que son incompetentes culturalmente, la autora propone considerarlos como poseedores de un entendimiento propio sobre la vida y de otros saberes relacionados con situaciones particulares que hacen parte de su entorno.

Caputo y otros autores, centrados en la producción cultural infantil, y en respuesta a los modelos de desarrollo humano y socialización que consideran limitantes, empiezan a moverse hacia conceptualizaciones de agencia cultural , hacia la “vida infantil de todos los días”. Comienzan, de esta manera, a rastrear y constituir un nuevo paradigma para el estudio de la infancia. Este paradigma contiene algunas consideraciones que, aun cuando se refieren estrictamente a las culturas infantiles, resultan también útiles para los estudios sobre juventud:

??La infancia, las relaciones sociales de los niños y las culturas infantiles merecen ser estudiadas en sí mismas, por su propio valor y no como apéndices de la cultura adulta: “los niños deben ser vistos como activamente involucrados en la construcción de sus propias vidas, las de aquellos que les rodean y de las sociedades en las que viven” (James, Prout, 1995).

??La conceptualización del niño como agente activo en la producción y manejo del sentido en su propia vida social desafía la noción de cultura como sistema unificado de sentido que busca permanentemente su legitimación en aquellas instituciones y dispositivos de socialización en los que se definen, ejercen y prescriben los ideales de lo deseable o lo indeseable para la vida y el desarrollo humanos. Caputo plantea entonces un viraje hacia una noción “más dinámica y relacional de cultura entendida como multiplicidad de prácticas significantes”. Abre así la posibilidad de resaltar aquellos espacios o nichos de diferencia que albergan voces alternativas que han sido marginalizadas, voces de géneros, razas, clases y edades que ocupan posiciones subordinadas de poder en las sociedades contemporáneas . Lo interesante de esta posición, en nuestro parecer, es que visibiliza las prácticas de creación cultural, los agentes infantiles o juveniles de tales construcciones y, sobre todo, que invita a pensar las complejas relaciones de poder establecidas entre ellos y los adultos.

? “La noción de infancia es una formación discursiva dentro de la cual diferentes tipos de niños y el concepto mismo de infancia, son construidos” (James, Prout, 1995). Por tanto, las categorías niño o joven no son universales, hacen su aparición en circunstancias sociales e históricas determinadas y se construyen en espacios epistemológicos particulares. Este punto de partida permite empezar a analizar críticamente aquellas categorías de infancia y juventud que han sido construidas desde las perspectivas que instauran al adulto como arquetipo humano. También confiere un impulso a quienes desean plantear otras categorías y formas de construcción de la subjetividad infantil o juvenil. Sin embargo, y paradójicamente, en los estudios que siguen esta línea aún se observa una definición de lo infantil y lo juvenil en relación con el mundo adulto. Parecería que, de forma menos evidente, el adulto sigue siendo el parámetro: la existencia y la autenticidad de culturas y mundos infantiles se prueba por su insularidad o independencia con respecto al adulto y por el hecho de estar fuera del alcance de la comprensión o supervisión de éste.

La problematización de la relación del investigador con las culturas estudiadas y la construcción discursiva de tales culturas en las etnografías son tareas que la antropología norteamericana inició hace ya casi tres décadas y que desafortunadamente no han permeado aún –o por lo menos no en toda su dimensión–, otras áreas del saber que alimentan los estudios sobre jóvenes o culturas juveniles en América Latina: la sociología, las ciencias políticas, la psicología, las ciencias de la educación, la comunicología y la misma antropología. Durante mucho tiempo, el problema de los investigadores ha sido pensar a los supuestamente inasibles niños, jóvenes y a las culturas juveniles. Sin embargo, poco se ha debatido con respecto al pensamiento sobre lo juvenil o a la producción discursiva de infancia y juventud y sus implicaciones en el manejo de los ámbitos de socialización y en el diseño de políticas de juventud por parte de los adultos.

Concebir la juventud y la niñez principalmente en su camino a la adultez y en proceso de aprender para futuros desafíos conlleva, según Caputo, a ignorar el presente de las experiencias de vida juveniles e infantiles, y, por ende, a negar la contemporaneidad de estas culturas con las adultas. Atribuir a las culturas propias de niños y jóvenes un carácter preadulto es congelarlas en una conceptualización del tiempo que niega su presente. “Para los niños, esto refuerza la noción de que sus vidas son sólo significativas en relación con algún estado futuro o con culturas adultas” (Caputo, 1995). Al afirmar que estos modelos promueven una caracterización del niño [y el joven] como pasivo, Caputo parece intuir tal vez que la agencia cultural infantil y juvenil, la producción de algo propio y la creación de múltiples modos de ser joven o niño son sólo posibles gracias a la existencia, vivencia o construcción de tiempos propios de los niños y de los jóvenes.

Por otra parte, la aceptación generalizada, repetitiva y poco crítica de la fugacidad y velocidad como rasgos característicos de las culturas juveniles y de lo joven han hecho cada vez más impensable la existencia y permanencia de creaciones hechas por los jóvenes al interior de sus culturas; más aún, han impedido pensar las culturas mismas como creaciones juveniles. “¿Cómo lidiar con construcciones colectivas que son más efímeras que duraderas?”, se preguntan los estudiosos interesados en la agencia cultural infantil y juvenil. Sin embargo, el nacimiento de las culturas skinhead, punk, metal y hip hop data de los años setenta y tiene sus antecedentes, afluentes y algunos inspiradores en los años cincuenta y sesenta; y dependiendo de la cultura en cuestión es posible rastrear influencias, núcleos ético míticos, prácticas y sentidos particulares en siglos pasados. Estas culturas constituyen complejos universos de sentido que poseen historia(s) y también una cierta manera de proceder en el tiempo, hecha de muertes aparentes, revivals, transformaciones, estallidos y propagaciones en tiempos y espacios diversos.

¿Qué produce entonces la ilusión de fugacidad? Tal vez la mirada adultocéntrica, que califica la velocidad de la dinámica social juvenil usando el parámetro de su propia velocidad como universal; tal vez una confusión entre el ritmo de las culturas juveniles y el paso de los jóvenes por ellas; o bien, una identificación entre cultura juvenil, juventud y moda.

Los jóvenes, aunque insertos en las complejas tramas de las industrias culturales, interactúan creativa y activamente con textos y objetos culturales (la TV, por ejemplo) llegados de otros puntos del planeta. Lo hacen completando “espacios en blanco”, llevando a cabo labores de asimilación, negociación, rechazo o resignificación de los sentidos allí encontrados. Su trabajo de recepción se hace con base en experiencias e historias personales, en contextos culturales y sociales propios y específicos, el encuentro entre jóvenes y Televisión permite aproximarse a los imaginarios juveniles que se ponen en marcha durante el proceso. El seguir esta pista requiere ocuparse del receptor construido por los textos y descubrir la existencia de las múltiples elaboraciones del sujeto que se hacen visibles durante este complejo proceso de la recepción. Sin embargo, ésta no ha sido una clave de acceso adecuada. Las razones de esta insatisfacción se aclaran posteriormente, al poner en relación el consumo cultural y la recepción. Así deducimos que por activos que sean los jóvenes en su interacción con los objetos culturales y con las culturas mismas (entendidas como textos), siempre ocuparán el punto terminal de este proceso de comunicación y seguirán siendo vistos como ‘receptores’.

A la noción de niño y joven como receptor de un texto subyace un concepto de sujeto ya constituido, unitario y permanente que entra en relación con el texto, ya sea para asumirlo, rechazarlo, transformarlo o completarlo. Este concepto de sujeto no permite dar cuenta de las mutaciones, oscilaciones y multiplicidades del yo. Cuando el espectro epistemológico se reduce a juegos de espejos y a procesos de identificación y proyección, se niega la posibilidad de pensar la creación de nuevas formas de existencia juvenil o los procesos de autoformación del sujeto presentes en la sociedad contemporánea.

Entender los objetos culturales y las propuestas de identidad juvenil como textos, mensajes o discursos que circulan por los medios de comunicación y las redes de la industria cultural refuerza la idea de que tales objetos y propuestas son exclusiva o indudablemente originados en otra parte, es decir, ajenos a los jóvenes locales. Los textos, mensajes y discursos son entonces ‘recibidos’. Este énfasis aparece ya en los textos iniciales de la escuela de Birmingham (1975) y se le conoce como Provided Teenage Culture [cultura adolescente suministrada]. ¿Dónde queda entonces la actividad creadora de los niños y jóvenes dentro de las culturas que construyeron o ayudaron a construir, y que, después de todo, les pertenecen? Lo anterior abre otros interrogantes: ¿el reconocimiento de la capacidad y actividad creadora de los niños y jóvenes en sus culturas implica la separación conceptual y metodológica entre públicos y culturas infantiles y juveniles? ¿Cómo hacer esta distinción sin perder de vista que ser público o audiencia es una de las múltiples facetas de las culturas?

En 1964, Stuart Hall y Paddy Whannel caracterizan la cultura adolescente como:
[...] una mezcla contradictoria de lo auténtico y lo construido : es un área de expresión propia de los jóvenes y un apetitoso terreno de caza para los comerciantes .

La relación entre lo que auténticamente forma parte de la cultura y aquello que es dado a esa cultura por parte de una industria adulta organizada no es, de manera alguna, simple .

De acuerdo con estos autores, la cultura adolescente es en parte “una respuesta auténtica” a una sociedad que, como la británica de los años cincuenta y sesenta, está en transición y arroja un sinnúmero de señales confusas:
A veces estas respuestas pueden ser vistas directamente [como] formas de energía política y radical dirigida a blancos bien determinados: [la amenaza de las armas nucleares, la apatía política, la cualidad burocrática de la vida política, todo aquello que puede ser comprendido bajo el término ‘Establecimiento’]. A veces, la respuesta adopta la forma de un giro radical en los hábitos sociales, por ejemplo, la lenta pero segura revolución en moralidad sexual [que observamos] entre la gente joven. Mediante ésta y otras formas, la generación más joven ha actuado como una minoría creativa, como pioneros que rebasan las restricciones puritanas tan profundamente enraizadas en la moralidad burguesa inglesa [y tienden] hacia un código de comportamiento, desde nuestro punto de vista, más humano y civilizado. Gran parte de la participación activa de la generación más joven en su propia subcultura tiene el sabor de espontánea y generosa respuesta a una situación social frecuentemente confusa y perturbadora .

A mediados de los años sesenta, Hall y Whannel advierten la ausencia de un consenso entre los adultos acerca de temas fundamentales de la época como la sexualidad. También señalan la confusión reinante con respecto al papel de la autoridad en la sociedad o a ideas adultas sobre el comportamiento ideal de los jóvenes. Según los autores, los jóvenes percibían la ausencia de consenso entre los adultos y esto los impulsaba hacia la independencia, la confianza en sí mismos, la espontaneidad, pero también los exponía al sugestivo poder de los modelos propuestos por los medios. En este punto, los estudiosos británicos señalan el acceso al dominio de lo “artificialmente construido”, de lo dado a la cultura adolescente por la “industria adulta organizada”. Los autores identifican como productores de dicha artificialidad a los medios masivos, las industrias musicales (pop y rock) y los “proveedores comerciales” de moda y estilo.

1.3. Especificidades en el ámbito de la Comunicación

En concepto de Hall y Whannel, los medios contribuyen a un cierto aislamiento de los adolescentes como grupo distintivo con respecto al todo social. Por una parte, logran este efecto creando una especie de feeling mayoritario entre los jóvenes, incluso si las modas son impuestas por pequeñas minorías. Por otra parte, los medios masivos aceleran los ciclos de la moda entre los adolescentes. Este sentido de aislamiento o diferenciación de lo juvenil impregna insistentemente las canciones, líricas, entrevistas con las estrellas del pop, películas de adolescentes y comics.

Este salto interior, [este matiz] autocompasivo de muchas de las baladas lentas adolescentes, estos sentimientos de comunidad-de-las-almas-perdidas invocado en las palabras y los ritmos, son a la vez la auténtica traducción de una disposición de ánimo adolescente y la exageración estilizada del mismo .

La preocupación por el tema de la autenticidad y artificialidad de los objetos culturales adolescentes aparece nuevamente en el análisis que Hall y Whannel hacen de las canciones juveniles del momento:
El hecho de que son producidas para un mercado comercial significa que las canciones carecen de una cierta autenticidad. No obstante, ellas también ponen en escena sentimientos auténticos. Expresan vívidamente el dilema emocional del “adolescente”. Y puesto que son a menudo escritas –para beneficio de los proveedores adultos del mundo del entretenimiento– por estrellas y compositores adolescentes que comparten el ethos cultural de sus audiencias, hay mucha interacción y feedback todo el tiempo. Estas emociones, símbolos y situaciones entresacadas de la cultura adolescente preconstruida contienen elementos tanto de realismo emocional como de completa fantasía .

Concluyen entonces:
La cultura preconstruida por el mercado del entretenimiento comercial juega entonces un rol crucial. Refleja, condensa y representa actitudes y sentimientos que ya existen [en la cultura juvenil] y al mismo tiempo provee un campo expresivo y un conjunto de símbolos a través de los cuales estas actitudes pueden ser proyectadas .

Hacia el final del texto, los autores resaltan la importancia de estudiar la cultura adolescente tanto desde dentro como fuera de ella y son conducidos por esta consideración hacia uno de los problemas que identifican como básicos dentro de la cultura popular: “¿Obtiene la audiencia o público lo que le gusta y necesita? ¿Son estos gustos suficientes? ¿Son saludables estas necesidades? ¿O lo que consigue es desarrollar un gusto por aquello que le es dado [en cuyo caso, tal vez los gustos puedan ser ampliados?]” .

Este texto fundacional fue escrito en 1964 –el año de los Beatles–, mucho antes de que la teoría sobre subculturas juveniles se desarrollara bajo la dirección de Stuart Hall en el Centro de Estudios Culturales Contemporáneos en Birmingham. Tanto el pop como las actitudes académicas hacia este tipo de música atravesaban una importante transición, y la preocupación de los adultos por las influencias que la mass culture pudiera ejercer sobre los jóvenes se extendía. En el artículo encontramos ciertas nociones que aún hoy forman parte de aproximaciones sociológicas influyentes en los estudios actuales sobre jóvenes: la idea de que todavía es posible y pertinente referirse a una cultura adolescente o juvenil en general; y la tendencia a considerar que el pensamiento producido sobre ‘cultura adolescente’ en el área de la comunicación-cultura debe necesariamente entender esa cultura como audiencia o público consumidor.

Hoy, dada la complejidad de las mediaciones y las interacciones entre culturas juveniles e infantiles y mercado, es difícil distinguir lo que realmente pertenece a las culturas y aquello que les es dado por la industria. Si se intentara plantear una diferenciación conceptual entre lo propio de las culturas y lo que proviene de la industria, desde la perspectiva de la autenticidad y la artificialidad, no sería sostenible después de la crisis del concepto de sujeto y la ascendente importancia de la producción de subjetividades plurales y heterogenéticas.

La perspectiva del consumo cultural, notablemente influenciada por su origen en la economía, conduce a ver a los niños y jóvenes participantes de las culturas como factores del proceso global de producción y circulación de los bienes y en el que ocupan un lugar como consumidores. Estos consumidores alimentan sus universos de sentido gracias a su relación con los objetos (materiales y culturales) que circulan por las redes del mercado y de los medios masivos; poseen capitales culturales específicos; están determinados según su pertenencia a clases sociales y otros grupos, y además pueden ser clasificados y promovidos socialmente según sus posibilidades y modalidades de acceso a los bienes ofrecidos por el mercado. Dado que desde esta perspectiva la identidad es uno de los bienes en circulación, la identidad del joven consumidor es definida por las labores de acceso y reapropiación y, finalmente, es representada o puesta en escena según los estilos en boga.

Puede decirse, entonces, que por esta vía ahondamos en el conocimiento de los niños y jóvenes o de las culturas como público, como audiencias, como destinatarios complejos de las también complejas estrategias de mercado, pero dejamos de percibir su faceta como agentes y creadores de sus propias culturas.

García Canclini (1999) afirma: “Es sabido que los bienes se producen con instrucciones más o menos veladas, dispositivos prácticos y retóricos que inducen lecturas y restringen la actividad del usuario. El consumidor nunca es un creador puro, pero tampoco el emisor es omnipotente”. ¿Y qué es un “creador puro”? ¿Existe tal cosa? Para enfatizar la labor creativa de los jóvenes en relación con las culturas, ¿tendríamos que pensar dichas culturas juveniles e infantiles al margen del consumo y de las industrias culturales? Claro está que no. Es innegable que los medios de comunicación, las redes de información y mercado, las industrias culturales y los procesos de consumo son fundamentales en la producción de subjetividades contemporáneas, especialmente de los niños y jóvenes. Es indiscutible también que la necesidad de investigar más profundamente estas dinámicas crecerá ahora que asistimos a las transformaciones operadas por la globalización en el planeta, y a la evidencia de nuevas configuraciones sociales, poderes y órdenes mundiales que son pensados a través de conceptos tales como ‘sociedad de control’ y ‘biopoder’ , entre otros, y en los cuales las redes e industrias de comunicación juegan un papel fundamental.

¿Se trata entonces de enfatizar simplemente la matriz creativa del consumidor? Pensamos que ni reconocer las facetas culturales del consumo, ni complejizar la reapropiación de los significados o reemplazar al sujeto estático por una sucesión de identidades resolverá la necesidad de construir, en el ámbito de los estudios sobre culturas infantiles y juveniles, un nuevo espacio para pensar el gran proceso de creación que los jóvenes llevan a cabo. A grandes rasgos, este proceso de creación lo adelantan los niños y jóvenes participantes de las culturas: en la creación de sí mismos y de nuevas formas de existencia, en la co-creación de sus culturas y en el desarrollo de diversas modalidades artísticas. Ese nuevo espacio constituye, desde nuestra perspectiva, la dimensión estética.

Resultado de los cambios, el discurso emergente del mercado, con sus exigencias de productividad, competitividad y consumo, hegemoniza la escena, pero sucede que en el mercado no están todos, y entre los que están, suele haber una fuerte diferenciación y desigualdad. Primera cuestión: si somos iguales en tanto ciudadanos (un hombre = un voto), no lo somos en tanto consumidores. Por otra parte, este desplazamiento de la sociedad del trabajo y la producción hacia una sociedad del consumo (y generadora de desocupación), en la que el centro está puesto en la capacidad de consumir, lleva a que las identidades que hasta ayer se adscribían al mundo del trabajo entren en crisis, a la par que se dispone de nuevos sedimentos identitarios, desplegados ahora en torno del espacio del consumo (segmentado por sectores sociales). Dime qué consumes y te diré quién eres.

Esta nueva situación instrumentaliza la vida hacia un mundo de valores definido por la “utilidad” y “practicidad” de los bienes, ya sean materiales o simbólicos. El “paradigma eficientista”, el éxito, pasa a ser el valor dominante por el que se miden las cosas. Las características propias del mercado se extienden a las restantes dimensiones del mundo de la vida.

Ahora bien, si en tiempos pasados las agencias de socialización privilegiadas se circunscribían a la familia y la escuela (y en menor medida las iglesias) hoy día, los medios de comunicación les recortan progresiva y audazmente su espacio, pudiéndose afirmar que, en buena medida, conocemos actualmente el mundo por la televisión (e ingresamos, además, a un universo perceptivo de pantallas que se independiza y va mucho más allá del aparato televisor).

En este marco, se advierte, adquieren especial relevancia los medios de comunicación audiovisual, asociados con la publicidad, el estímulo al consumo, las marcas y los emblemas. Pensemos en la cantidad de horas que niños y jóvenes dedican a ver televisión y en el carácter doméstico de esta actividad: nos enfrenta a un mundo en formato video que nos dota de afectos y conocimientos en sustitución del viejo mundo real en retirada.

Una consecuencia de estas transformaciones es que la adquisición de una condición juvenil por parte de los jóvenes ya no dependerá exclusiva o predominantemente de su circulación por la institución escolar, sino de su captación por la propaganda y las pantallas calientes de un mundo juvenilizado.

En este marco, con la globalización de las comunicaciones y la publicidad como respaldo, la identidad como acto de apropiación simbólica, abandona, en buena medida, el dominio territorial para situarse en la dimensión del consumo trans-espacial. Sin embargo, esta cultura-mundo no es un todo homogéneo, sino una rearticulación de territorios (nacionales) que se fragmentan, circunstancia que lleva a que jóvenes de diferentes geografías perciban que tienen mucho más en común entre sí, que con jóvenes de barrios vecinos, respecto a quienes se alejan en capital simbólico, argamasa con la que adquieren configuración y se despliegan las identidades. La TV, cable e internet han contribuido significativamente a contornear esta nueva realidad, una comunidad transnacional de consumidores jóvenes que comparte nuevos universos simbólicos de la que forman parte y en la que se socializan.

La emergencia de una cultura de la imagen frente a la cultura del texto escrito propio de la cultura escolar es uno de los elementos que mayor impacto han producido. Frente a los procesos de diálogo, debate y reflexión, que necesitan siempre un tiempo extendido para poder desarrollarse, aparece la sociedad del vértigo, de la fragmentación, del salto de una secuencia a otra.

Del mismo modo, emergen las dificultades de los docentes para concitar y retener la atención de los alumnos, que aparecen como desmotivados y desinteresados, derivando en fracasos y deserción. Pensamos que detrás, se hallan razones de formato, tanto como de contenido. Atravesados los alumnos por la cultura del zapping y el clip, por un mundo de imágenes y pantallas con su lenguaje icónico, por la lógica hipertextual en sustitución de la secuencial. Enmarcados por la crisis de la noción tradicional de autoridad. Todos estos elementos “externos” van a sumarse en la producción de esta crisis.

La “intromisión” en la escuela de las culturas juveniles, producidas por fuera de la institución, entra en conflicto con la cultura escolar tradicional, que piensa un “sujeto pedagógico” en retirada frente a las mutaciones de la sociedad y la cultura. Los adolescentes llegan ahora a la escuela como portadores de culturas propias, estimuladas por los medios y la propaganda, por su legitimación en el sistema de producción de bienes y consumo, y por una nueva relación con la tecnología, que reconfigura el lugar de los saberes y sus poseedores. El sujeto imaginado, real o fantaseado, estalla, y se diversifican las identidades juveniles. En consecuencia, los jóvenes ingresan con estas dotaciones identitarias, irreductibles en un punto, a una institución homogenizante con dificultades para registrar y procesar aquellas diferencias, que vive como amenazas.

En este marco, las instituciones escolares, afincadas en la cultura del libro, del texto y la palabra escrita, tienen dificultades, en la medida en que los jóvenes están inmersos en una cultura de la velocidad, de la fragmentación y de la imagen, y los adultos enfrentan el desafío de seguir enseñándoles de manera secuencial y en base al texto.

Ante los procesos de la lógica secuencial tradicional aparece la lógica de los hipertextos y las hipermedias, que trabajan en forma de redes. Al lenguaje del texto se lo enfrenta con el lenguaje de la imagen. La imagen y el hipertexto remiten a un nuevo canon. La imagen con su pregnancia e inmediatez, que dificulta la toma de distancia y el hipertexto que liquida el proceso secuencial serial por un protocolo de acceso en paralelo a múltiples opciones de registro. Para alguien socializado en la cultura de la palabra, la imagen se convierte fácilmente en una trampa, mientras que para alguien socializado en un mundo de imágenes, la palabra puede actuar como retardo, como agregado vano. Y para alguien socializado en la cultura del texto lineal, el hipertexto es un laberinto en el cual perderse y que no lleva a ningún objetivo claro, nos pasea entre relatos, horizontalizando retazos sin pronunciar su discurso final. En tanto, para alguien socializado en el hipertexto, el texto lineal suele ser pobre, aburrido, y no permite una comprensión de los contextos y las relaciones.

Para unos y otros las nociones de tiempo y espacio se modifican con la tecnología produciendo nuevas distancias. Y, ya se sabe, las nociones de tiempo y espacio son condiciones a priori del entendimiento.

Los jóvenes están entrenados cada vez más en estas categorías de la experiencia que los adultos no compartimos al haber sido socializados en un contexto diferente. Pero cuando la experiencia se sostiene en formato de clip y entre videojuegos, el hipertexto, la hipermedia, la instantaneidad y con ellas una nueva noción de tiempo y de espacio, hay que pensar en desarrollar nuevos procesos reflexivos porque asistimos a una nueva forma de organizar y construir el mundo. Sin embargo, hay que tener cuidado: esta nueva realidad no debe llevar a que la institución escolar pretenda adaptarse mecánicamente a los nuevos tiempos, y sin embargo, no puede dejar de tenerlos en cuenta. Del mismo modo que contemplar –e integrar- los intereses de los alumnos no significa subordinarse a ellos sino ponerlos en tensión con procesos de aprendizaje y la dotación de conocimientos necesarios.

Si nos preguntamos acerca de lo nuevo en la relación entre generaciones, podemos afirmar que la tecnología juega un papel predominante. Como señalara Peter Elio, presidente de Lego Systems, “por primera vez en la historia de la humanidad, una nueva generación está capacitada para utilizar la tecnología mejor que sus padres”. En términos de Margaret Mead (1955), estamos frente a una cultura “prefigurativa”, en la que son los jóvenes quienes enseñan a sus padres.

Todas estas transformaciones que venimos mencionando, acaecidas centralmente en las dos últimas décadas, están fuertemente atravesadas por la introducción de la tecnología cibernética y de programación en la vida doméstica. La robotización primero y la informatización después, modificaron radicalmente el campo de trabajo, la productividad, la gestión, exigiendo nuevos saberes de mayor calificación; achicaron el mundo a un espacio único y a la mano, con su diversidad de mensajes a nuestro alcance: culturas, modas, conflictos y posibilidades de ser, tan cercanos como una especie de patio virtual en nuestra propia casa; y redujeron los tiempos al instante, -a solo un clic de distancia, se suele decir-. Esto es, claro, para los integrados. Para los excluídos, la brecha se ha ampliado. Pero, también, para el diálogo entre generaciones, que demandará un esfuerzo extra y una voluntad puesta en juego.

La irrupción de la tecnología del chip y de las pantallas, invadiendo nuestra domesticidad, han impuesto su presencia en los más variados espacios públicos y nos llevan a una nueva modalidad perceptiva que pone en jaque nuestro horizonte cognitivo, habida cuenta de las críticas de Giovanni Sartori y otros. Este nuevo ‘homo videns’, cambia sus nociones de tiempo y espacio en relación a la cultura de los viejos sapiens de la palabra y el texto escrito. Estamos, pues, frente a la primera generación de jóvenes videoformados. Y esto habla de mucho más que de un mero estar frente a una pantalla-objeto. En todo caso, habla de un “estar siendo”, en una dinámica transformadora, de un sujeto frente a algo más que un objeto pasivo al que manipular. Hay un poder subjetivador profundo en esta relación y sus nuevos lenguajes. El resultado es la producción de nuevos sujetos.

Sin embargo, como señaláramos antes, las posibilidades de acceso al consumo son diferentes socialmente y los jóvenes, cuando consumen, lo hacen desde esta diferencia, insumo clave, pero no único, para el despliegue de las identidades y la dimensión del reconocimiento. En este punto, hay que reconocer que los usos sociales posibles de los aparatos que constituyen la parafernalia tecnológica son diversos a la par que segmentados su consumo y participación.

De este modo, para algunos jóvenes se trata del consumo masivo de televisión y los videojuegos de los locales barriales, mientras, para otros, de los juegos en red, el play station, la navegación por internet y el ciberespacio, el lenguaje de programación, etc. Como se ve, la dotación de recursos es claramente asimétrica. Sin embargo, el mundo de la tecnología atraviesa a unos y otros, las pantallas los capturan a todos, en casas, comercios, bares, estaciones de trenes o subterráneos, contando siempre con la videopresencia de ciertos personajes, en fin, con una cierta omnipresencia.

La tecnología no está distante de los jóvenes de los sectores populares. Todo lo contrario: está muy presente en su vida como tecnología invasiva aunque pobre en sus posibilidades, con un componente de interactividad reducido. La TV está allí y los videojuegos también. Y está en la música y en los lugares bailables a los que asisten, con una presencia que excede su ámbito específico mediante la publicidad y la propaganda, las revistas, los carteles, la radio y la TV abierta.

En tiempos en los que la computadora se ha convertido en un electrodoméstico más, es lógico que los comercios de juegos en red estén repletos de jóvenes que van a interactuar allí con sus amigos a través de la red, aunque los tengan justo enfrente de sí.

Además la tecnología computacional les ofrece un terreno propicio para el desarrollo de sus capacidades de abstracción, técnicas y creativas. Como señala Julio Orione: “Se ha dicho, despectivamente, que internet es diversión. Enhorabuena que nazcan nuevas formas de diversión. Pero es mucho más: es un camino para que los chicos se acerquen al conocimiento y es una herramienta para enseñarles a pensar. No conviene cerrar los ojos a esto.” Es así que la proporción de jóvenes creativos y creadores que diseñan y construyen herramientas informáticas interactivas es sorprendente, tanto como la explosión de páginas web (y soft) desarrolladas por jóvenes. El famoso buscador Yahoo, su antecesor Mosaic, el sistema operativo Linux, el innovador MIRC, el programa de mensajería instantánea ICQ, el polémico Napster, tanto como otros programas de intercambio de archivos y cientos de poderosos virus, fueron todos diseñados y creados por jóvenes. La historia de la empresa Apple es muy expresiva al respecto.

En cuanto a los usos de internet, un rasgo atractivo para los adolescentes es que no vislumbran que la red esté controlada por los adultos, ya sea en tanto gobierno, los padres u otras instituciones. Para ellos, el ciberespacio es la nueva frontera que representa algo muy parecido a la libertad que imaginan en su cultura de la nocturnidad. Así como se sienten libres en la noche, se sienten libres en el ciberespacio. En la noche, los adultos parecen desaparecer y dejar el terreno a los jóvenes. Algo semejante perciben que sucede en el ciberespacio cuando lo recorren. En un caso, es el tiempo –la noche- que aleja a los adultos, en el otro, es el espacio –la ciberplataforma-, pero también podríamos decir que los separa la tecnología.

Otro rasgo interesante es que frente a la pregunta de en qué ocupaban antes el tiempo que ahora dedican a comunicarse por la red, la respuesta más habitual es: ver televisión. Lo que supone, por una parte, un desplazamiento de un medio pasivo a un medio interactivo y, por otra, un orden de prioridades que no relega el estudio o las actividades deportivas o productivas.

Otros aspectos de relevancia para la socialización de los navegantes es que la información se encuentra y circula libremente en internet, lo que incluye información relevante para el desarrollo de la ciudadanía juvenil, como ayudas de orientación vocacional y para la formación profesional, la protección frente a las relaciones sexuales, el aborto, etc., pero también, pornografía, drogas, métodos de infligir violencia, y tanto más. Esta circunstancia motiva el surgimiento de derivados para el debate: el libre acceso a la información, la calidad de la misma y su pertinencia. Frente a este panorama, surge una nueva tarea: la de preparar a los jóvenes para filtrar, seleccionar y procesar la información, a diferencia de ayer, cuando se trataba de salir a buscarla ya que, frecuentemente era escasa. Ahora la información desborda y los adolescentes participan del flujo activamente.

El ciberespacio les ofrece la oportunidad de encontrarse con pares –e impares- de diversos lugares del mundo. En los chats, la composición es internacional y multicultural. Las oportunidades para advertir las diferencias culturales son habituales, permitiendo establecer comparaciones entre los sistemas de estudio, las características de la vida familiar y los hechos culturales, por ejemplo. La presencia en los ambientes virtuales de individuos con diferentes capitales culturales les permite a los jóvenes enriquecerse y resignificar su propio espacio. Para estos jóvenes, las normas de su entorno socio-comunitario pierden la dimensión universal que pudo tener para sujetos socializados en un mundo cerrado que no les permitía visualizar otras posibilidades de ser. Al mismo tiempo, este hecho les abre la puerta a un mundo de elecciones que avanza hacia la construcción de un individualismo con noción de radicalidad y relatividad.

Afirma S. Turkle (1996) que la cultura en torno a los computadores está siendo transformada, pasando de una cultura de cálculo a una cultura de simulación. La fascinación por los ordenadores solía estar asociada a la seducción de programar; hoy en día está atada a la seducción del interfaz y las convergencias: ya no es importante saber que está pasando en el interior de la máquina, sino ser capaz de moverse entre los íconos. (INJUVE, 1999) Las nuevas máquinas han permitido el desarrollo de un nuevo juego de ideas de asociaciones intelectuales y emocionales.

Entre las mujeres noruegas se pueden diferenciar cuatro modelos de percepciones acerca de los computadores: a) juguete avanzado para jugadoras informales, b) juguete hecho para tareas productivas, c) herramienta útil y aburrida para las estrategas, d) juguete útil para estrategas lúdicas. En cambio, los juegos son parte de los intereses masculinos, solipsistas y antisociales (matar, disparar, sangre…). Ahora bien, la gran mayoría de usuarios jóvenes ven el computador como una máquina de escribir, para re-escribir sus expresiones.

El computador se potencia infinitamente gracias a Internet, que permite al menos las siguientes funciones: navegar (visitar páginas de estrellas), buscar información (para tareas escolares) y tener tertulias (conexión en directo con otras personas del mundo). Sin lugar a dudas, Internet es el fenómeno de la cultura informática que más ha contribuido a pensar la identidad en términos de multiplicidad: como un conjunto de roles que pueden ser negociados, mezclados y combinados.

El desarrollo de las TIC ha dado lugar a la aparición de redes sociales de intercambio de materiales (culturales y otros) por parte de los jóvenes: música, películas, software informático… todo un mercado gratuito de solidaridad (P2P). Los medios unidireccionales tradicionales son reemplazados por las TIC, mediadores tecnológicos de verdadera interacción social en forma multidireccional, medios modulares con los que se puede redirigir el contenido, reconfigurarlo y juntarlo todo de nuevo… Al tiempo que se crean redes de intercambio de bienes materiales, también se crean otras de intercambio de experiencias y opiniones que potencian la negociación (chats, juegos colectivos, búsqueda de pareja o amigos…), la sociabilidad y nuevas identidades en una esfera pública global. La creación de bitácoras electrónicas –más comúnmente llamadas weblogs- generan la novedad de espacios personales compartidos donde se juega a construir narrativas, identidades múltiples y mundos posibles de acceso restringido.

De más reciente aparición y enorme aceptación entre todos los jóvenes, el teléfono celular es hijo del teléfono de Bell (trasmite voz); hijo del telégrafo de Morse (trasmite texto); hijo de la radio de Marconi (trasmite voz y textos inalámbricamente); hijo del primer ordenador (trasmite datos en red). El celular no es simplemente una tecnología, sino una herramienta con la que se realiza la interacción social. El celular es algo más que un simple teléfono: es un medio personal, para fines de comunicación individual, un espacio para jugar, un auténtico símbolo de identidad, con opción de comunicación anónima, donde se puede ampliar el ‘campo de la experiencia erótica’, creador de nuevas formas de escritura (entre el lenguaje escrito y el hablado).

El celular era considerado en sus inicios un símbolo de estatus, asociado a la eficacia en el uso del tiempo de los hombres de negocios y a la organización de sus relaciones sociales. Ha pasado a convertirse en una herramienta para organizar la vida diaria, asociado en la vida de los jóvenes al uso del resto de tecnologías de la información y la comunicación.

Cuando lo adoptan los jóvenes se convierte en:
- un canal de comunicación libre del control de los padres, la oportunidad para la individualización y la capacidad de adentrarse en la red social de los iguales…
- un objeto identitario: debido a su apariencia (look), a su marca, a la imagen que proyecta (deportiva, de chico bien, de aventurero o de moda), a la miniaturización e integración al cuerpo, a que llena el vacío de sentido colectivo
- un objeto igualitario: tanto para chicos como para chicas (les sirve por igual para ‘estar juntos’), síntesis del teléfono y de las nuevas tecnologías, símbolo generalizado de la modernidad
- un objeto para la independencia y la autonomía: es personal (no es el teléfono de la familia), permite formas diferentes de interacción, democratiza internamente la familia al acentuar la autonomía de los individuos, al cambiar de número se escapa de la tribu, define un nuevo modo de comunicación basado más en la transmisión de informaciones que en el decoro de las conversaciones
- un objeto personalizable y personalizado: con carácter y apariencia únicos, con accesorios renovados permanentemente, a la moda
- una herramienta veloz e instantánea, aunque lamentablemente no está hecho para la comunicación grupal juvenil (razón por la cual los jóvenes norteamericanos lo usan mucho menos que los europeos)
- un aditamento rabiosamente local (para hablar con el grupo de referencia que es del colegio, del barrio, del vecindario…)
- un objeto de ocio y diversión: permite ‘matar el tiempo’, jugar en la red
- un objeto de comunicación: ‘recibo llamadas, luego existo (como ser social)’; dado que estar juntos con la familia ya no existe, ésta se recompone en ‘otra parte’ al menos virtualmente; su uso más que instrumental es ‘expresivo’, más que privado es íntimo
- un refugio discreto para relaciones al abrigo del control parental, una herramienta para gestionar la vida afectiva.

La telefonía celular recoge la pretensión de la accesibilidad perpetua, y ha sido ‘re-inventada’ permanentemente por los usuarios. Su inoportunidad (al sonar en sitios y momentos imprevistos) ha exigido, p.e. la solución de la ‘mensajería de texto silencioso permanente’.

Más recientes y juveniles aún son el IPOD y su antecesor, el MP3: reproductor de música amigable, familiar, totalmente lleno de pequeñas sorpresas. Los sonidos ahora tienen el gusto del iPod. Permite llevar muchas horas de la colección personal, más de 5.000 canciones, en la palma de la mano, para escucharlas en todas partes a donde uno vaya, y además almacenar archivos y juegos. Un solo click basta para seleccionar entre millares de canciones preferidas y comenzar a gozar de la música.

Nos remitimos al concepto de CULTURA MEDIATICA en el cual se juntan problemas de identidad cultural, política e ideología. Douglas Kellner (1994) lo desarrolla a partir de artefactos culturales tales como el cine, la televisión y la música contemporáneos. Al hacer una revisión poco ortodoxa de la producción y el intercambio simbólicos agenciados por Reagan, Rambo, películas juveniles de horror, música rap y cultura afro-americana, Madona, la moda, los noticieros y magazines, MTV, Beavis y Butt-Head, la guerra del golfo como texto cultural, la ficción cyberpunk y la teoría postmoderna... se pueden leer allí en imágenes y sonidos espectaculares y permanentes de la cotidianidad la emergencia de opiniones políticas así como patrones de comportamiento que la gente adopta. Muchos modelos de ser hombre o mujer, exitoso o fracasado, poderoso o incapaz, así como sentidos de clase, etnia, nacionalidad, sexualidad... son tomados de la valoración que proponen los medios. Como en un supermercado, se encuentra provisión de símbolos, mitos, objetos deseables, creencias, juicios compartidos acerca del bien y del mal, en una globalización mundial de las culturas.

Sorprende que los dramas y las telenovelas (melodramas) juntos se roben las preferencias de los jóvenes, lejos de aquellos programas “light” que supuestamente son para ellos. Parece claro que tampoco las programadoras son conscientes de la especificidad de este segmento poblacional ni de sus “sensibilidades” propias.

La oferta cultural de televisión juvenil, modelizada desde 1993 en el canal norteamericano MTV (Music Television) “ha conquistado y fascinado al mundo. Ha encantado a los jóvenes con su lenguaje directo, su movimiento constante, el estilo Cindy Crawford, las playas de California y los ritmos que viven en el límite. Su éxito está en que se diseñó para un público específico, se construyó primero la audiencia y luego se armó el paquete de emociones y estilos para ofrecer a las corporaciones que podrían pautar en el canal. No le interesa integrarse con el proyecto político y social de su audiencia, cada uno puede ser como quiera. Los videos al estilo MTV son un laboratorio para la experimentación con nuevas tecnologías y narrativas. La velocidad como principio narrativo de la televisión hace que una toma de medio segundo sea una imagen muy larga. La idea es extender la frontera expresiva. Los jóvenes encuentran en el estilo MTV una de sus formas predilectas: el video clip...

La idea de las televisiones juveniles es crear una atmósfera y una actitud de vida. A manera de ilustración, bajo el título Lección de Historia, un relato de 30 segundos en sensibilidad juvenil: Un grupo de tres jóvenes hablan acerca de música pop mientras hacen la comida; el video es grabado en estilo documental blanco y negro. Después que el más viejo de los tres jóvenes se queja que hoy ‘la música es toda sin sentido’, el más joven expresa el mensaje de MTV al preguntar ‘¿desde cuando vivir sin sentido es malo?’. Ella continúa: ‘usted puede vivir sin sentido y eso está bien. Usted no tiene que vivir con sentido todo el tiempo’. El video termina con las palabras ‘Significante sin sentido’ superpuestas en la pantalla... Las televisiones juveniles, a imitación de los jóvenes, buscan desarrollar sensibilidades propias de nuestro tiempo más que proponer argumentos”. (Rincón, O., 1994)


2. La estructura del sector televisión y la televisión para niños y jóvenes


2.1. La transformación de la estructura del sector y sus características actuales

Aunque hoy en Colombia la televisión continúa siendo definida por ley como un servicio público , la televisión, así como los demás servicios públicos, fueron objeto en los años noventa (incluso hasta hoy) de profundas transformaciones en el contexto de la reforma del Estado, que estuvo inspirada en una visión según la cual el Estado debía disminuir su función como proveedor directo de servicios y centrarse en un papel regulador de las empresas privadas que prestarían los servicios. Esta reforma ha estado fundamentada en la crisis fiscal del Estado de los ochentas y en los presupuestos ideológicos que desde esta época presentan al mercado como el mejor mecanismo de asignación de recursos.

Antes de la reforma estructural generada por la Constitución de 1991, el sector de la televisión estaba compuesto por tres canales nacionales y cuatro canales regionales en la televisión abierta de operación pública. Existían también algunas empresas de televisión por suscripción y gran cantidad de sistemas ilegales de recepción y emisión de señales incidentales (antenas parabólicas). Dos de los canales nacionales operaban en un sistema mixto, en el cual interactuaban empresas privadas con la fuerte presencia del Estado. Bajo este esquema, el Instituto Nacional de Radio y Televisión, (Inravisión), empresa industrial y comercial del Estado, era la entidad encargada del mantenimiento y operación de la red de transmisión nacional. Además Inravisión era el encargado de asignar las licitaciones a empresas privadas para desarrollar la programación de estos canales y de desarrollar la programación del Canal Once que era un tercer canal con cubrimiento nacional que tenía fines educativos y que era programado directamente por el Estado. De esta manera, el Estado tenía la tarea de manejar buena parte de las decisiones tecnológicas y de transmisión de la señal, ejercía las labores de control y vigilancia, imponía sanciones, manejaba los dineros que provenían de diferentes fuentes del sector, reglamentaba la programación, le imponía porcentajes a la inversión extranjera y exigía determinados porcentajes de producción nacional. (Reina, M., et alt. 2006: 83-129)

Con la Constitución de 1991 se abrió el espacio para transformar esta estructura de suministro del servicio público de televisión. Se terminó el monopolio estatal de emisión y transmisión de señales de televisión abierta y desde entonces, cualquier colombiano puede fundar medios masivos de comunicación, es decir, estos son libres pero según el Artículo 20 tienen una responsabilidad social. Es así como en 1997 se entregan en concesión por diez años dos canales de cubrimiento nacional a las empresas RCN y Caracol. En las cláusulas del contrato de concesión se dispuso que se les aseguraba a estos dos nuevos canales la exclusividad por diez años del segmento de televisión nacional abierta de operación privada.

Por otro lado, los Artículos 75 y 365 de la Constitución de 1991 dispusieron que el espectro electromagnético es un bien público inenajenable e imprescriptible, sujeto al control y a la gestión del Estado, por lo cual éste debe garantizar la igualdad de acceso, el pluralismo informativo y la competencia en el medio y al ser un servicio público, debe asegurar su prestación eficiente a todos los habitantes del territorio nacional.

Los artículos 75, 76 y 77 de la Constitución de 1991 establecieron que la dirección de la política que en materia de televisión determinara la ley, la regulación, la intervención, gestión y control del espectro electromagnético utilizado para los servicios de televisión y el desarrollo y ejecución de planes y programas del Estado en el servicio de televisión, estará a cargo de un organismo del orden nacional, de derecho público con personería jurídica, autonomía administrativa, patrimonial y técnica, sujeto a un régimen legal propio.

Mediante la ley 182 de 1995 se desarrolló este organismo, la Comisión Nacional de Televisión –CNTV- la cual tiene un papel intermedio en la definición de políticas públicas para la TV ya que el Congreso tiene competencias para establecer leyes en el sector de la televisión y actúa de manera coordinada con el Ministerio de Comunicaciones. Las principales funciones establecidas por la Ley 182 de 1995 son: 1. Dirigir, ejecutar y desarrollar la política general del servicio de televisión, determinada en la Ley; 2. Adelantar las actividades de inspección, vigilancia, seguimiento y control para una adecuada prestación del servicio público de televisión; 3) Formular los planes y programas sectoriales para el desarrollo de los servicios de televisión y para el ordenamiento y utilización de frecuencias, en coordinación con el Ministerio de Comunicaciones. Igualmente controla y regula las modalidades del servicio de televisión y canaliza los recursos para la financiación de la televisión de operación pública y del Fondo para el Desarrollo de la Televisión. Además debe estimular y proteger la industria de la televisión para lo cual debe desarrollar el Plan Nacional de Televisión.

La CNTV interviene en el espectro electromagnético utilizado por los servicios de televisión. Mediante procesos de licitación, la entidad otorga contratos de concesión a agentes privados para la operación de nuevos canales nacionales y locales, y para la programación de los espacios del Canal Uno. Este proceso también se aplica para la adjudicación de la modalidad de televisión por suscripción y satelital. Por otra parte la CNTV, es la entidad que expide licencias para crear y operar empresas de televisión por suscripción y de televisión satelital. Además, otorga las licencias para la creación de canales locales sin ánimo de lucro, de canales comunitarios y de distribuidores formales de señales incidentes. Además, la CNTV está encargada de diseñar, aplicar y supervisar el cumplimiento del marco regulatorio para todas las modalidades del servicio de televisión, así como de promover el desarrollo de la televisión pública.

Para llevar a cabo estas funciones, la CNTV tiene como fuente de financiación sus ingresos directos, que entre otros, permiten surtir con sus recursos al Fondo para el Desarrollo de la Televisión y el proceso, como tal se fortalece de las siguientes fuentes:

• El 100 % de los excedentes financieros que en cada ejercicio reporte la Comisión Nacional de Televisión, una vez descontadas las reservas previstas en el Literal f, del artículo 12 de la Ley 182 de 1995.
• El uno punto cinco por ciento (1.5 %) de la facturación bruta anual de los concesionarios de los canales nacionales de operación privada de conformidad con lo estipulado en el parágrafo 2 del artículo 16 de la Ley 335 de 1996.
• Las sumas que reciba la Comisión Nacional de Televisión de los concesionarios del servicio de televisión por suscripción, cableada y satelital, como producto de las compensaciones, en los términos de que trata el parágrafo 2 del artículo 8 de la ley 335 de 1996.
• Los rendimientos financieros que produzcan las inversiones del Fondo.
• Los aportes y donaciones en dinero o en especie de las personas naturales o jurídicas, nacionales o extranjeras que le sean entregadas a la Comisión Nacional de Televisión con destinación específica al Fondo para el Desarrollo de la Televisión.
• Los aportes del presupuesto nacional y los que reciba a cualquier título de la Nación o de cualquier otra entidad estatal que le sean entregadas a la Comisión Nacional de Televisión con destinación específica al Fondo para el Desarrollo de la Televisión.
• Los rendimientos financieros que generen los recursos entregados a las entidades beneficiarias.
• Los saldos de los recursos de los proyectos adjudicados que no hayan sido ultilizados en la ejecución del proyecto.
• Los excedentes financieros del Fondo correspondientes a la vigencia fiscal anterior.
• Los recursos que sean reembolsados por alguna de las entidades beneficiarias, en virtud de la asignación reembolsable de que trata el artículo 8° del mencionado acuerdo.
• Los bienes recibidos en dación de pago por la CNTV, previa determinación de la junta directiva .

Es importante anotar que en el 2004 mediante los decretos 3550 y 3551, se liquidaron dos entidades: Inravisión y Audiovisuales. Hasta el 2004 Inravisión mantuvo las funciones de gestión y administración de la infraestructura de transmisión de la televisión nacional abierta de operación pública y además era la encargada de la dirección de Señal Colombia. El Ministerio de Comunicaciones, el Ministerio de Cultura y el Ministerio de Educación participaron en el proceso de producción y programación de este canal, supervisando que se cumpliera su objetivo cultural y educativo. La programación del Canal Uno la llevaban a cabo programadoras privadas. Audiovisuales, por su parte, estuvo a cargo de la planeación y el control del tercer canal nacional de operación pública hasta el 2004: el Canal Institucional. El Ministerio de Comunicaciones ejercía las funciones de planeación y control sobre Audiovisuales.

Los citados decretos también transfirieron las funciones de Audiovisuales y de Inravisión a Radio y Televisión de Colombia RTVC, una nueva empresa industrial y comercial del estado que está encargada actualmente de la producción, programación y operación de la red pública de radio y televisión. Esta entidad hoy produce y programa los contenidos de los canales Señal Colombia y Canal Institucional y es el operador de la emisión del Canal Uno. Y tiene la posibilidad de producir directamente o contratar con terceros la producción de los programas. La entidad además se financia con las transferencias que la CNTV le hacía a Inravisión y a Audiovisuales y es controlada y supervisada por el Ministerio de Comunicaciones y la CNTV.

Hoy existen siete servicios de televisión prestados por un conjunto de operadores públicos, mixtos y privados. Estos últimos han logrado concentrar la audiencia y los ingresos del sector.

Es importante señalar que la aparición de nuevos operadores en los segmentos ha cambiado las preferencias de los televidentes y por ende la focalización del gasto publicitario en televisión de las empresas colombianas. De esta manera mientras los canales privados, a nivel nacional y local y los operadores privados de televisión cerrada (por suscripción o satelital) han logrado consolidarse en una dinámica de crecimiento en términos comerciales, de calidad del servicio y de audiencia captada, la televisión pública, por su naturaleza, opera con otros criterios, ya que es definida como se indica a continuación :

Es aquel servicio público de televisión abierta, de carácter educativo y cultural, programada y administrada por el Estado, con miras a la satisfacción del interés público y su preeminencia sobre el privado, bajo criterios de plena independencia del gobierno y de las fuerzas políticas y económicas, para ser emitida a través de Señal Colombia y los canales regionales, y dirigida a garantizar en forma idónea, eficaz e imparcial, el pluralismo informativo, cultural y social, el fortalecimiento de la identidad nacional y regional, la formación democrática y participativa de los ciudadanos, y el acceso al conocimiento.

En este sentido, los canales de televisión pública reconocidos por esta definición son: Señal Colombia Educativa y cultural, Canal Institucional y los ocho canales regionales. El canal UNO por ser de carácter mixto no es considerado público. Tampoco lo son los canales locales.

A continuación se presentan cada uno de los servicios de televisión que hoy existen en Colombia, en función de su característica técnica, es decir, del medio utilizado para distribuir la señal de televisión al usuario del servicio, y fueron creados en el contexto de las reformas estructurales de los años noventa.

2.1.1. Televisión radiodifundida o abierta

1. La televisión nacional abierta de operación pública
Los tres canales que operan en este segmento son: el Canal Uno, Canal Institucional y Señal Colombia. El Canal Uno es programado por empresas privadas y no recibe recursos por parte de CNTV; el canal institucional es programado por el Estado y Señal Colombia contrata su programación con productores independientes inscritos en el Registro Único de Productores y Realizadores. La financiación de los canales públicos proviene de la CNTV, mediante transferencia de fondos a través de la RTVC. En el caso del Canal Uno, este percibe ingresos de la publicidad, los cuales en los últimos años presentan una tendencia a la baja debido a que las empresas prefieren pautar en los canales privados: RCN y Caracol.

Los contratos de concesión de los espacios en el Canal Uno, son adjudicados desde 1997 por la CNTV. En el año 2004 se hizo una segunda adjudicación.

Los concesionarios del Canal Uno a septiembre del 2005 son: Compañía de Medios de Información Ltda. (CMI LTDA); Unión Temporal Colombiana de Televisión S.A. y Nacional de Telecomunicaciones S.A. – (NTC S.A.); Consorcio Jorge Barón Televisión LTDA Y SPORTSAT S.A. y Unión Temporal radio Televisión interamericana S.A. (RTI S.A.) y Programar Televisión S.A.

2. La televisión nacional abierta de operación privada

Dentro de este segmento existen dos canales operados por particulares: Canal RCN y Canal Caracol. Estos canales como ya se anotó tienen exclusividad por diez años en este segmento y además hasta la terminación del contrato de concesión (adjudicado por la CNTV hasta el 2007), son dueños de la red de transmisión construida por ellos para operar los canales. Su financiación proviene de los ingresos por su actividad comercial.

3. La televisión regional


DIRECTORIO DE CANALES REGIONALES

CANAL REGIONAL Cubrimiento

TELECAFE
Eje Cafetero

TELECARIBE
Costa Caribe

TELEPACIFICO Occidente

TELEANTIOQUIA Antioquia

TELEVISION REGIONAL DE ORIENTE - T R O Santander y Norte de Santander

CHANNEL SEVEN-TELEISLAS Archipiélago de San Andrés y providencia

TEVEANDINA 14 Departamentos, zona Centro y Sur oriente del País

CANAL CAPITAL LTDA. Bogotá D. C.

Actualizado 05-03-07 Fuente: http://www.cntv.gov.co/pdf/DIRREGIONAL

El acuerdo 012 de 1997, define y reglamenta la creación de los canales regionales. En igual forma lo hacen los artículos vigentes de la Ley 14 de 1991. Frente al patrimonio de los canales regionales el artículo 7 del acuerdo 012 establece su composición. La CNTV no hace transferencias directas a los canales regionales; los aportes se realizan con base en lo establecido en el acuerdo 001 de 2002 que regula el fondo para el Desarrollo de la Televisión.


Fuente: www.CNTV.gov.co

A diferencia de los canales nacionales de operación pública, regidos por el sistema estatal, estos ocho canales no han dependido de Inravisión o Audiovisuales, ni hoy de la RTVC en las funciones de producción, programación y comercialización de sus productos. Los canales regionales tienen la posibilidad de abrir licitaciones públicas para contratar el servicio de programación. Su financiación proviene de las transferencias directas hechas por la CNTV, los aportes de sus socios, y los ingresos por su actividad comercial. (Reina, M., et alt., 2006: 83-129)

4. La televisión abierta local con ánimo de lucro
Este tipo de televisión es adjudicada a través de licitación pública. A 11 de diciembre de 2006 (fecha de entrega de este informe final) el directorio de operadores de la CNTV solo lista a City TV que opera en Bogotá. La CNTV autoriza las concesiones por 10 años: una sola para cada capital de departamento y ciudades con población superior a 100.000 habitantes hasta un millón de habitantes y dos para cada municipio con población superior a un millón de habitantes. Cada canal debe financiar su operación por medio de la comercialización de sus espacios y puede producir su programación o contratar a terceros.

5. La televisión abierta local sin ánimo de lucro
En este segmento existen 41 canales locales (a agosto de 2006), de los cuales ocho operan en Bogotá. Este servicio es prestado por comunidades organizadas, instituciones educativas, fundaciones y corporaciones o asociaciones sin ánimo de lucro. La CNTV tiene expedida una licencia indefinida a estos operadores. Estos canales no pueden comercializar los espacios como lo hace City TV. Su sostenimiento depende de los aportes, auspicios, colaboraciones o patrocinios que reciban. Estos canales pueden producir su programación o contratar a terceros. (Reina, M., et alt., 2006: 83-129)

2.1.2. Televisión cableada, cerrada y satelital

1. La televisión por suscripción y satelital
La señal de este servicio de televisión está destinada a ser recibida únicamente a través de cable u otro mecanismo por personas autorizadas por el concesionario.
Fuente:http://www.cntv.gov.co/mstv.html

En la actualidad existen 66 concesionarios de televisión por suscripción (a febrero del 2006) entre los que están, Cable unión de Occidente, Cablecentro, EPM Televisión, TV Cable, Costa Visión, Cable Andino, TV Cable Pacífico, Cable visión, entre otras. La CNTV otorga las concesiones por 10 años para la operación de estas empresas que tienen fines lucrativos. (Reina, M., et alt., 2006: 83-129)

En lo que respecta a la televisión satelital, la señal tiene cubrimiento nacional, a diferencia del segmento anterior, y es trasmitida, emitida, difundida y programada desde el extranjero, a través de satélites de difusión directa y hasta equipos terminales de recepción individual. A septiembre del 2004 existían dos operadores : Sky Colombia y Directv Galaxy de Colombia Ltda., los cuales tienen fines lucrativos. La CNTV otorgó las licencias a estas empresas en 1997.

2. La televisión comunitaria e incidental
Existen 106 operadores autorizados de televisión comunitaria a nivel nacional (Agosto del 2006). El servicio es prestado por organizaciones comunitarias, es decir, asociaciones de derecho integradas por personas naturales residentes en un mismo municipio o distrito o en parte de ellos, en las cuales sus miembros estén unidos por lazos de vecindad o colaboración mutuos. Estos operadores no deben tener ánimo de lucro y además sus fines deben ser educativos, recreativos y culturales. Estos canales pueden contratar la producción de la programación y comercializar una parte de su programación propia.

Este tipo de servicio se presta bajo la modalidad de Televisión Cerrada, por uno o varios canales de la Red. Así mismo, por razón de su restricción territorial y por prestarse sin ánimo de lucro, este servicio no se confundirá con el de Televisión por suscripción. (…) Podrán cubrir, un área geográfica contínua, determinada por urbanizaciones, condominios, conjuntos residenciales, barrio o asociación de barrios y ámbitos rurales aledaños a los cuales la señal deberá llegar necesariamente por cable, es decir, en forma cerrada. En todo caso el área cubierta por el operador de Televisión Comunitaria no podrá ser superior a seis mil (6000) a.sociados

El servicio de distribución de señales incidentales es prestado por las empresas de televisión satelital nombradas anteriormente y también por organizaciones comunitarias sin ánimo de lucro. En referencia a estas últimas, a diferencia de la televisión comunitaria, solo reciben y distribuyen esas señales, no prestan el servicio de producción propia y por lo tanto no pueden emitir pauta publicitaria.

Además, como ya se anotó antes, mediante el Acuerdo 05 de 2006 se creó el Canal Universitario Nacional que en octubre realizó sus primeras emisiones de prueba. Este canal que utiliza el sistema de transmisión satelital, es un proyecto de televisión de interés público, educativo, científico, social y cultural para la formación ciudadana, que apunta a permitir al sistema universitario público y privado y al Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología acceder el servicio público de televisión.

Por último, recientemente está definiéndose cómo va a ser prestado en servicio de televisión digital. La televisión digital opera a través de un sistema que transmite datos digitales, el mismo tipo de información que manejan los computadores. Entre sus ventajas están las siguientes:

Más cantidad, calidad y variedad de los contenidos, La T.V. digital permitirá más programas, que se escogerán de una guia Electrónica de Programación, con un menú sobre la programación disponible. El hecho de aumentar la oferta de programación redundará en beneficio de la variedad e innovación y abrirá nuevas opciones de empleo. Esto incentivará la industria de la televisión, en especial de los productores, que tendrán mayores posibilidades de ofrecer sus productos

Igualmente, se pueden transmitir imágenes de mayor definición que las de la TV actual (analógica), sonido envolvente tipo sala de cine, nuevas opciones para el televidente (por ejemplo, cambio de idioma o información adicional en la pantalla), compatibilidad con dispositivos digitales (como los computadores) e interactividad que permite la participación del televidente en programas mediante votaciones, encuestas y concursos en línea. Además contiene guías electrónicas de programación y prevé la personalización de los contenidos.

Actualmente se presenta una controversia que tiene que ver con la selección del sistema digital qué le conviene más al país y sobre qué entidad regulará este segmento de televisión y cómo va a hacerlo. Es claro que estas decisiones no se definen solo por criterios técnicos, porque tienen un gran impacto económico y político.

Respecto a la selección del sistema digital en la actualidad, son cuatro los estándares de televisión digital desarrollados en el mundo: el sistema europeo DVB, el estadounidense ATSC, el japonés ISDB y el chino DMB. En junio pasado el gobierno de Brasil se inclinó por el estándar japonés, lo que generó revuelo en toda América Latina debido al peso que tendrá esta decisión, por ejemplo, en la producción regional de televisores con uno u otro estándar. México se orientó al sistema americano y Chile, Argentina y Uruguay han avanzado en el tema, pero sólo el próximo año tomarán una decisión. En el caso colombiano no hay que olvidar que México -uno de los mayores fabricantes de los televisores que se venden en Colombia- ya optó por la tecnología digital estadounidense.

La segunda controversia que se presentó a finales del 2006 entre La Comisión Nacional de Televisión, CNTV, y el Ministerio de Comunicaciones tiene que ver con la entidad que va a planear y regular el segmento de televisión digital .

El Ministerio de Comunicaciones publicó en su página de Internet un proyecto de decreto que “busca reglamentar la convergencia de los servicios de telecomunicaciones”, y en el cual se dispone que “los servicios de telecomunicaciones que permitan el intercambio de signos, señales, voz, datos, imágenes, audio, video, escritos y sonidos o de información de cualquier naturaleza haciendo uso de redes de servicios básicos, telemáticos y de difusión que hagan uso del protocolo IP, se sujetan para todos los efectos al régimen legal establecido para los servicios de valor agregado, a las demás disposiciones previstas en este Decreto y serán competencia exclusiva del Ministerio de Comunicaciones”

Por otro lado, en la CNTV reaccionó a este proyecto y en una carta enviada a la ministra María del Rosario Guerra le pidió que "se abstenga de reglamentar cualquier forma de prestación del servicio de televisión y en especial, la televisión por suscripción" . Es importante anotar que el artículo 77 de la Constitución, estableció que la dirección de la política en materia de televisión que determinara la ley, estaría a cargo de un ente autónomo, es decir, de la CNTV. Además, el artículo 20 de la ley 182 de 1995 clasifica el servicio de televisión por suscripción como aquel en el cual la señal, independientemente de la tecnología de transmisión utilizada y con sujeción a un mismo régimen jurídico de prestación, está destinada a ser recibida únicamente por personas autorizadas para la recepción. De este modo, el servicio de televisión por suscripción, independientemente de la tecnología y el medio de transmisión utilizados, puede ser prestado por las personas jurídicas autorizadas exclusivamente por la Comisión Nacional de Televisión mediante contrato de concesión.

Cabe resaltar que el problema central se circunscribe a la naturaleza del servicio, es decir: ¿se trata de televisión?, ¿es un valor agregado? De la respuesta a este interrogante dependerá, entre otros aspectos, la entidad reguladora. Si se trata de un servicio de televisión, la autoridad competente es por Constitución la Comisión Nacional de Televisión. Si es un servicio de valor agregado, la autoridad competente es la Comisión para la Regulación de las Telecomunicaciones, que en este momento depende del Ministerio de comunicaciones. Sin embargo, como se expresó en relación con este debate, lo fundamental es garantizar que la entidad reguladora no se limite a ser una dependencia del gobierno de turno, sino que refleje el espíritu de la Constitución , en el sentido de que su composición sea estatal, es decir que en ella haya participación de los distintos sectores que intervienen en la prestación del servicio, asi como de los usuarios. Ello es particularmente importante para darle continuidad al “compromiso de una Televisión de calidad para niños y jóvenes” .

De todas maneras, con el desarrollo de la convergencia y de la televisión digital es previsible una creciente fragmentación de las audiencias, lo cual deberá tenerse en cuenta en la fijación de políticas públicas que garanticen a niños y jóvenes una televisión de calidad. Estas nuevas circunstancias deben ser analizadas en una segunda fase que continúe la presente investigación y que mida el impacto del desarrollo multimedial. En efecto, más allá de las posibilidades tecnológicas, es necesario profundizar en la apropiación y los usos que de las mismas hacen los actores sociales (“comunidades de apropiación”, para utilizar la expresión de Guillermo Orozco) lo cual, a su vez, incide en la construcción de las políticas públicas.

2.2. La televisión para niños y jóvenes en Colombia

Un estudio de María Paula Arango (1990) ha permitido tener una buena lectura acerca de la programación de la televisión para niños y jóvenes en Colombia, desde la puesta en funcionamiento del servicio de la televisión en Colombia hasta 1990. Arango realiza un análisis a partir de los programas que duraron más de 4 años seguidos. A continuación se presentan los principales aportes de este estudio:

El primer programa de la televisión infantil fue el Club del Tío Alejandro, programa de carácter educativo, que tuvo una duración de 6 años (con algunas interrupciones por la situación precaria de la televisión). En 1955 se crea también Telecirco, programa recreativo que transmitía en vivo el espectáculo del circo. Estos dos programas fueron financiados por Caracol. En este año también se crea el primer programa infantil financiado por el Estado: Los Grandes Cuentistas del Mundo, que existió anteriormente en la Radiodifusora Nacional. En él participaban directamente los niños como actores, los cuales eran seleccionados del grupo que estudiaba arte dramático en la escuela de radioteatro infantil. Este dramatizado duró 7 años (hasta 1961) años y se emitía los sábados en la tarde por 30 minutos. En 1962 entra un nuevo programa en su reemplazo “El Cuento Colombiano”, dramatizado para niños, patrocinado por Punch. De 1958 a 1962 se emite La infancia de los grandes hombres, dramatizado de niños que se transmitía los viernes en la tarde.

Arango anota que a partir de los años sesenta, el Estado prefiere conceder cada vez más espacios a la empresa privada pues disminuía la inversión y lograba mayores ganancias al cobrar por el espacio de emisión. Algunos ejemplos de esta reforma fueron programas como Infantil Chiclets Adams (de variedades), Telecirco Milo (recreativo), Pinochito de mi alma y Hula Hula, programas en general recreativos que tuvieron gran acogida.

Debido al crecimiento de la demanda en 1965, anota Arango, empezó a planearse el sector y se realizó una reorganización del mismo. Se tomó la decisión de reglamentar el arrendamiento de espacios para la televisión y así organizar los horarios para las audiencias y establecer los criterios de producción y las tarifas por hora y minuto dependiendo de los espacios a licitar.

De 1965 a 1970 Arango destaca el tío Memo y su club (programa de variedades), los Picapiedra (emitido por PUNCH), Cumpleaños Ramo (programa de variedades). Sin embargo, anota que el más importante en estos años fue Animalandia, programa que se transmitió por 17 años. Era un programa de variedades y recreativo, centrado en el cuidado y afecto por los animales, por parte de los niños. Se transmitía los domingos de 10 a 11 de la mañana. Años más tarde este programa fue reemplazado por Domingos Gigantes (Dominguísimo) y en él participaban no sólo niños, sino adolescentes y jóvenes.

De 1970 a 1980 sobresale Animalandia, y también cobra importancia Minimonos (programa recreativo de concurso), el cual enseñaba a los niños a crear personajes. Sin embargo, el principal programa fue Plaza Sésamo (programa didáctico) que duró 13 años. Plaza Sésamo, en su etapa inicial, fue emitido por Punch (1973-1977) y en una segunda etapa por RTI (1977-1986). Este programa estaba dirigido a niños de la etapa preescolar y en él se enseñaban pautas de comportamiento social como el juego, las relaciones con los mayores, la existencia y el trato a los animales, entre otros temas. En este último año salió de la televisión nacional para volver años más tarde. Su diseño, anota Arango, fue un claro ejemplo de televisión desde los niños y para los niños. En este periodo sobresale también el programa Disneylandia.

De 1980 a 1990 se destaca Los Dumis, programa que duró al aire 9 años y el cual fue producido en una primera etapa por RCN, luego por la Presidencia de la República y más tarde por Caracol. Este programa era de carácter educativo cívico y tenía el objetivo primordial de recuperar los valores y obligaciones ciudadanas. Además, este programa en los noventas fue vendido a otros países mientras en Colombia comenzó a emitirse en espacios de relleno. Arango plantea que después de este programa no se observa participación del Estado en la producción de programas ya que no existía motivación económica por parte del estado y del sector privado que promoviera la televisión infantil.

Otro de los más importantes programas de esta década fue Ver para Aprender, programa educativo emitido por Coestrellas que se creó en 1985. Duró 5 años y se emitía los sábados a las 9 de la mañana, por 30 minutos. Ver para Aprender se convirtió en un programa no viable en el momento en que empieza a tener como competencia a Mapache, programa recreativo. Y se destaca también Imagínate (1987), un dramatizado que contaba historias de niños y que se transmitía los lunes de 4:30 a 5 pm. También Lotería (1987), programa educativo que duró 4 años.

Después de hacer un recorrido por la programación más significativa para niños en la televisión colombiana, la autora plantea que la tendencia de toda la historia de la televisión infantil hasta 1990 ha sido producir programas de carácter recreativo y de variedades y que el caso más representativo es Animalandia que duró 17 años al aire. Por otro lado anota que los programas con mayor calidad de producción fueron los extranjeros, especialmente Plaza Sésamo. Y concluye planteando que programas como los Dumis y Ver para aprender pretendieron romper con el esquema tradicional y proponiendo formas de educación a través de la diversión y la fantasía, pero que la falta de apoyo económico estatal los llevó a su desaparición.

La programación infantil y juvenil a partir de 1990 ha sido investigada de manera poco sistemática. Prevalecen los estudios sobre audiencias, sobre la influencia de los medios de comunicación en el comportamiento de los niños y jóvenes, sobre su dimensión educativa, sobre los efectos en la socialización de los contenidos de los programas que ven los niños o sobre los derechos de los niños en relación a la televisión, entre otros. Sin desconocer la gran importancia de estos estudios, que han contribuido a ampliar el conocimiento en la relación televisión/niños y jóvenes, se hace necesaria también la realización de investigaciones sistemáticas sobre la programación infantil y juvenil en Colombia ya que cualifican el conocimiento sobre el tema y contribuyen a tomar mejores decisiones no solo por parte los entes reguladores del sector sino también por los productores públicos y privados.

Los estudios sobre programación revisados toman en consideración periodos muy cortos de tiempo, como por ejemplo el de Natalia Calle, Liliana López y Jenny Pineda (2002), el cual se fundamenta en la observación de una semana de TV en 1999. Sin embargo, al ser uno de los pocos trabajos existentes será citado en esta investigación con el propósito de acercarnos a la programación para niños y jóvenes de los años noventas. Cabe anotar que Calle, López y Pineda hacen también una reflexión sobre estos vacíos en la investigación al señalar una ausencia de trabajos desde el polo del emisor y la producción.

La investigación tiene en cuenta una semana del mes de julio de 1999, incluye diez canales que se seleccionaron teniendo presente que tuvieran distintas naturalezas y coberturas: nacional de interés público (Señal Colombia), nacionales públicos (Canal 1 y Canal A), regionales públicos (Teleantioquia, Telepacífico, TV Andina y Canal Capital), nacionales privados (Caracol y RCN) y local privado (City TV). Sobre esta base, anotan Calle, López y Pineda (2002), “se visualizaron y analizaron los programas dirigidos al público infantil de la semana seleccionada, de acuerdo con la hora de emisión, el género, las temáticas, las intencionalidades comunicativas, los anunciantes y la procedencia del programa”. Anotan que “con la información obtenida se procedió a un análisis cuantitativo, a fin de establecer en cada canal el total de horas semanales de programación infantil, el número de programas, las tipologías, los flujos a los que pertenecen y los anunciantes. Después se comparó la emisión de carácter infantil con el total de la programación de los canales” . La metodología de Calle, López y Pineda tomó en cuenta también otros elementos como entrevistas a productores y a los anunciantes, entre otros.

Algunos de los hallazgos de la investigación de Calle, López y Pineda (2002) son los siguientes:

- Un 11% de la programación emitida por los 10 canales, fue programación infantil.

- El canal que emitió más programas infantiles fue Señal Colombia (32), el segundo lugar lo ocupó RCN con 18 programas y el tercero Caracol con 13 programas. Además, los canales que menos programas infantiles emitieron fueron Telepacífico y City TV, ambos con un solo programa, correspondiente al 1%.

- En relación a la procedencia de los programas, la mayoría es extranjera (73%) y sólo un 24% es nacional.

- En referencia a los macro géneros predomina el entretenimiento con un 63%, seguido del entretenimiento educativo con un 24%, del educativo con un 8% y del informativo con un 5%.

- El género dibujos animados representó un 48%, el dramatizado un 29%, los documentales un 7%, el club o concurso un 6%, el entretenimiento educativo un 5%, el magazín un 2% y el noticiero un 1%.

- En relación a tipos de programas de los dos principales géneros se observa que en los dibujos animados predominan los de vida cotidiana (34%). Ejemplos de este grupo son Daniel el Travieso y los Simpson. En segundo lugar predominan las aventuras fantásticas que representan el 23%, por ejemplo Mi pequeño Pony; luego las aventuras heroicas, tales como los Power Rangers y Zenky, (17%); las comedias de situaciones como los Animaniacs, (13%); aventuras como Spirou, (9%); y el tipo histórico, por ejemplo Historias Bíblicas (4%).

Por otro lado, Calle, López y Pineda (2002) también hacen un análisis de los programas más vistos por los niños, de acuerdo con mediciones del Ibope:

- De los 20 programas más vistos, todos pertenecen al género entretenimiento y solo 7 son infantiles: Dragon Ball Z, Ranma ½ y Animacs (dibujos animados), El Diario de Daniela (telenovela) El chavo del ocho (comedia), Power Rangers (película), los tres pertenecientes al género dramatizado, y Club 10, que es club y concurso.

- Los siete programas que más vieron los niños no son infantiles, sino familiares o para adultos. Los más vistos fueron los partidos de fútbol y los largometrajes. Le siguen, Crónica Real (docudrama) y yo amo a Paquita Gallego (telenovela)

- Los niños no ven televisión sólo en los horarios infantiles, ven televisión durante todo el día porque están hasta tarde en la noche y les gustan diversos géneros, no únicamente los dibujos animados.

Por otro lado, es importante anotar que en la actualidad, de los nueve servicios de televisión que hoy existen en Colombia y que fueron creados en el contexto de las reformas estructurales de los años noventa, no existe un canal para niños y el único canal dedicado a los jóvenes, Canal 13 (Teveandina), presenta casi exclusivamente videos musicales.

En Colombia la franja educativa y cultural está presente solo en los canales del segmento de televisión pública y específicamente en Señal Colombia. Sus horarios son: la educativa de 6 a.m. a 6 pm. y la cultural de 6 p.m. a 12 pm. En esta franja la mayor parte de los programas son educativos y orientados a jóvenes. Y en la cultural la programación está orientada a la población adulta.

Señal Colombia es el Canal que hoy tiene la mayor programación infantil y juvenil. Los siguientes son los programas educativos que están destinados a ser utilizados por parte de los docentes en las aulas de clase y cuyas orientaciones para su uso se encuentran en el Portal Colombia Aprende :

Tabla 1. Programas educativos para niños y jóvenes para su uso en las aulas por docentes
Lunes a Viernes Horario
Chinkanarama 8: 00 a.m. a 10:00 a.m.
Cromosomas 10:00 a.m. a 12:00 m.
Chinkanarama (repetición) 1:00 p.m. a 3 p.m.
Cromosomos (repetición) 3:00 p.m. a 5:00 p.m.
Las Rutas del Saber Hacer 3:00 p.m. a 5:00 p.m.
Dile...Más 5:00 p.m. a 5:30 p.m.

A continuación se presenta la descripción de los anteriores programas tal como es presentada en la página Web de Colombia aprende y de Señal Colombia :

Chinkanarama

Chinkanarama es un programa orientado a la audiencia infantil y se caracteriza por plantear una historia fantástica en la que cuatro niños, un perro parlante y una viajera del tiempo hacen parte de una aventura donde la indagación, la exploración y el trabajo en grupo ponen en contexto el saber hacer.

La propuesta creativa incorpora una estructura ágil que permite un recorrido constante por varios escenarios que forman parte de la vida diaria de los niños, así mismo plantea situaciones que requieren la aplicación de diversos conocimientos y de un permanente trabajo en equipo de los personajes infantiles del programa.

El enfoque pedagógico del programa se sustenta en una matriz de contenidos, modelo transversal que establece puentes entre saberes de distintas áreas para luego dar lugar a una estructura que sirve como eje temático a cada capítulo. Este modelo de relaciones no es unívoco; por el contrario, es apenas una entre múltiples maneras de clasificar y conectar las áreas de conocimiento aprovechando el potencial de los formatos de ficción, magazín, documental y página Web.

La estructura de Chinkanarama está conformada por las siguientes secciones:

-Dramatizado: Violeta, Matilda, Cosmo y Romeo son cuatro niños amigos del barrio que se reúnen en el parque para jugar y vivir aventuras en un mundo fantástico. Estos niños se enteran que deben cumplir diferentes misiones para evitar que la obscura secta de los BUH se adueñe del saber para sumir al mundo en la ignorancia. La agente Sofía es una enviada del futuro que tiene la misión de ayudarles a los niños a cumplir sus misiones y no permitir que el agente enviado por los BUH consiga desunirlos y evite la conformación del Club del Secreto Asombroso.

-Magazín: Es la parte del programa que retoma los planteamientos hechos en el dramatizado, formulando nuevos modos de abordar y aplicar las competencias básicas propuestas en el capítulo. En el magazín se incluyen secciones como: notas documentales, sección de ecología, notas de diccionario, referencias al portal Colombia aprende, sección de artes, manualidades y recetas.

-Rincones de aprendizaje: Están compuestos por material extranjero (series que plantean una progresión en sus contenidos y se ajustan a la secuencia de trabajo semanal de preescolar a quinto) y una actividad posterior de contextualización y aplicación.

Cromosomos

Es un programa juvenil y su propuesta creativa parte del reconocimiento de los jóvenes como sujetos que participan y transforman los contextos cotidianos, familiares, escolares, sociales y culturales. Teniendo en cuenta esta diversidad de contextos y la relevancia de la televisión en estos procesos de socialización, Cromosomos propone una estructura a través de cuatro tópicos básicos:

Subjetividad y jóvenes
Diversidad cultural y juventudes
Identidades generacionales y jóvenes
Política y jóvenes.

Cada programa tiene una temática específica que es tratada desde diferentes secciones:

Estudio
Sketch
Callejeando
A quemarropa
Debate
Con otros ojos
Concurso "por qué, por qué"
Periscopio
Video clips.

La propuesta de este programa se orienta a construir una audiencia juvenil como un lugar de integración e interacción con otras mentalidades y generaciones, con otras formas de aprehender y divulgar los conocimientos.

Rutas del Saber Hacer

Programa dirigido a la comunidad educativa en general, particularmente a docentes de Educación Básica y Media del país que tiene como propósito fundamental realizar una serie televisiva que permita mostrar experiencias educativas de calidad que se desarrollan a lo largo de todo el territorio nacional en las instituciones educativas, las cuales generalmente permanecen ocultas tanto para la comunidad educativa como para el grueso de la opinión pública.

Una experiencia es considerada significativa de acuerdo a los siguientes criterios: su carácter innovador, la participación de profesores, padres y estudiantes, cada uno desde sus roles, en el desarrollo de la experiencia, las transformaciones que genere en los procesos pedagógicos y el impacto que tenga en las comunidades donde se desarrolle la experiencia.

La serie de televisión busca darle visibilidad a dichas experiencias bajo el formato de documentales mediante los cuales las múltiples voces de los actores (en este caso, maestros, padres y estudiantes) narren a los televidentes cómo es que las comunidades locales y regionales buscan dar solución a los diferentes problemas que les asedian. Con este proyecto se busca que la televisión pública sea un escenario de encuentro de las regiones, y así contribuya a la construcción de una identidad nacional.

Dilemas

Este programa es un serial temático dirigido a jóvenes especialmente de la básica secundaria, con el fin de establecer un proceso de sensibilización y de reflexión en el cual, a partir de la puesta en escena de dilemas propios de los jóvenes, se fortalezcan las competencias ciudadanas.

De esta manera el programa pone en escena situaciones dilemáticas que recogen los diversos puntos de vista de los y las jóvenes en situaciones cotidianas en el marco de una construcción ciudadana.

El programa tiene una estructura en la que se desarrolla una temática semanal, utilizando sketchs, documentales, historias de vida, foros participativos, entrevistas, crónicas y preguntas detonantes que propician el ejercicio de la ciudadanía y democracia.

Por último se presenta la programación del Canal 13 y una descripción de sus programas, tal como se encuentra en la página Web del canal :

Cool play (lunes a sábado 10:00 a.m.)

Cool Play es un magazín para todas las edades, ideal para pasar las mañanas en compañía de la familia, donde se pueden ver videos musicales, conocer las últimas noticias de artistas nacionales e internacionales y participar en concursos.

Además se puede disfrutar de divertidas secciones de cine, noticias insólitas, un día como hoy y el archivo secreto, donde se conoce lo inimaginable de los artistas favoritos. Este programa se emite de lunes a sábado de 10 a.m. a 1 p.m. Se pueden enviar mensajes desde el celular...

Da beat (domingo 9:30 p.m.)

Da Beat es un espacio musical dedicado a resaltar los sucesos más importantes en la historia de la música Rap, presentado por Tostao, un reconocido artista de este género en el país.

En este espacio la programación musical es variada y los artistas que se muestran provienen de países como Estados Unidos, España, Francia, Méjico, Colombia, entre otros.

Top 21 (domingos 7-10 a.m.)

Cada domingo de 7:30 a 10 de la mañana, los mejores videos en compañía de Ricardo González, director de la franja Play TV.

Conocedores de la música informan a los televidentes sobre los temas más posicionados y entregan datos, biografías y noticias de interés para los melómanos; se conoce de primera mano la información de artistas favoritos por medio del Top 21, "lo mejor de lo mejor".

2nite (sábados 8:30 p.m.)

2Nite es un programa dedicado a mostrar la trayectoria de las mejores agrupaciones y artistas que han conquistado el mundo de la música en los años 70´s, 80´s y 90´s.

Teniendo como aliado el diseño gráfico, 2nite mezcla información e historia de la manera más fresca y menos convencional. Los clásicos y la música de vieja guardia nos hacen viajar en el tiempo a disfrutar de la mejor música.

A continuación se presenta la descripción de otros programas del Canal 13 que no están centrados en la presentación de videos:

Magazín 13... que nota!!! (Lunes a viernes 7:30 p.m.)

Es un magazín en el que los jóvenes pueden encontrar un espacio para expresarse, entretenerse e informarse acerca de todo lo que tiene que ver con su mundo y su entorno.

Deporte, música, farándula, eventos culturales juveniles, valores, testimonios y por supuesto temas de actualidad se pueden encontrar en este magazín.

En las secciones del programa se encuentra toda la información necesaria para estar actualizado en todos los temas que interesan a los jóvenes Colombianos.

Misa joven (domingo 8 am.)

Bajo la guía espiritual del Padre Gabriel Londoño llega la Misa Joven del Canal 13.

Música, cantos y alabanzas de jóvenes ‘pilos’ y comprometidos, llegan para fortalecer y afianzar la fe católica de los jóvenes creyentes.

La misa joven propone una nueva forma de sentir la fe católica. Porque hay formas diferentes de decir las cosas y sobre todo de llegarle a los adolescentes, de esta forma se emprende la segunda etapa de la eucaristía que se caracteriza por ser interesante, ‘bacana’ y nada aburrida.

Alternativa de salud (jueves 8:10 p.m.)

Alternativa de Salud es un espacio en el que la doctora Claudia Chacón presenta casos de personas que sufren enfermedades que han logrado sobrellevar gracias a determinados medicamentos y tratamientos.

Además propone cápsulas de 5 minutos con testimonios y consultas los lunes, miércoles y viernes a las 8:00 p.m.

Profesor Super-O (lunes a domingo a las 10:30 a.m., 12:30 p.m., 4:30 p.m., 5:30 p.m., 6:30 p.m. y 8:00 p.m.)

A Canal 13 llega un filantrópico personaje que viene a salvarnos de los gazapos o errores idiomáticos e históricos que cometemos sin darnos cuenta todos los días: es el Profesor Super-O, quien en su vida cotidiana es dueño de una cevichería sin ánimo de lucro personal y que recuerda con alegría su incursión en el mundo futbolístico.

Las aventuras de este simpático personaje se desarrollan en 5 minutos y de forma entretenida y divertida, educa no solo a los pequeños, también a los adultos que por costumbre o desconocimiento atropellan el idioma español.

Por último, a continuación se presentan algunas reflexiones sobre la programación infantil actual en las franjas destinadas a esta audiencia, las cuales están establecidas en el Acuerdo 010 de 1997 . Se revisaron, los programas que se presentaron en esa franja en el periodo comprendido entre el 1 de febrero de 2006 y septiembre 30 de 2006 en los canales Caracol y Señal Colombia .

Caracol

Notamos que no hay una programación permanente en la franja porque esta cambia a lo largo de los meses.

En este periodo se presentaron los siguientes programas:

Tabla 2. Programas emitidos por Caracol en la franja infantil (febrero a septiembre de 2006) (lunes a viernes)

AMORES CRUZADOS
AMOR A PALOS
ANGEL REBELDE
DECISIONES CAPITULO I
DIVINAS TENTACIONES
EL COLOR DEL PECADO
LA MUJER EN EL ESPEJO
LA VIUDA DE BLANCO
LOS SIMPSON
PADRES E HIJOS
PEREGRINA
PURO CINE
SEPTIMA PUERTA
SUPER CAMPEONES
TIERRA DE PASIONES
TU VOZ ESTEREO
VIVA SU CASA
VUELO 1503

De los programas presentados solo dos podrían ser considerados para niños: Super Campeones y Los Simpson. Es necesario aclarar que Los Simpson, aunque representa la vida cotidiana de una familia norteamericana , tiene contenido para diversas edades y no está pensando para ser visto exclusivamente por niños. Por otro lado, Super Campeones (Clements, McCarthy, 2001: 54-55) es una producción animada japonesa que tiene como centro el mundo del fútbol.

Por otro lado, muchos de estos programas son telenovelas: Amores Cruzados, Amor a Palos, Ángel Rebelde, El Color del Pecado, La Mujer en el Espejo, La Viuda de Blanco, Peregrina y Tierra de Pasiones. De ellas Ángel Rebelde es la única telenovela juvenil: la historia de amor se desenvuelve entre mentiras y ataques físicos.

En cuanto a las series, estas pueden ser ubicadas en distintos géneros. Divinas Tentaciones es una comedia; Decisiones es melodrama; Padres e Hijos es un dramatizado, Séptima Puerta pertenece al el género de suspenso; Vuelo 1503 al de aventura y tu Voz Estereo es un dramatizado juvenil y familiar .

Otros de los programas son: Viva su Casa que es un programa dedicado a las amas de casa y distintas películas dentro del espacio Puro Cine que en este periodo presentó las películas estadounidenses: Bad Boys 2, Destino Final 2 y Misión Imposible 2.

En el fin de semana, Canal Caracol emitió los siguientes programas:

Tabla 3. Programas emitidos por Caracol en la franja infantil (febrero a septiembre de 2006) (fin de semana)


AVENTURAS MAGICAS
CARACOL NOTICIAS
CLUB 10
CUENTOS DE LOS HERMANOS GRIMM
CUENTOS ENCANTADOS
EL PAJARO LOCO
GOL CARACOL
LA HORA WARNER
PONCHO BALON VA A LA FINAL

De estos, hay tres que son espacios en los cuales se presentan películas o distintos cuentos clásicos en forma animada, como es el caso del espacio Cuentos de los Hermanos Grimm. En Aventuras Mágicas se presentaron las películas Ninjas Contra Atacan, Barbie Fairytopia, Barbie y La Magia de Pegaso, El Vuelo al Mundo de Piolin, La Tierra Antes del Tiempo, Mira Quien Habla Ahora, Pokémon La Película 2000 y Scooby Doo Los Invasores Alien.

En el espacio Cuentos Encantados se presentó Un Relato en Egipto, El Jorobado de Nuestra Señora, El Príncipe y El Mendigo, El Rey de la Selva, Hércules, La Isla del Tesoro, La princesa del castillo, Las Aventuras de Reggie Rabbit, Pocahontas, Tarzán de los monos, Tom Tum Conoce a Thumbelina y Una noche antes de navidad.

Las animaciones clásicas están en los programas La Hora Warner y el Pájaro Loco.

El Club 10 trabaja el formato de gran espacio concebido como un club al que pertenecen los televidentes y el cual se le presentan distintos programas; en Club 10 se incluyen los siguientes programas y animaciones Batman, Festival de Canes, Generación 10, La Historieta, Loonatics, Magazín 10, Mucho Animal, Smallville y Superman.

En el periodo de Elecciones, Caracol Noticias presentó el boletín de las 8:30 a.m. y en el periodo previo al mundial y durante el mundial en el espacio Gol Caracol se presentaron los partidos de Argentina Vs Brasil, Italia Vs Australia, Alemania Vs Suecia, Inglaterra Vs Ecuador e Inglaterra Vs Portugal.

Previa a la franja infantil encontramos la emisión de los siguientes programas:

Tabla 4. Programas emitidos previamente a la franja infantil por Caracol (febrero a septiembre de 2006) (fin de semana)


AVENTURAS EN PAÑALES
AVENTURAS MAGICAS
CARACOL NOTICIAS
CLUB 10
CUENTOS DE LOS HERMANOS GRIMM
CUENTOS ENCANTADOS
EL CUENTO DE HEIDI
EL PAJARO LOCO
GOL CARACOL GERMANY 2006
GUARDIANES DE LA HISTORIA
LA FINCA DE HOY
LA HORA WARNER
LOS DIEZ MANDAMIENTOS
LOS PADRINOS MAGICOS
PURO CINE
SABRINA 2
TAMBIEN CAERAS
TOM Y JERRY

De estos programas encontramos nueve que no se encuentran en la franja infantil y que explicamos antes, ellos son: Aventuras en Pañales, El cuento de Heidy, Guardianes de la Historia, La finca de hoy, Los diez mandamientos, Los padrinos Mágicos, Sabrina 2, También Caerás y Tom y Jerry.

Además La finca de hoy y También Caerás pueden ser catalogados para adultos. Los demás pueden ser catalogados propios para una audiencia infantil y la mayoría son dibujos animados.

Señal Colombia

En el Canal Señal Colombia en el periodo estudiado y entre semana, en la franja infantil se presentaron los siguientes programas:

Tabla 5. Programas emitidos por Señal Colombia en la franja infantil (febrero a septiembre de 2006) (lunes a viernes)

DILEMAS
EXPEDICION A LA DIVERSIDAD
JUEGOS CENTROAMERICANOS Y DEL CARIBE
PROTAGONISTAS DE LA HISTORIA
VISITA GUIADA

En Señal Colombia priman los programas educativos. En el espacio Protagonistas de la Historia se presentaron las biografías y logros de Beethoven, Marco Polo, Marie Curie y Thomas A. Edison.

Solamente los Juegos Centroamericanos y del Caribe tuvieron preeminencia en el periodo estudiado por la condición de ser el único canal en emisión permanente.

Por la especificidad del canal Señal Colombia consideramos importante identificar los programas con los cuales se inicia la tarde pues programas como Chikana Rama y Cromosomos no aparecían en la franja establecida como infantil. Justamente estos programas fueron emitidos después de las 12:54 p.m. entre semana. Los programas que se presentaron antes de la denominada franja infantil fueron:

Tabla 6. Programas emitidos previamente a la franja infantil por Señal Colombia (febrero a septiembre de 2006) (fin de semana)

AL SUR DEL MUNDO
AMAZONIA ULTIMA LLAMADA
BACKYARD SCIENCE
BALZAC
BERNADETTE
BOLETIN DEL CONSUMIDOR
CEREMONIA POSESION PRESIDENCICAL
CHINKANA RAMA
CHIQUITITA Y PIMIENTA
CONCIERTO TEMPORADA SEIS
CRISTOBAL COLON
CROMOSOMOS
DETRAS DE LOS JUEGOS
DISENOS BIOLOGICOS
DON QUIJOTE DE LA MANCHA
EL BEBE DE LA NOVIA
ESPACIO POLITICO
EXPEDICION A LA DIVERSIDAD
EXPLOSION DE VIDA
HISTORIAS COL PARA SER CONTADAS
INSTRUMENTOS MUSICALES
INVITACION A LA MUSICA
JOVENES INTERPRETES
JUEGOS CENTROAMER Y CARIBE
LA CUCHARADA
LAS RUTAS DEL SABER HACER
LOS MONSTRUOS QUE CONOCIMOS
OCTAVO CONCIERTO DE TEMPORADA
OPERA LA TRAVIATA
OPERA RIGOLETTO
QUIENES SOMOS
SENAL COLOMBIA DEPORTES
SUKI LA LEONCITA VALIENTE
TIO SAM
VISITA GUIADA

En estos espacios priman los programas educativos aunque no dejan de presentarse programas especiales por la emisión en Señal Colombia tales como deportes: la Copa Davis de Tenis, la Copa Federación o la posesión del presidente. En el espacio político se presentaron las propuestas políticas de diferentes partidos y políticos .

Es importante anotar aquí, que además del incumplimiento de las franjas infantiles, los programas infantiles y juveniles no cuentan con la participación activa de niños y jóvenes en su producción. Estos programas continúan siendo realizados por adultos, aunque existe algún interés por parte de algunos productores por recoger sus intereses y necesidades y aunque el Plan de Desarrollo de la Televisión (2004-2007) haya planeado la creación de mecanismos para garantizar el acceso de poblaciones especiales (niños y jóvenes, entre otras) mediante la producción propia (ver capítulo siguiente). Este asunto ya había sido objeto de reflexión hace algunos años.

En referencia a los tipos de programas infantiles, un análisis de programas producidos para audiencias infantiles y juveniles, realizado por María Teresa Herrán (UPN, 1990) anota que “se perciben dos enfoques contrastados. El primero parte de estereotipos tradicionales del niño y joven, (como en el programa “Verde Manzana) y hace parte de un conjunto de programas donde “un equipo de adultos cree saber cuál es el proceso pedagógico en el caso de un niño que, por haber vivido en un entorno de civilización audiovisual, tiene, sin duda, otra percepción muy diferente de sus problemas, pero al que no se le da el chance de expresarse y crear, sino simplemente de “actuar” como niño”. Anota que “el programa tuvo el patrocinio del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y fue elaborado por la programadora en En Vivo”. Prosigue planteando que “en contraste con el anterior, Muchachos a lo Bien surgió en el 93, cuando la ONG Corporación Región decidió hacer un programa “de y para” los jóvenes, el cual recibió el premio a la mejor serie juvenil (Cartagena, 1998). La serie obedeció a un propósito cultural global y no al de “educar” a los niños y jóvenes, como sucede con no pocos programas, y tiene mucha claridad sobre los valores que refleja a través de temáticas reales.”



3. ¿CÓMO SE ENTIENDE LA POLÍTICA PÚBLICA DE TELEVISIÓN PARA NIÑOS Y JÓVENES?

3.1. Las políticas públicas, sus elementos y algunas reflexiones iniciales

Una política pública es un conjunto de actos (prácticas y/o normas) y de “no actos comprometidos” de una autoridad pública “frente a un problema o en un sector relevante de su competencia”.(Meny, Thoenig, 1992)

De esta manera, una política pública puede presentarse bajo la forma de un programa de acción gubernamental de una autoridad pública en un sector de la sociedad o en un espacio geográfico, o bien puede presentarse como no-programas, cuando la autoridad pública decide colocarse fuera de la acción. Frente a esto Muller (2002) anota que “esa abstención debe considerarse generalmente como premeditada”.

Muller (2002: 56-57), Meny y Thoenig (1992: 90-91) plantean que puede identificarse una política pública según los siguientes 5 elementos:

1. Una política pública, define metas u objetivos a lograr, en función de unos valores o normas. Así, los actos (o no actos) de toda política pública traducen orientaciones: intencionalmente o no satisfacen intereses, son portadores de ciertos valores. De esta manera, una política pública se fundamenta en unos determinados principios ético-políticos que orientan los objetivos, las medidas y toda la institucionalidad.

2. Una política pública puede apoyarse en textos legales. Recurrir a textos con valor jurídico es una de las formas de las que dispone una autoridad pública para actuar. La normatividad establece las reglas del juego para los actores a los cuales va dirigida la política o a los que intervienen en su formulación o implementación.

3. Una política pública requiere para ser implementada de un aparato organizado, es decir, de una institucionalidad compuesta por organismos, entidades, profesionales y funcionarios que asuman las tareas de facilitar, estimular y poner en práctica los principios y la normatividad a través de los proyectos o programas concretos.

4. Una política pública está constituida por un conjunto de medidas concretas. Es decir consta de unos productos (formulación de planes y programas de acción y su implementación) que son resultado de la movilización de recursos (humanos, materiales, económicos y políticos) por parte de la autoridad pública.

5. Aunque la autoridad gubernamental es el actor central de una política pública (el conjunto de políticos y funcionarios públicos que hacen parte de una organización pública), en el proceso de inclusión de problemas en la agenda pública, como en los procesos de diseño e implementación de una política pública, también están involucrados un conjunto de actores, es decir, unos individuos, grupos u organizaciones cuya situación está afectada por esa política (grupos de intereses sociales o económicos, asociaciones, movimientos sociales). Algunos serán pasivos y otros se organizarán para influir en la elaboración o la puesta en marcha de la política.

Meny y Thoenig (1992: 105), citando a Jones plantean además que una política pública, como conjunto de acciones gubernamentales, puede descomponerse en 5 fases: “(i) la identificación de un problema: el sistema político advierte que un problema exige tratamiento y lo incluye en la agenda de una autoridad pública; (ii) la formulación de soluciones: se estudian las respuestas, se elaboran y se negocian para establecer un proceso de acción por la autoridad pública; (iii) la toma de decisión: el decisor público oficialmente habilitado elige una solución particular que se convierte en política legítima; (iv) la ejecución del programa: una política es aplicada y administrada sobre el terreno; es la fase ejecutiva; (v) la terminación de la acción: se produce una evaluación de resultados que desemboca en el final de la acción emprendida. Además, a cada fase corresponde un sistema de acción específico, actores y relaciones, compromisos y estructuras sociales. Y cada una de las fases no sigue necesariamente a la precedente: las fases pueden superponerse, retroceder en una secuencia cronológica o algunas pueden no aparecer nunca a lo largo del proceso”.

De este modo, es importante señalar que la decisión acerca de los objetivos de una política pública no implica necesariamente su implementación. Miles de políticas y de disposiciones legales establecidas no se cumplen generalmente por su ambigüedad y por su escasa reglamentación. Meny y Thoenig (1992: 163) han planteado que “cuanto más tratan los políticos de temas generales, mayores dificultades enfrentan los servicios públicos para orientar su ejecución y mayor espacio se abre para las intervenciones de los grupos de presión que tratarán de influir en la aplicación de la ley según sus puntos de vista”

Como se verá más adelante, muchos de los objetivos planteados en los planes, en la legislación y en general en la política de televisión para niños y jóvenes no se han implementado. Tal es el caso de algunas de las disposiciones del Código del Menor, de la Ley de Juventud, la cual solo fue reglamentada en dos artículos y de algunos de los objetivos en referencia a niños y jóvenes del Plan de Desarrollo de la Televisión.

Aquí es importante realizar algunas reflexiones sobre la definición de los problemas públicos y las implicaciones que para esta definición tienen las relaciones de poder. Es importante esta reflexión ya que la decisión acerca de que determinado problema y no otro sea objeto de intervención pública, es crucial porque va a influir no sólo en la selección de objetivos de la política pública, sino también en sus mecanismos de implementación.

Gusfield (1981) ha planteado que “un problema público es una construcción social, un hecho cultural que obedece a una estructura cognoscitiva y moral”. De esta manera y tal como lo plantea Becker (1964) : los problemas públicos se estructuran no sólo a partir de las carencias objetivas de una sociedad, sino ante todo de la decisión subjetiva de los que, en nombre de esta, califican dicho fenómeno de problema público. Gusfield (1981) además ha planteado que “la estructura de los problemas públicos es un escenario de conflicto en el que un conjunto de grupos y de instituciones, que incluyen a menudo los organismos públicos, compiten y luchan por la apropiación y la desapropiación, la aceptación de teorías causales y la fijación de la responsabilidad”. De tal modo, y tal como lo han planteado Meny y Thoenig, (1992) “un grupo determinado decide que un problema es acreedor de una intervención pública porque dicho grupo tiene capacidad y autoridad para promoverlo como tal. Puede exigir una acción pública -para que se haga algo al respecto-”

De esta manera, los procesos de decisión en los cuales se definen los problemas públicos, (así como de toma de decisiones sobre los objetivos de la política y su implementación), corren paralelamente con procesos de lucha de poder entre los actores que de una u otra manera van a resultar afectados por la decisión, los cuales movilizarán todos sus recursos, para que su visión de la realidad sea la que predomine. Frente a esto es importante anotar tal como lo plantean Meny y Thoenig (1992) que “el poder no es necesariamente reducible a un juego de suma cero en el que lo que uno gane lo pierde el otro. El juego puede ser de suma positiva –todos los jugadores ganan, algunos más que otros- o negativa: todos los jugadores pierden en el juego”. El resultado varía de acuerdo a cada contexto político, varía de acuerdo a la capacidad de crear consensos por parte de los interesados en la política.

Como se verá más adelante, en el sector de la televisión en Colombia es claro que la mayor cantidad de problemas en la agenda de intervención pública y que constituyen el fundamento de la política pública son los que tienen que ver con la utilidad económica de los canales del segmento de la televisión abierta privada y de las empresas programadoras del segmento de televisión pública. En relación a la televisión para niños y jóvenes, dichas empresas tienen muchos más recursos (políticos y económicos), para movilizar en beneficio de sus objetivos de modo que la autoridad pública incorpore sus intereses en la agenda pública. De esta manera, como se verá más adelante, aunque se observan algunas acciones públicas para ampliar la oferta televisiva y su calidad para niños y jóvenes por parte de la CNTV, de algunos ministerios como el de Educación y Comunicaciones o de otras instituciones como el ICBF, estas son muy escasas, y presentan una serie de problemas de concepción e implementación.

Ante esta realidad, es importante una reflexión acerca de la legitimidad del Estado y de los gobiernos, ligada a una reflexión acerca de la posibilidad del ejercicio de la ciudadanía mediante el involucramiento de los actores en las decisiones sobre lo que ha de considerarse un problema, sobre los objetivos y sobre la implementación de políticas públicas.

Lucía Nieto Huertas (2003) ha anotado que los procesos de diálogo y negociación contienen los elementos necesarios para la puesta en marcha de formas e instrumentos ágiles en la solución de problemas de manera total o parcial y permiten que la construcción de la ciudadanía se haga palpable en cada momento. De esta manera, se puede considerar que el ejercicio de legitimidad que desea todo gobernante, implica el que los sujetos se involucren en las decisiones.

Alejo Vargas (1999) plantea también que las políticas públicas pueden ser una vía para que el mismo sistema de gobierno facilite la construcción de una cultura de la inclusión de los ciudadanos en la planeación y gestión. Esto, anota, tiene una ganancia adicional a la eficiencia: la legitimidad que gana un gobierno de turno cuando permite que sus ciudadanos apoyen la gestión, es decir más que acatar la autoridad del Estado, la ejercen y son parte integral de ella.

Y es tanto más importante la participación en una política de televisión para niños y jóvenes, cuanto que, tal como lo plantea Valderrama (2004), en el escenario de la creciente mediatización de la sociedad, los medios de comunicación, en especial la televisión, juegan un papel crucial en la forma como actualmente se genera el proceso constitutivo de la formación de lo político, lo económico y lo cultural. Para el citado autor, tiene también que ver con la noción de redes de información, en la relación que se teje entre lo local y lo global.

Como se ve, en general, los niños y los jóvenes han sido considerados como actores pasivos, como simples receptores de las políticas públicas en general y de la política pública de televisión para niños y jóvenes. Como puede verse en el capítulo 1 y 4, los niños y jóvenes son “agentes activos en la producción y manejo del sentido en su propia vida social”. Por lo tanto, una política pública para niños y jóvenes debe contemplar la creación de mecanismos para su participación efectiva tanto en la decisión de los problemas como en la definición de objetivos e implementación de las políticas públicas porque son ellos quienes pueden fijar el mejor curso de acción para la solución de los graves problemas en los que hoy están involucrados.

Este trabajo apunta entonces a establecer unos criterios básicos para conformar una política pública que tome en cuenta los intereses y necesidades de los niños y jóvenes colombianos. Por lo tanto, como veremos más adelante, la política pública actual (en este capítulo) y las recomendaciones para el diseño e implementación de una política pública de televisión para niños y jóvenes (Capítulo 6) parten de problemas distintos. Por lo tanto, los objetivos y los mecanismos de implementación también varían sustancialmente. De modo que, aunque no se afirmará que no existe política pública de televisión para niños y jóvenes, se considera que ésta no parte de un análisis de los principales problemas contemporáneos de los niños y jóvenes y, por lo tanto, no tiene en cuenta los mecanismos que desde la perspectiva cultural se han pensado e implementado en otras latitudes (Capítulo 1 y 4)

3.2. Concepciones de infancia y juventud que han incidido en las políticas públicas a ellos dirigidas

Cuando se hace referencia a las categorías ‘infancia’, ‘niñez’ y ‘juventud’, nos tenemos que remitir a las formas de desarrollo del discurso en relación a la infancia que analiza Philippe Ariés (1987). La familia y el sentido de la misma sólo se hacen posibles a principios del siglo XVII y sólo en las clases altas de la sociedad europea. Allí, evoluciona hacia su privatización, en tanto que otras instituciones asumen funciones públicas. Los ‘niños’ se configuran al interior de las familias y posteriormente en la escuela. Niños y jóvenes eran tomados por las sociedades medievales como adultos en miniatura. La percepción generalizada era que estos individuos no cruzaban por fases concretas de desarrollo. Sólo hasta el siglo XVII se comienza a brindar una atención más amplia al desarrollo de la niñez, especialmente entre la burguesía, al reconocer que se trata de una etapa de tránsito hacia la madurez, que se debe acompañar con un proceso de escolarización o formación para el ingreso a la vida productiva. La juventud sólo aparece hacia finales del siglo XVIII, al especificarse las categorías de edad, subdividiendo la niñez extendida en infancia y juventud. La familia está para proteger la inocencia y debilidad de los niños, aumentar sus posibilidades de desarrollo e incrementar la protección a ese ‘futuro ser humano’. Infancia y vida escolar fueron, sin embargo, durante un largo periodo, para varones burgueses; la mayoría de las mujeres transitaban directamente de niñas a adultas casadas.

Desde la segunda mitad del siglo XX niños y jóvenes se encuentran en el centro de casi todas las dinámicas actualmente en proceso, siendo los más afectados por la violencia y por las crisis sociales, y ubicándose a la vez en el centro de la búsqueda de respuestas alternativas.

Es así como hace ya más de veinte años, Rodrigo Parra (1985) escribió un importante informe sobre la situación de la juventud colombiana, y utilizó como título una frase que luego se popularizó en muchos otros contextos nacionales en América Latina, aludiendo a la “ausencia de futuro” como la perspectiva más probable para los años siguientes. Desde entonces, las condiciones sociales y económicas en el país han vivido duros altibajos, el conflicto armado se ha agudizado, al tiempo que el Estado se ha fortalecido y descentralizado en gran medida, pero las condiciones en las que crecen y maduran las generaciones más jóvenes, siguen siendo igualmente problemáticas, agudizadas en los últimos años.

Lo dicho, permite analizar hasta qué punto las políticas públicas relacionadas con la niñez y juventud no han podido responder de la manera adecuada a esta compleja situación, a pesar de la amplia y variada gama de recursos invertidos en las mismas, todo lo cual, lleva directamente a la revisión de las propias estrategias utilizadas para su diseño e implementación.

Un análisis histórico al respecto permite recordar que si la presencia de los jóvenes en la sociedad colombiana se desplegó en los años sesenta y setenta a través de los movimientos estudiantiles y de las organizaciones contestatarias (sin que existieran “sujetos juveniles” como tal) en los años ochenta la presencia de los jóvenes en la sociedad pasa a desplegarse con más fuerza y con sólidos argumentos, en relación a la necesidad de cambiar las principales reglas de juego del proceso económico, social y político, todo lo cual, culmina con la aprobación de la Constitución Nacional en 1991, registrando en torno a dicho acto, los mayores niveles de participación política juvenil de toda la historia nacional.

En dicho marco, los años noventa pasan a ser testigos de nuevas y renovadas formas de participación juvenil, al amparo de nuevos derechos y espacios sociales reconocidos por la Constitución. Así, la democratización en la escuela se convierte en un nuevo espacio para la participación, a través del proyecto educativo institucional, los personeros estudiantiles y otras figuras interesantes. Y en paralelo, la creación de Consejos Nacionales y Locales de Juventud, elegidos democráticamente por los propios jóvenes, y la puesta en funcionamiento de Casas de la Juventud y de Clubes Juveniles, entre otras iniciativas conexas, comienzan a generar nuevos y más amplios espacios para la participación, que encuentran su momento culminante en la aprobación de la Ley General de Juventud en 1997, que permite reunir y armonizar legalmente dichos espacios.

En paralelo, nuevas formas de expresión juvenil van ganando reconocimientos sociales en muy diversas esferas, y al menos dos tipos particulares merecen ser destacados al respecto: las expresiones culturales por un lado y las manifestaciones políticas por el otro. El primero de los fenómenos se puede ver simbolizado en la realización de los festivales denominados “Rock al Parque”, que anualmente reúnen en Bogotá a cientos de miles de jóvenes provenientes de todo el país, generando espacios para la expresión cultural de las nuevas generaciones en muy diversas esferas y colaborando con la consolidación de identidades juveniles autónomas. Y la segunda de dichas expresiones se evidencia en las múltiples manifestaciones por la paz impulsadas por miles de jóvenes, que se han tomado las calles en numerosas ocasiones, y en las que han participado cientos de miles en las principales ciudades del país.

Sin embargo, como se verá a continuación, uno de los principales problemas de la política pública de televisión para niños y jóvenes es que no hace parte de una política de Estado integral para niños y jóvenes. Ha sido una constante en Colombia que los gobiernos definan en forma sectorial los problemas públicos, así como los objetivos de la política y sus mecanismos de implementación: problemas y políticas en el sector educación, salud, televisión, etc. De esta manera, las políticas públicas no apuntan hoy en Colombia a manejar de forma integral los problemas de los grupos poblacionales. Y esto lo vemos reflejado en el análisis de la política pública de infancia de la última década, la cual existe como un conjunto de acciones dispersas realizadas de forma descoordinada por diversas entidades estatales y cuyos resultados en el mejoramiento de la calidad de vida de niños son bastante deficientes. En cuanto a la política de juventud, se ha dado un intento por tratar de forma integral sus problemas mediante la formulación de la mencionada Ley de Juventud y la creación de entidades como el Viceministerio de la Juventud y el programa presidencial Colombia Joven. Los problemas para su implementación y los resultados en cuanto al mejoramiento de las condiciones de vida de los jóvenes no son alentadores.

3.3. Las políticas de infancia en Colombia

En Colombia no existe una entidad del Estado que coordine o articule los esfuerzos dispersos de las diferentes instituciones que son responsables de acciones dirigidas a los niños.

Aparte de otras acciones públicas en favor de la niñez, la política de infancia en Colombia desde el siglo XX hasta hoy ha estado centrada fundamentalmente en ofrecer, por un lado, servicios de educación a través del Ministerio de Educación o los que hayan cumplido sus funciones y a través de instituciones educativas estatales y por otro lado, acciones de protección, y a través del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar. Estas acciones públicas, así como su forma de implementación estuvieron inspiradas en los modelos de los Estados de Bienestar europeos, en los cuales el Estado asumió la función de hacer efectivos los derechos sociales mediante la ampliación de su aparato administrativo, en este caso, de una serie de instituciones educativas y de protección.

En relación al servicio de educación, hoy el Estado continúa siendo el mayor proveedor del servicio de educación en preescolar, primaria y secundaria, aunque no en la educación universitaria, en la cual el sector privado concentra la mayor parte de asistencia escolar. Respecto a las acciones de protección, hoy el Estado continúa prestándolas a través del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, ICBF. Este instituto, que se ha transformado a través de los años, fue creado en el Gobierno de Carlos Lleras Restrepo en 1968 (Ley 75 de 1968) con el fin esencial de “proveer protección al menor y, en general al mejoramiento de la estabilidad y del bienestar de las familias colombianas”. Once años más tarde, en el gobierno de Julio César Turbay Ayala, en 1979 (Ley 7 de 1979) se crea el Sistema de Bienestar Familiar. En la citada ley el Bienestar Familiar es un servicio público a cargo del Estado que se prestará a través del Sistema Nacional de Bienestar Familiar por los organismos oficiales y particulares legalmente autorizados a nivel departamental y municipal.

En un estudio del Observatorio sobre Infancia de la Universidad Nacional se plantea que la década de los noventa comenzó con dos hechos de gran importancia en la concertación de objetivos colectivos: la incorporación de los derechos de los niños a la Constitución de 1991 (en el artículo 44) y la formulación en 1992 del Plan Nacional a Favor de la Infancia (PAFI), en el cual se definieron las acciones a desarrollar durante diez años para lograr el cumplimiento de las metas nacionales, derivadas de los compromisos adquiridos por Colombia en la Cumbre Mundial en Favor de la Infancia.

El estudio plantea que la política de infancia inició los noventas con la adhesión a un marco ético y político, con unas metas definidas para el año 2000 y con una experiencia acumulada en materia de estrategias. De esta manera se avizoraba un panorama más alentador para la niñez del país. Además, la ubicación del PAFI en el Departamento Nacional de Planeación puede interpretarse como expresión de la voluntad de dar prioridad a la política social para la infancia, con una perspectiva multisectorial. Sin embargo, esta voluntad política no se mantuvo a lo largo de la década.

De esta manera, la lectura de los Planes Nacionales de Desarrollo o de las orientaciones programáticas del ICBF o del Ministerio de Educación en los noventas realizada por el Observatorio, muestra una progresiva incorporación de la perspectiva de derechos y de otras formulaciones relacionadas con la equidad de género o la diversidad cultural. Sin embargo, no han guardado una relación directa con decisiones particulares relacionadas con recursos o prioridades, ni lograron modificar de manera sustantiva la dinámica de las instituciones o de los programas.

El estudio cita a Bustelo (1999), quien plantea que para el caso de América Latina, “existe un creciente contraste entre el ritual declarativo y el hecho de que las propuestas no se traducen en compromisos, programas y medidas políticas de acción concreta que lleguen a los sectores más pobres. Ni existen las instituciones necesarias para hacer exigible lo que se compromete en las declaraciones”.

Por otro lado, el estudio plantea que la Constitución de 1991 creó la Defensoría del Pueblo, que ha jugado un importante papel en la promoción de los derechos colectivos e individuales, y además también ha contribuido a proteger el gasto público social (artículo 350). Y de esta manera a lo largo de la década, se mantuvo un cierto nivel de inversión en servicios sociales, dedicando un esfuerzo importante a salud y educación, a lo cual se han agregado algunas acciones de asistencia social focalizada.

Se anota que el documento Conpes de Política de Infancia de 1995 materializa los logros en materia conceptual y así por primera vez se trabaja desde una perspectiva de derechos y se expresa un importante acuerdo entre distintos actores sociales interesados en el tema. Y que así, en pocos años se pasó de una política asistencialista, orientada a la nutrición y supervivencia infantil, a enfoques centrados en el desarrollo humano y, más recientemente, en el marco general de ciudadanía y derechos de la niñez.

Se plantea además que en esta misma dirección se orientaron los esfuerzos para incorporar a la legislación colombiana los conceptos y principios derivados de la Convención. Sin embargo, el proceso de discusión y formulación de la propuesta de Código del Niño y su posterior hundimiento en el Congreso fue en los noventas un hecho significativo, más aún por haber sido fue un espacio en el que participaron diversos actores no gubernamentales.

Durante la segunda mitad de la década, anota el estudio, no puede reconocerse ninguna iniciativa que modifique la dinámica descrita a pesar del visible deterioro de la calidad de vida de la población y la permanente vulneración de los derechos de niños y niñas. Por el contrario, las decisiones políticas y económicas pusieron en evidencia un retroceso en la voluntad política y en las iniciativa del Estado: los programas nacionales (HCB, Supervivir…) entraron en una fase de pérdida de dinamismo o simplemente desaparecieron.

En términos generales el estudio afirma que el nuevo siglo no se inició con mejores condiciones de vida para la población infantil, ni avanzó de forma significativa en la defensa de sus derechos. Anota que los cambios en el Estado en materia de política social, han conducido a un incremento de las condiciones de vulnerabilidad para muchos niños y niñas en el país, así como a una permanente vulneración de sus derechos. Frente a esta situación, las iniciativas de la política de infancia en los noventas resultaron insuficientes y, en el mejor de los casos, no lograron afectar el impacto de decisiones en materia de política económica y de prioridades de la acción pública.

Respecto a la administración Pastrana, la política de infancia se centró en la órbita de la educación, en reformar el esquema de distribución de recursos con el fin de que estuviera en función de los niños atendidos y por atender, mediante la ley 715 del 2001 y también en aumentar la cobertura mediante la reorganización de la planta docente. Por otro lado en el ámbito de protección se continuó con las políticas tradicionales del ICBF: los niños como objeto de atención de ‘la primera dama’ inaugurando eventos del tipo “el día del niño en Colombia”, lo cual ha contribuido a la desinstitucionalización de las políticas de infancia y juventud

Una investigación del Observatorio sobre infancia de la Universidad Nacional que se centra en la política de infancia en el periodo 1998-2003 afirma que en el año 1998 se desmontó una oficina que existía en la Presidencia de la República que tenía como fin articular los esfuerzos dispersos de las diferentes instituciones responsables de las acciones dirigidas a los niños (aunque tampoco cumplía adecuadamente su objetivo) y que no se designó otro funcionario o institución coordinadora. La persona que respondió ante el Comité de Derechos del Niño o ante otras convocatorias públicas sobre el tema de las políticas del Estado sobre los derechos de niños y niñas en el periodo 1998-2003 fue el director(a) del ICBF.

Se plantea que al no existir un funcionario o institución responsable, el liderazgo se le dejó a la oficina de la primera dama, oficina no especializada, que en el quinquenio 1998-2003 si bien diseñó programas con un impacto positivo como el de ludotecas infantiles, o el de Nutrición Comunitaria para la Población Colombiana, también pretendió reemplazar el proyecto de alimentos enriquecidos ya establecido en el país por el de suministro de soya a los niños, proyecto cuestionado por organizaciones académicas y de la sociedad civil nacionales e internacionales, siendo retirado después de una gran inversión de recursos económicos, sin que sus orientadores respondieran ante el país.

Se anota también que aunque en 1999 se dio un paso adelante con la reorganización del llamado Sistema Nacional de Bienestar, articulando las instituciones del sector público y del sector privado que participan en la prestación del Servicio Público de Bienestar Familiar y creando los Consejos Locales de Política Social (cuya implementación ha sido positiva para el país por cuanto ha permitido una articulación entre las instituciones locales que tienen que ver con la política social y en particular con los planes, proyectos y programas dirigidos a la niñez), los pasos que se habían dado en la búsqueda de construir una política pública de niñez, como es el caso del Pacto por la Infancia, o el documento CONPES de política económica y social “El Tiempo de los Niños”, fueron olvidados y desaparecieron de la política nacional durante este quinquenio, sin que se hubiera hecho una evaluación de los mismos.

Una situación similar, plantea el informe, ocurrió al interior de los Ministerios o Instituciones del Estado en los cuales desaparecieron oficinas enteras, como la división materno-infantil del Ministerio de Salud; o proyectos como el de Comunicación para la Infancia del ICBF (PCIN), o el proyecto Ursulas del Ministerio de Educación, sin que existiera una evaluación conocida de su impacto.

De esta manera, se plantea que aunque se hicieron esfuerzos importantes como el Plan Nacional de Alimentación y Nutrición, el Programa de Atención a Niños Desvinculados del Conflicto o la Política Nacional frente al Trabajo Infantil, estas medidas no fueron suficientes ante la gravedad y complejidad de los problemas. Se anota que todas estas situaciones reflejan la ausencia en el país de una política pública coherente y unificada de niñez. Producto de la falta de una política pública de niñez y de la falta de compromisos reales del Estado con los niños y niñas, la mayoría de metas para la infancia asumidas por él para el año 2000 no se cumplieron y Colombia fue uno de los países que presentó menores resultados en la cumbre mundial del año 2002.

El análisis de lo ocurrido en el quinquenio con los derechos de niños y niñas en Colombia, anota el informe, mostró una crítica situación que ha tendido a agravarse por la crisis económica y social y porque se le ha dado prioridad al gasto en seguridad y al pago de la deuda externa, antes que al gasto social, incluido el que se dirige directa o indirectamente a la niñez. Se anota que, en contraste con el discurso de los dirigentes, los compromisos y Acuerdos Internacionales firmados por el país y la expedición de algunas leyes, los avances reales durante el quinquenio fueron pocos. Incluso varios problemas como el desplazamiento, la explotación sexual, el secuestro, el consumo de drogas, el tráfico de niños y niñas, entre otros, se agravaron. De esta manera el informe afirma que el Estado no demostró la capacidad de respuesta adecuada ante estas problemáticas y, al parecer, tampoco tuvo la voluntad política para responder por ellas. Además, dejó en manos del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, debilitado económicamente, la respuesta a las mismas, sin haber dado los recursos ni el apoyo necesarios.”

Respecto a la administración Uribe, tampoco se ha creado una entidad que coordine las acciones por la niñez de las diferentes instituciones. El ICBF continúa implementando la política de protección y, en los últimos años, ha adelantando un proceso para la formulación de una política pública para la primera infancia. Otras acciones desarrolladas en este gobierno ha sido el Plan Nacional de Música para la Convivencia que tiene por objetivo aprovechar el potencial que tiene la música para fomentar los valores, la creatividad, la cohesión social, el mejoramiento de la calidad de vida y la búsqueda de la convivencia pacífica. Paralelo a las bandas musicales se desarrolla el programa Batuta, iniciado en la administración Gaviria, que busca brindar formación musical a los niños y jóvenes de población vulnerable y desplazada mediante espacios conocidos como “centros orquestales”. Otro de los programas orientados a niños y jóvenes ha sido el Programa Ondas (que cubre la Educación Básica y Media) el cual busca fomentar la construcción de una cultura ciudadana de las TIC y estimula la formulación de proyectos de investigación sugeridos y desarrollados por ellos y sus maestros. (El programa se formuló en el 2001, pero se ejecutó en este gobierno).

También durante el gobierno Uribe se tramitó la Ley de Infancia y Adolescencia, que reemplaza el Código del Menor de 1989 y que está en manos de la Corte Constitucional para su concepto. En este código se trasladan algunas funciones del ICBF a los gobiernos subnacionales. Cabe esperar resultados positivos y concretos. Además, se espera que no sea un intento de descentralización sin recursos, en un contexto marcado por la intención del gobierno de centralizar los recursos, mediante reforma a las transferencias.

3.4. Las políticas de juventud en Colombia

Aunque las respuestas tradicionales, desde el punto de vista institucional, estuvieron ubicadas en COLDEPORTES (organismo especializado en deportes, del que dependió durante años el tema “juventud”) a comienzos de los años noventa se crea la Consejería Presidencial para la Juventud, la Mujer y la Familia, procurando así potenciar los esfuerzos públicos dirigidos a diversos sectores poblacionales, incluyendo niños, jóvenes, mujeres, ancianos y discapacitados, y tomando a la familia como eje articulador y al concepto de vulnerabilidad como eje sustantivo estructurador.

En este marco, en 1992 se aprobó el primer documento CONPES en el Consejo Nacional de Política Económica y Social (órgano máximo de orientación general de políticas) relacionado con la juventud, concebido como primera Política Nacional de Estado para la Juventud.

Galán Pachón (2000) planteó que “tanto la gestión de la Consejería como la promulgación del Documento Conpes, fueron factores importantes en la generación de un conjunto de nociones que rompían con visiones anteriores de la acción institucional frente a la juventud al considerar al joven como potencialidad que se promueve y no como problema o riesgo que se corrige; el reconocimiento de la organización y la participación juveniles como propósitos deseables de la política pública; la inclusión del trabajo y el empleo como temas centrales de la política de juventud; la diferenciación clara del tema de juventud en las competencias del sistema educativo, de la recreación y los deportes y de las políticas contra la droga; y finalmente, el hecho de plantearlo como un tema multisectorial y multidisciplinario”.

Durante su gestión, la Consejería promovió y cofinanció la creación de estructuras administrativas encargadas de la gestión municipal y departamental de la política pública de juventud, conocidas como “Oficinas de Juventud”. En el contexto de la descentralización promovida por la Constitución de 1991, esto constituyó un paso trascendente, en la medida en que ésta trasladó las principales responsabilidades del desarrollo social a los municipios en un esquema de cofinanciación.

Reconociendo la experiencia y el potencial de los jóvenes para construir su propia identidad e interactuar con otros agentes sociales (uno de los cuales es el Estado), la Consejería se propuso coordinar los diferentes programas que en materia de juventud desarrollaban las instituciones estatales, así como fortalecer la capacidad de diseño y ejecución de la política de juventud por parte de los entes territoriales (...) Adicionalmente, la labor de la Consejería se articuló con la creación de espacios y prácticas institucionales para los jóvenes, con el ánimo de canalizar su contribución al proceso de democratización y modernización del Estado colombiano.

Sin embargo, a pesar de los avances obtenidos, la atención de los jóvenes seguía mostrando carencias importantes, por lo que, en agosto de 1994, se crea el Viceministerio de la Juventud, adscrito al Ministerio de Educación Nacional, como un intento por dotar a las políticas de juventud de un mecanismo institucional estable. Sus funciones principales se orientaron a coordinar el diseño y ejecución de las políticas, planes y programas de educación, protección y desarrollo de la juventud, así como a ofrecer asistencia técnica a los entes territoriales y a las entidades públicas y privadas que realizan actividades con y para los jóvenes.

Para ello, el Viceministerio se apoyó centralmente en un nuevo Documento Conpes de Juventud (aprobado en 1995), el cual es integrado al Plan de Desarrollo Nacional, denominado “El Salto Social”, para ser aplicado por el nuevo gobierno. Allí se plantea el reconocimiento del joven como sujeto de derechos y deberes y como protagonista en la construcción de su proyecto de vida. Para ello el Estado se orientó a garantizar el respeto de estos derechos y a generar condiciones propicias para la participación y el ejercicio de la ciudadanía plena por parte de los jóvenes. Reconoció asimismo la diversidad de los jóvenes y la equidad entre los géneros, permitiendo su consecuente expresión como pluralidad de identidades, visiones e intereses.

Como estrategia general, el Viceministerio promovió la coordinación intersectorial entre las diferentes entidades oficiales que trabajan en el dominio de la juventud, y con las oficinas departamentales y municipales de juventud, reservando para sí algunos roles ligados con el acompañamiento y la asistencia técnica, sin entrar en la ejecución directa de programas. Sin embargo, el peso de largas tradiciones burocráticas sectoriales, impidieron que dicho esquema operativo rindiera los frutos esperados. En realidad, se pasó a un esquema en el que la política pública se segmentó significativamente, perdiendo las articulaciones anteriormente desplegadas.

Por otro lado, una de las iniciativas realmente significativa en este periodo fue la aprobación de la Ley de Juventud en 1997, por medio de la cual se estableció todo un sistema institucional para el diseño, la implementación y la evaluación de la política pública de juventud, incluyendo la creación de mecanismos de protección de los jóvenes (el Defensor de los Jóvenes en la Oficina del Defensor del Pueblo) y de participación de la sociedad civil en la gestión propiamente dicha, a través de diversas modalidades operativas. Es de anotar que su promulgación se hizo tras un amplio proceso de consulta que recogió las inquietudes de más de 6.000 jóvenes del país, aunque estas no se incorporaron al texto final.

También resulta importante destacar que la Ley consagró al Viceministerio de la Juventud como ente rector de las políticas dirigidas a los jóvenes colombianos, lo cual demostró la voluntad política de mantener y fortalecer una organización estatal de alto nivel que dinamizara los procesos juveniles. Sin embargo, el nuevo gobierno instalado en 1998, comenzó a desarrollar una estrategia diferente, que culmina con el cierre del Viceministerio y su transformación en un programa presidencial, volviendo en buena medida al esquema anterior.

En efecto, el Decreto N° 822 de 2000, creó en el Departamento Administrativo de la Presidencia de la República el Programa Presidencial para el Sistema Nacional de Juventud “Colombia Joven”, con el cometido de fijar políticas, planes y programas que contribuyan a la promoción social, económica, cultural y política de la juventud. En tal virtud –se estableció que promovería la coordinación y concertación de todas las agencias del Estado y de las demás organizaciones sociales, civiles y privadas, en función del pleno desarrollo del Sistema Nacional de Juventud establecido en la Ley 375 de 1997 y de los sistemas territoriales de atención interinstitucional a la juventud, e impulsaría la organización y participación juvenil en el campo económico, tecnológico, político, social y cultural y la vinculación de los jóvenes colombianos con la globalización y el desarrollo universal.

Un amplio debate se abrió en la sociedad colombiana en relación a los alcances de este nuevo cambio institucional. Por una parte, el gobierno Pastrana argumentó –con sólidos fundamentos- que se trataba de un ajuste necesario para cumplir efectivamente con lo establecido en la Ley de Juventud, en particular, en lo que atañe a la implementación del denominado “Sistema Nacional de Juventud”, cuya implementación desde uno de los Ministerios (en pie de igualdad con los demás y sin la debida jerarquía institucional) se tornaría muy difícil. Por otra parte, una buena parte de los actores que representaron el sentir de diversas organizaciones de la sociedad civil, ligadas a la dinámica de las políticas públicas de juventud, expresaron sus temores por lo que calificaron de un “retroceso” en el proceso recorrido, en la medida en que se volvería prácticamente al esquema de la Consejería Presidencial de principios de los noventa.

Por otro lado, en el gobierno Pastrana en el marco del “Plan Colombia”, se planearon diversos componentes dirigidos a generar las condiciones necesarias para que los jóvenes colombianos se prepararan para asumir los retos del nuevo milenio”. En el Plan se incluyeron programas para la capacitación laboral de los jóvenes; subsidios directos a las familias de menores recursos, con énfasis en las que las mujeres fueran cabeza de familia; y planes de construcción de infraestructura física que generaran empleo y desarrollo.

Sin embargo, en respaldo a las argumentaciones de las organizaciones más críticas, se argumentó que los integrantes de los equipos técnicos que asumieron la conducción del Viceministerio de la Juventud y que se hicieron cargo del Programa Colombia Joven, no contaban con las capacidades técnicas necesarias como para acometer con éxito este tipo de grandes desafíos (aún teniendo en cuenta los recursos que diversos organismos internacionales estaban canalizando para su fortalecimiento).

En el gobierno Uribe se destacan programas como el Programa de Jóvenes Investigadores (Educación Superior-Pregrado) que apunta a propiciar de manera sólida un acercamiento al quehacer científico y a la innovación tecnológica de jóvenes profesionales con talento para la investigación y la innovación, mediante su vinculación a grupos de investigación y centros de desarrollo tecnológico de alto nivel, a través de becas-pasantía, para formarse a través de la metodología “aprender haciendo con criterio”. Así mismo, se destacan algunos aspectos del programa “Jóvenes en Acción” y la ampliación del “Programa Jóvenes Rurales”, que está realizando el Sena con cursos impartidos por los centros y por empresas de capacitación con las cuales existan convenios en cada entidad. Sin embargo, en la actual coyuntura se presentan nuevos elementos desde el punto de vista del diseño y la implementación de políticas públicas de juventud. Colombia Joven ha reducido notablemente su capacidad de intervención y Programas como “Jóvenes en Acción” han estado enmarcados en los propósitos del Plan Colombia y en la política de Seguridad Nacional que convierte a los jóvenes en soldados campesinos, informantes o beneficiarios de empleos precarios.

3.5. ¿Cómo se entiende la política pública de televisión para niños y jóvenes?

El proyecto de comunicación para la infancia, PCIN (1988-2003) constituyó una de las acciones públicas más emblemáticas en el campo de la comunicación para y desde los niños tanto por su duración (14 años) como por la calidad de su intervención.

En 1988, en el marco del Programa de Cooperación Técnica entre el Gobierno de la República de Colombia y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, este proyecto se inició bajo el nombre de Proyecto de Comunicación e Información para la Infancia y la Mujer, PCIM ubicado en la División de Medios Audiovisuales y Publicidad del Ministerio de Comunicaciones. El 13 de enero de 1999, se realiza una reunión entre el Ministerio de Comunicaciones y el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar en la cual se toma la decisión de trasladar el Proyecto de Comunicación para la Infancia –PCIN al ICBF.

El PCIN se organizó en torno a tres áreas de trabajo: medios, educación e investigación. En el área de los medios se trabajó en la producción en 3 lenguajes: radio, impresos y televisión; en el área de formación se orientó a capacitar y especializar a diversos actores en el tema de niñez y comunicación y en el área de investigación se constituyó en una instancia desde la cual se generó conocimiento en el tema de niñez y comunicación.

Uno de los aportes más significativos en relación a la televisión fue la educación a profesores y productores de los canales comunitarios en temas como el lenguaje audiovisual de las producciones infantiles, técnicas para el trabajo con niños, el abordaje de temas como la concepción que tienen los niños de la televisión y en las leyes del sector, así como en los acuerdos expedidos por la Comisión Nacional de Televisión.

Por otro lado se fomentó la producción propia por parte de niños, en la que se exploró el universo de los niños y la realización de series de programas para niños, los cuales participaron en su diseño. Uno de los programas, “Historietas al Derecho”, tuvo como objetivos: enseñar a los niños y niñas sus derechos a través de historias divertidas y cotidianas, poner en discusión en espacios cotidianos las temáticas que afectan y conciernen a la niñez, hacer un retrato de los principales problemas que afectan a la niñez colombiana, motivar la lectura de mensajes positivos a través del medio audiovisual y lograr la reflexión sobre las problemáticas que afectan a la niñez, a través del diálogo entre adultos, niños y niñas, buscando nuevas formas de solución. Otro programa, fue Simón, video que hizo parte de una serie internacional en la que se mostró la vida de los niños en diferentes países (Serie Open a Door en co-producción con Ragdoll y 20 países más). Estos programas fueron emitidos en Señal Colombia, en canales comunitarios y en instituciones educativas.

A pesar de la magnitud del trabajo de PCIN y de su calidad, el proyecto fue cerrado en el 2003 debido a que las prioridades del ICBF empezaron a estar en programas más urgentes como desayunos escolares. De esta manera, la política de infancia continuó centrándose solamente en educación y protección.

Por otro lado, como ya se anotó al inicio de este capítulo, la Comisión Nacional de Televisión, CNTV desde 1995 ha sido la entidad responsable del desarrollo y ejecución de los planes y programas del Estado en los servicios de televisión, la intervención en los aspectos relacionados con el espectro electromagnético utilizado para dichos servicios, la dirección de las políticas que en materia de televisión determine la ley y su regulación.

La Comisión Nacional de Televisión diseñó un plan estratégico 2004-2007 en el cual se presentan los objetivos y proyectos estratégicos para la implementación del Plan Nacional de la Televisión 2004-2007 . Los cuatro objetivos del proyecto son: (i) asegurar la gestión eficiente y transparente del Ente Autónomo; (ii) garantizar el acceso universal y la calidad del servicio; (iii) fomentar la televisión pública e (iv) impulsar la industria de la televisión.

Como veremos a continuación, en los últimos años las principales acciones públicas que se refieren a la relación televisión/niños y jóvenes han sido desarrolladas paralelamente o en coordinación entre la CNTV, los ministerios de Comunicaciones, Educación y Cultura y por otras entidades como la RTVC:

Control posterior a los diferentes segmentos de la televisión para el cumplimiento de las regulaciones acerca de franjas infantil, familiar y de adultos y de los contenidos de programación

El artículo 29 de la ley 182 de 1995, estableció que la Comisión Nacional de Televisión, CNTV, aunque no puede ejercer censura ni control previo a los contenidos de la programación infantil y de la publicidad en el servicio de televisión, ya que los canales privados tienen autonomía en fijar los contenidos de la programación , le confiere la potestad de clasificar y regular los contenidos de la televisión con el fin de promover la calidad de este servicio y garantizar el cumplimiento de los fines y principios que rigen el servicio público de televisión, que protegen a la familia y a los grupos vulnerables de la población, en especial a los niños y jóvenes.

La ley 335 de 1996 establece en caso de que los programas de todas las franjas, violen las disposiciones del Decreto 2737 de 1989, Código del Menor (hoy Ley de Infancia y Adolescencia) o cualquier ley que proteja los derechos de los niños, de los jóvenes y de la familia, la Comisión Nacional de Televisión impondrá sanciones según la gravedad del hecho, desde la suspensión temporal del programa hasta la cancelación del mismo.

De esta manera, en la actualidad la CNTV ejerce un control posterior, mediante el Grupo de Quejas y Reclamos , de modo que cada vez que se presenta una petición, queja o reclamo por parte de los televidentes sobre contenidos no aptos para niños en los programas o la publicidad de la franja familiar e infantil o sobre incumplimiento de la franja infantil, se inicia un proceso de investigación y, tras confirmarse la falta, se aplican sanciones. Según el Comisionado Eduardo Rafael Noriega, en el 2006 se han aplicado 5 sanciones a los canales privados, las cuales no han sido dadas a conocer por éstos o lo han hecho en horarios en los que la audiencia es mínima.

Las principales regulaciones de contenidos de la programación y la publicidad y de los horarios de las franjas infantil, familiar y para adultos cuya aplicación posterior realiza la CNTV están contenidas en los siguientes acuerdos de la CNTV:

El acuerdo 010 de 1997, que especifica los horarios de la franja infantil, familiar y de adultos: de lunes a viernes la franja infantil tiene como horario de las 3:55 p.m. a las 4:55 p.m., la familiar de las 6:00 a.m. a las 3:55 p.m. y de 4:55 p.m. a las 10:30 p.m. y la franja de adultos de las 10:30 p.m. a las 6:00 a.m. Los sábados, domingos y festivos la franja infantil va desde las 8:00 a.m. a las 10:00 a.m., la franja familiar de las 06:00 a.m. a las 8:00 a.m. y de las 10:00 a.m. a las 10:30 p.m. y la franja de adultos de las 10:30 p.m. a las 06:00 a.m.

-Este acuerdo establece la obligación de anteponer a la transmisión de cada programa un aviso indicando en forma escrita y oral la edad mínima apta para ver dicho programa, si contiene o no violencia o escenas sexuales para el público adulto.

- En este acuerdo también se establece, entre otras disposiciones, que no pueden transmitirse en horario infantil anuncios comerciales de producciones cinematográficas o de programas de televisión clasificados para mayores de edad o cuya temática sea apta solo para la franja de adultos. Y que en la franja familiar se podrá presentar esta clase de publicidad, siempre que sus imágenes y contenido se adecúen a la misma.

-Se establece también que los anuncios comerciales sobre preservativos sanitarios sólo pueden pautarse después de las 19:00 horas y que no deben incitar a los usuarios a la promiscuidad ni pretender que éste es el único mecanismo de evitar el contagio de enfermedades de transmisión sexual.

-Asimismo se establece que los anuncios de cigarrillos, tabacos y bebidas alcohólicas se realizarán de conformidad con las disposiciones del Ministerio de Salud y del Consejo Nacional de Estupefacientes, vigentes al momento de emisión del comercial.

El acuerdo 017 de 1997, en el que se reglamentan los contenidos de violencia y sexo en los programas de televisión. Entre otras disposiciones establece que:

-La programación recreativa deberá cumplir estrictamente las disposiciones contenidas en el Código del Menor.

-No se podrán presentar escenas o dramas en las que los niños sean víctimas de cualquier forma de violencia física, sexual o psicológica y que en la franja familiar se podrán presentar, siempre y cuando tengan una finalidad claramente pedagógica, y en tal caso deberán respetar en todas sus partes el Código del Menor. Además que estas temáticas y sus escenas pueden ser trasmitidas en franja de adultos, pero respetando en todas sus partes el Código del Menor.

-No puede ser utilizada la violencia como tema para el entretenimiento en las franjas infantil o familiar. Además, que en ninguna franja se podrá mostrar la violencia para hacer apología de ella, ni presentarla como un mecanismo válido para resolver conflictos. Y que siempre que se desarrollen argumentos donde se muestre la comisión de delitos, independientemente de la resolución de la trama, deben prevalecer ante el televidente los principios generales del respeto por la justicia y la intervención, al menos implícita, de sus agentes y gestores.

-No se puede presentar en la franja infantil el sexo como tema para el entretenimiento. Este puede tratarse en la franja familiar siempre y cuando tenga justificación dentro del contexto en que se producen los hechos. En la franja infantil y familiar sólo se presentarán programas de contenido sexual cuando tengan fines didácticos o científicos. Y en todo caso estos temas serán tratados teniendo en cuenta la sensibilidad de la audiencia de estas franjas.

-No puede presentarse el sexo como instrumento válido para alcanzar objetivos profesionales, académicos, económicos o personales diferentes de los que estén implícitos en la relación de pareja.

-No puede ser transmitida la pornografía en ninguna franja de la televisión abierta. Por pornografía se entiende la presentación degradada del sexo.

-No se pueden presentar programas donde los niños sean autores o víctimas de violencia sexual, o se atente contra el honor o pudor sexuales. En la franja familiar se podrán presentar, siempre y cuando tengan una finalidad claramente pedagógica, y en tal caso deberán respetar en todas sus partes el Código del Menor.

-No pueden presentarse en la franja infantil anuncios comerciales o promocionales o avances de programas que incluyan escenas de sexo. En la franja familiar se podrán presentar, siempre y cuando el sexo esté implícito en la naturaleza del producto o servicio que se publicita. Los comerciales deberán respetar la clasificación de la franja de audiencia en que se vayan a transmitir.

-No puede emitirse publicidad en la franja infantil y familiar con escenas en las que se atente contra la integridad moral, síquica o física de menores. En ninguna franja se emitirán mensajes publicitarios que inciten a la violencia o hagan apología de hechos delictuosos. Los comerciales que por la naturaleza del producto o servicio que anuncian, y para la efectividad de éstos, deban contener escenas o imágenes violentas, sólo se podrán transmitir en la franja de adultos.

-No puede anunciarse en ninguna franja de la programación armas de fuego, juegos, juguetes o implementos bélicos.

Creación del Observatorio Nacional de Televisión

En el marco del Plan de Desarrollo de la televisión 2004-207 la CNTV está adelantando actualmente las acciones conducentes al diseño, fundamentación, consolidación e institucionalización del Observatorio Nacional de la Televisión, que complementará el control posterior, tradicional de la CNTV, al planearse como una unidad para el estudio, seguimiento permanente, análisis sistemático y discusión pública de temas y problemáticas vinculadas al ámbito de la televisión y en donde se incluirá también el estudio y seguimiento a la televisión infantil y juvenil

Esta entidad, de acuerdo al Plan de Desarrollo de la Televisión 2004-2007 (2004) , “vinculará y articulará los esfuerzos e iniciativas de la universidad, (entre ellas la Universidad. Javeriana), los centros y grupos de investigación, los profesionales y especialistas involucrados en el sector. Lo anterior, con el propósito común de hacer de los diversos procesos de la televisión un objeto de estudio y reflexión permanente y vincular sus hallazgos y resultados a la planeación del servicio, la toma de decisiones, el mejoramiento de la calidad de la televisión y el redimensionamiento de las acciones formativas, culturales y de formación ciudadana que desarrollan las diversas agencias socioeducativas que abordan, entre otras, las perspectivas de la educación –comunicación y comunicación y cultura política.”

Realización de investigaciones sobre televisión para niños y jóvenes

Juan Carlos Garzón (2006) planteó que “la Comisión Nacional de Televisión, al mismo tiempo que adelantó este proyecto en cumplimiento de las funciones institucionales de promover y realizar estudios e investigaciones sobre televisión y de diseñar estrategias educativas y pedagógicas para el mejoramiento del servicio, consideró de vital importancia desarrollar esta tarea en el marco del propósito institucional de propiciar la consolidación de una comunidad académica y profesional que contribuyera a incrementar las capacidades nacionales para hacer de la televisión un objeto de investigación y reflexión permanente y sistemática, así como orientar los resultados del proceso investigativo hacia la toma de decisiones, el diseño de políticas y la planeación y cualificación del servicio de televisión en Colombia”.

Aunque en los 2 años últimos años la CNTV ha contratado otras investigaciones sobre televisión para niños y jóvenes, como la presente, el mayor cúmulo de investigaciones de este tipo fue fruto de una convocatoria de la CNTV en el año 2002 (realizadas entre el 2002 y el 2004), cuyos títulos se presentan a continuación:

Investigaciones sobre la televisión como una herramienta pedagógica

-Formación ciudadana y constitucional a través de la Televisión. Una propuesta de jóvenes para jóvenes (Canal Universitario de Antioquia - Canal Universitario del Valle)
-Efectos de un modelo de televisión educativa en la formación académica universitaria. (Universidad de Antioquia)
-Propuesta de un modelo pedagógico de competencia televisiva con fines educativos. (Universidad Distrital Francisco José de Caldas)
-Producción, validación y medición del impacto de un nuevo formato de televisión para fomentar el interés y conocimiento de la ciencia y la tecnología en niños de 8 a 14 años. (Universidad Externado de Colombia)

Investigaciones sobre familia infancia y usos de la televisión

-Los niños y las reglas de la recepción televisiva en el ámbito doméstico. (Universidad Santiago de Cali)
-La televisión en la familia y la familia en la Televisión. (Fundación Universitaria Los Libertadores)
-Pantallas reflexivas: diseño participativo de estrategias de convivencia con las pantallas. (Universidad del Valle).

Investigaciones sobre audiencias y valores

-Influencia de los programas televisivos que incluyen contenido sexual en el comportamiento de los adolescentes colombianos. (Universidad de los Andes)
-Influencia de la programación de televisión por cable en la formación de valores en la población escolarizada entre 11 y 16 años en los municipios de Quibdo, Tadó e Itsmina. (Universidad Tecnológica del Chocó)
-Practicas culturales en adolescentes, medios masivos de comunicación y diseño cultural. (Universidad Nacional de Colombia)
-Análisis de la recepción televisiva en audiencias socioculturamente diferenciadas de Bogotá. (Universidad Nacional de Colombia)
-Los reality show en Colombia sobre la construcción social de valores. (Universidad Nacional de Colombia).

Investigaciones sobre nuevos modelos de televisión

-Televisión y convergencia digital. (Universidad Central);
-Hacia un Sistema de Televisión Educativa Pública Regional: un nuevo enfoque y convergencia tecnológica. (Universidad de Cartagena).

Educación para la teleaudiencia infantil y juvenil.

En noviembre del 2006 se aprobaron 6 proyectos de investigación para el diseño de estrategias y herramientas educativas y pedagógicas para la formación de la audiencia infantil y juvenil en la recepción, la lectura crítica y el uso creativo de la televisión. Estos proyectos, a ejecutar en el 2007, deben contener un componente de intervención que busque la transformación de un contexto específico y se deben materializar en propuestas de cartillas, materiales didácticos, productos audiovisuales y/o herramientas multimedia.

Los proyectos a ejecutar y las instituciones que van a realizarlos son:

-Ser joven indígena en la TV: estrategia pedagógica para niños y jóvenes de la comunidad “los pastos”, en el uso y realización de programas educativos y culturales desde lo étnico (Universidad de Nariño).
-Noticieros y géneros informativos en los grados 1 a 5 de primaria, edades 7 a 12 años de edad (Universidad del Valle).
-Teleaudiencia crítica y producción co-responsable: modelo pedagógico participativo de formación en la lectura crítica del servicio de televisión entre la comunidad escolar del INEM José Félix de Restrepo y Telemedellín (Institución Universitaria Politécnico Colombiano Jaime Isaza Cadavid).
-Usos pedagógicos de una televisión de calidad para niños y jóvenes (Universidad Distrital).
-Diseño e implementación de una cartilla multimedial como estrategia para el fomento del uso pedagógico de la televisión en y desde la escuela. Un estudio de investigación-acción en educación básica en los municipios de Quibdó, Istmina y Tadó (Universidad Tecnológica del Chocó).
-Una propuesta dirigida al público infantil para ver televisión con perspectiva de género (Centro de Estudios Socioculturales CESO de la Universidad de los Andes y Corporación Universitaria Minuto de Dios).

Cabe resaltar otra acción pública de la CNTV para la formación de la teleaudiencia infantil y juvenil. En el 2004 la CNTV creó el programa “Para Ver TV”, espacio diseñado exclusivamente para la audiencia, para aportarle una herramienta que le permita asumir críticamente los contenidos de la televisión. Este programa ha tenido cuatro etapas la última de las cuales empezó el 1 de septiembre de 2006. Este programa es emitido por Señal Colombia los jueves a las 8:30 p.m. y aunque no es un programa dirigido solamente a la audiencia infantil, puede ser visto por niños y jóvenes.

En este programa se han realizado análisis de programas dirigidos a niños y jóvenes por los canales públicos y privados emitidos en todas las franjas como realities, telenovelas, documentales, programas de opinión o de programas dirigidos a niños y a jóvenes, entre otros. Además se ha realizado análisis de temas como la publicidad, el sexo, la violencia y las religiones en la televisión, entre otros.

Fomento a la Televisión Educativa

El papel de la CNTV en la televisión educativa ha consistido en la financiación de la programación de Señal Colombia, el canal público que en los últimos años ha venido fortaleciendo la televisión educativa; y la aprobación de la política que Radio y Televisión de Colombia (antes Inravisión y Audiovisuales) y los ministerios de Comunicaciones, Educación y Cultura propongan específicamente para Señal Colombia. La propuesta de la RTVC y de los ministerios desde el 2003 ha tenido como fundamento “consolidar el proyecto de identidad nacional a través de la televisión, como vehículo para la convivencia pacífica” y como objetivo “garantizar al fin una oferta permanente de televisión cultural de calidad y un sistema de televisión educativa que sea la base para pensar la educación del país en términos de sociedad del conocimiento.”

La televisión dirigida a los niños y jóvenes a través de Señal Colombia es fundamentalmente educativa. La transformación del canal en los últimos años se ha realizado en el marco de formulación e implementación del “Sistema Nacional de Televisión Pública”, por medio del cual debe adquirir identidad la “Red Nacional de Televisión Educativa”

La transformación de Señal Colombia, (que con anterioridad transmitía programas institucionales, al igual que el Canal Institucional) ha tomado elementos del Proyecto Nacional de Cultura y Educación a través de los Medios Masivos de Comunicación, PROCEM (formulado en 1999), que según el Ministerio de Comunicaciones (2005) “fue concebido también como un propósito nacional a largo plazo, que permitió asociar esfuerzos, recoger experiencias y generar consenso en torno a la construcción y orientación de la programación de los medios de comunicación públicos. El PROCEM se enfocó en el marco de cinco principios orientadores: movilización social, reconocimiento de la diversidad cultural y ambiental, respeto por el conocimiento y la experiencia, transversalidad, y estabilidad y permanencia de los programas dentro de su propia dinámica de evolución y crecimiento constante”. En este proyecto se establecieron mesas de trabajo interdisciplinarias e interinstitucionales que diseñaban soportes para la producción de programas infantiles, de medio ambiente y de etnias. Se realizaban convocatorias para que productores presentaran propuestas televisivas, las cuales salieron al aire hasta el 2004.

Aunque en el año 2000, Señal Colombia se propuso como objetivo una programación que incorporara la filosofía, los principios, la propuesta temática y las orientaciones de política trazados por el PROCEM, “la propuesta televisiva del canal, en su conjunto, no logró proyectar una imagen corporativa sólida como era lo esperado” En este periodo, Señal Colombia entra en una crisis que lleva a los ministerios citados a “proponer un modelo que, además de construir un estilo para el canal Señal Colombia, garantizara el seguimiento cercano de las producciones con el fin de lograr resultados de calidad y excelencia, tanto en términos de transparencia en la utilización de los recursos y en la producción, como en la consolidación de un verdadero canal y en el afianzamiento de Señal Colombia como herramienta de apoyo a las políticas educativas y culturales.”

De esta manera a partir del 2003, se diferenciaron las identidades de los canales públicos: el Institucional debe presentar información sobre las actividades de las instituciones del Estado, los resultados de sus planes, programas y proyectos en desarrollo, y Señal Colombia debe presentar programas educativos y culturales. También se delimitaron las franjas: la franja educativa tendría el horario de 6 a.m. a 6 p.m. y la franja cultural de 6 p.m. a 12 p.m. Además se creó un Registro Único de Productores y Realizadores, al que pertenecen empresas que cumplen con los requisitos de experiencia, equipos técnicos, cumplimiento de anteriores contratos y propuestas novedosas y de alta calidad. De modo que las empresas inscritas en el Registro Único son las que entran a competir por la producción de programas educativos y culturales. Y además, a partir de un estudio sobre otras experiencias internacionales sobre el manejo de canales se creó la figura de producción delegada, la cual realiza un acompañamiento e interventoría a los contratistas del canal en contenidos y calidad.

En el 2005, según el Ministerio de Comunicaciones (2005) “un total de 190 productores y realizadores de televisión se encuentran inscritos en el mencionado Registro Único, a través de cinco categorías a saber: Grandes Casas Productoras, Casas Productoras, Productores y realizadores independientes, Universidades y Jóvenes realizadores.

Apoyo a ligas de televidentes

El Plan Nacional de Desarrollo de la Televisión 2004-2007 incluye el apoyo a las ligas de televidentes como una de las acciones de la estrategia de fomento de la calidad del servicio de televisión que apunta a lograr el objetivo de garantizar el acceso universal al servicio de televisión y a mejorar su calidad.

En palabras del Comisionado Eduardo Rafael Noriega, elegido por la academia en la CNTV, hay pocas organizaciones civiles interesadas en la estrategia. Por lo tanto, plantea que en el 2006 sólo se ha apoyado a la Red Papaz con un convenio, en coordinación con la Universidad Pedagógica, para la ejecución de un proyecto piloto de formación de formadores. Red PaPaz es una corporación sin ánimo de lucro creada en febrero de 2003 por un grupo de padres y madres voluntarios y hoy conformado por miles de padres de familia, unidos a través de las asociaciones de padres de familia “preocupados por influir de manera positiva en el entorno en que se educan los menores colombianos.” Se cita esta acción de apoyo estatal porque contribuye a fortalecer una organización que involucra a los padres de familia, que juegan un papel importante en las formas de ver televisión y en escogencia de programas que ven niños y jóvenes, y porque ha sido una organización muy activa en la defensa de los derechos de los niños y jóvenes en relación a la televisión.

Producción propia por parte de grupos poblaciones especiales (niños y jóvenes)

Las acciones de fomento para la producción propia por parte de niños y jóvenes han sido escasas. Cabe anotar, sin embargo, que en la resolución 095 del 28 de diciembre del 2005 de la RTVC , por medio de la cual “se implementa el Registro Único de Productores y Realizadores de programas de televisión para el Canal Educativo y Cultural Señal Colombia” se crea la categoría Jóvenes Realizadores y Productores audiovisuales. En ella se establece que los jóvenes que deseen inscribirse en esta categoría, “deben ser personas naturales menores de veintiséis (26) años que acrediten estudios de Educación Superior Universitaria o Tecnológica relacionados con la producción y realización de televisión, cine o medios audiovisuales, y experiencia académica en la producción o realización audiovisual”.

La producción propia por parte de grupos poblaciones especiales (niños y jóvenes) es una de las acciones de la estrategia “Etnias, Democratización y cubrimiento de la Televisión” que apunta a lograr el objetivo de garantizar el acceso universal y la calidad del servicio de la calidad del servicio de la televisión previsto por el Plan Nacional de Desarrollo de la Televisión 2004-2007. El Plan establece que “adoptará los mecanismos y proveerá las herramientas institucionales especiales para garantizar que (…) los grupos especiales de población (niños y jóvenes) (…) puedan contar con los mecanismos compensatorios que les permitan (…) contar con las estrategias y herramientas necesarias para potenciar la producción propia, desde los elementos constitutivos (...) de su identidad poblacional.”

Como se verá en las recomendaciones, el fomento a la producción hecha por niños y jóvenes es una de las principales recomendaciones de política pública de televisión para este sector de población. De esta manera, un conjunto de acciones orientadas hacia este componente en el futuro pueden fundamentarse en las siguientes disposiciones legales:

El artículo 13 del Código del Menor (Decreto 2737 de 1989, que será reemplazado por la Ley de Infancia y Adolescencia) establece que “todo menor tiene derecho al descanso, al esparcimiento, al juego, al deporte y a participar en la vida de la cultura y de las artes. El Estado facilitará, por todos los medios a su alcance, el ejercicio de este derecho”.

El artículo 34 de la Ley de Infancia y Adolescencia establece que “los niños, las niñas y los adolescentes tienen derecho a buscar, recibir y difundir información e ideas a través de los distintos medios de comunicación de que dispongan.”

La Ley de Juventud (Ley 375 de 1997) en su artículo 31 establece que “el estado promoverá y apoyará la creación por parte de los jóvenes de medios de comunicación para el desarrollo a través de su efectiva participación en medios masivos de comunicación” y que “para tal efecto el Gobierno adoptará las medidas necesarias a través del Ministerio de Comunicaciones.”

Firma del Compromiso Nacional por una Televisión de Calidad para la Infancia en Colombia

El 30 de Agosto de 2005 se firmó por parte de la mayoría de los distintos actores involucrados en el sector de la televisión en Colombia, entre ellos, la Comisión Nacional de Televisión, el “Compromiso por una televisión de calidad”, “después de una serie de iniciativas y actividades en las que participaron los firmantes , a través de un proceso de diálogo e interlocución, de acuerdo con sus propias capacidades, intereses y expectativas sobre el tema”.

Los cuatro ejes del compromiso son: programación y producción; políticas, regulación y fomento; participación ciudadana e investigación. De forma resumida, los objetivos del compromiso en este momento son los siguientes :

- “Fomentar la producción nacional de televisión infantil, incluyendo los incentivos necesarios”

- “Fomentar la capacitación formal y no formal para el desarrollo de competencias relacionadas con la producción y programación de televisión infantil”

- “Promover la regulación y la co-regulación”

- “Fomentar los procesos de participación y veeduría ciudadana alrededor del tema de la televisión infantil.”

- “Fortalecer y ampliar el debate público sobre televisión, infancia y adolescencia en Colombia, a través de diferentes sistemas de medios, incluyendo evaluaciones permanentes de la TV infantil que sale al aire.”

- “Crear estrategias para fortalecer la investigación, y la divulgación de resultados de estudios sobre televisión-infancia y adolescencia.”

- “Crear y/o fortalecer procesos de cooperación entre la academia y los productores, y entre la academia y otros sectores relacionados con la televisión infantil.”

- “Establecer alianzas con entidades internacionales para el intercambio de información, la adaptación de estrategias y/o metodologías de investigación, y la co-financiación de proyectos conjuntos.”


4. ENFOQUES CONTEMPORÁNEOS DE LAS POLÍTICAS CULTURALES Y SOCIALES, DESDE LA PERSPECTIVA DE AGENCIA

A lo largo de este estudio, hemos querido insistir en que no es posible desvincular los criterios básicos para una política televisiva sobre infancia y juventud tanto de las políticas públicas generales de infancia y juventud como de las demás políticas culturales y sociales ni de los contextos en los que unas y otras se construyen. También hemos insistido en que las políticas públicas no se construyen desde arriba sino con la participación de los diversos actores sociales, cada uno de los cuales posee ‘agencia’. Retomaremos este aspecto.

4.1. La perspectiva de agencia

Como ya se ha señalado antes, los enfoques más significativos para la formulación de políticas relacionadas con niños y jóvenes, intentan superar los enfoques sectoriales y aquellos de carácter adulto-céntrico, de corte asistencialista, es decir enfoques que los entienden como “etapa de transición”, como “sujetos vulnerables necesitados de protección”, o como “sujetos en riesgo”. Estos enfoques los perciben como: 1) actores estratégicos del desarrollo; 2) sujetos de políticas afirmativas (se concibe a la juventud como etapa plena y autónoma de la vida); 3) ciudadanos y sujetos de derechos en el marco del estado social y democrático de derecho. Podemos apostar entonces por un nuevo enfoque que llamaremos de “agencia” (Giddens, 1987).

Entendemos, con base en planteamientos que datan del Centro de Estudios Culturales Contemporáneos de Birmigham (1975), que los niños y jóvenes poseen ‘agencia’, particularmente en el ámbito de sus interacciones con las mediaciones info-comunicacionales, entre las cuales se cuentan todas aquellas que están vehiculadas por las pantallas múltiples que hacen parte de su cotidianidad.

El concepto de agencia se entiende “asociado a categorías tales como libertad, libre albedrío, creatividad, originalidad y capacidad real de cambio mediante la acción de agentes libres” (Barker, 2000). Entendemos la agencia en el sentido de ‘poder actuar diferentemente’, tomando decisiones contingentes, fijando el mejor curso posible de acción, pero determinados por ‘narativas psíquicas y emocionales que no manejamos conscientemente en su totalidad’, con frecuencia rutinarias y/o sin pleno conocimiento objetivo.

La agencia es entonces “una vía culturalmente inteligible de comprender nuestras acciones; cada uno tiene la experiencia existencial de tomar y asumir decisiones. Actuamos, aún si esas decisiones y actos estuvieran determinados por fuerzas sociales, en particular por el lenguaje, el cual está por encima de cada uno de nosotros como sujetos individuales.” (Barker, 2000)

En relación con las nociones de ‘originalidad’ ‘innovación’ y ‘creatividad’ en el contexto de la contingencia, no hay contradicción. La realización personal de cada sujeto específico es un acto único, aunque todos hagamos parte de un universo común; la performancia-en-contexto produce una combinación única, dado que las relaciones cambian en específicas coyunturas históricas o culturales. Cada sujeto puede recrearse en formas singulares, gracias a la capacidad de producir ‘nuevos lenguajes’, es decir, gracias a la posibilidad de “producir nuevas metáforas y expandir su repertorio de descripciones alternativas”. (Rorty, 1991)

Un elemento esencial al definir la ‘agencia’ es la capacidad de re-pensar y re-escribir a través de las prácticas materiales en las que estamos implicados, tanto individual como socialmente. En dichas acciones se producen nuevos sujetos políticos, se “promueve la posibilidad de políticas de la identidad y el cambio social. La identidad política se fundamenta sobre la base que los seres humanos pueden actuar propositiva y creativamente.” (Barker, 2000) Los niños y jóvenes, actúan y toman decisiones en forma permanente, en aquellos ámbitos en los cuales ellos/ellas tienen gobierno. Uno de ellos es la televisión. Podemos arriesgar la idea de una ‘ciudadanía comunicativa’ que les permite (sin permiso) ejercer en sus propios mundos la posibilidad de expresarse con relativa libertad y tomar decisiones que no cuentan con la aprobación de los adultos ni del Estado protector.

Aunque en términos del Foucault de la primera época “los sujetos se entienden como construcciones discursivas y productos del poder”, donde el discurso regula lo que puede ser dicho acerca de las personas bajo determinadas condiciones sociales y culturales”, dichos sujetos ni están condenados a ser “cuerpos dóciles”, ni son puros ‘efectos’ del discurso. El asunto ético del ‘cuidado de sí’, gracias al cual los sujetos ‘centran la atención en ellos mismos, les permite descifrar, reconocer y aprehenderse a sí mismos como sujetos de deseo’, es decir, auto-reconocerse en prácticas de auto-construcción y reflexión, y en consecuencia, asumir posibilidades de cambio, es decir, una posición que permite que la agencia ocurra en forma creativa, enfrentando el poder.

En el caso de los jóvenes es ejemplar el trabajo de Willis “Learning to labour” (1977). Su argumento central es que una persona puede ser un agente activo que resiste desde determinada posición las relaciones de exclusión y dependencia que hereda o en las que se encuentra sumergido; simultáneamente reproduce esas mismas estructuras de subordinación clasista a través de prácticas y decisiones no intencionadas, al tomar opciones que comprometen su futuro.

En la teoría de Giddens (1984) “las estructuras no solo constriñen sino también promueven o motivan a los sujetos a actuar”; en consecuencia, tienen como característica básica la dualidad. Un sujeto construye su proyecto identitario en tanto agente, pero no puede olvidar que está determinado por fuerzas sociales que lo superan y en las cuales está inscrito. De manera particular el lenguaje permite visualizarlo: siendo un espacio de auto-creación y producción de significación social, pre-existe, está construido y nos determina. Si regresamos a la propuesta de Foucault, la agencia se entendería como “una posición de sujeto con discurso”. A pesar de las determinaciones ‘disciplinarias’ o ‘estructurales’, parece posible pensar en sujetos que estando relativamente determinados poseen agencia. A partir de esta situación se configura otra modalidad de política social y de acción pública de los/las jóvenes.

Probablemente el antecedente más elaborado, de donde podemos sacar lecciones para nuestro tema específico, es el caso del feminismo. La discusión se centra en la oposición sexo-género, buscando superar el determinismo biológico y destacar la capacidad humana de construir mediante discursos y prácticas sociales, culturales y políticas, opciones de auto-identidad que permitan erradicar las inequitativas y violentas relaciones binarias entre macho/hembra. Allí queda abierta la posibilidad de introducir cambios significativos en la construcción de lo que significa ‘ser mujer’, traducidos en políticas sociales. Y de superar visiones simplistas que sugieren una categoría universal válida para todas las mujeres, que se traduciría en un feminismo global desconocedor de la pluralidad multicultural y generador de estereotipos que atentan contra formas concretas de actualizarla.

Amartya Sen plantea el ‘desarrollo’ como el despliegue de las capacidades y libertades para elegir y la expansión de esas libertades reales (Sen, 1996, Iguiñiz, 1996). Está directamente relacionado con dos categorías que han sido piezas clave en el enfoque de género: el empoderamiento y la autonomía.

El empoderamiento sería un proceso de ir haciéndose con el poder, no como un ejercicio de dominación sobre otros sino en términos de “capacidad de las mujeres de aumentar su auto confianza e influir en la dirección de los cambios mediante la habilidad de ganar el control sobre recursos materiales y no materiales fundamentales” (Moser, 1991:105). Esta manera de concebir el empoderamiento remite a los aportes de Arendt cuando distinguiendo las diferentes formas de poder llama la atención sobre ese poder para actuar, esa capacidad, esa potencia que permite la acción colectiva: “[el poder] corresponde a la capacidad humana no sólo de actuar sino de actuar en concierto. El poder no es nunca propiedad de un individuo, pertenece al grupo y existe sólo mientras éste no se desintegra” (Arendt, 1970).

El concepto de autonomía enfatiza los procesos que diferentes personas y grupos sociales utilizan desde posiciones subalternas para abrirse espacios de participación y modificar su situación de subordinación. Galtung (1980) “relaciona el concepto de autonomía con la capacidad de una persona para desarrollar poder sobre sí misma, no en soledad o aislamiento, no a través de derechos sociales y políticos, sino a través del desarrollo de los medios materiales y no materiales para sobreponerse a -y con ello reducir- la opresión que traen las distintas formas de “poder sobre otros” (Vargas y Meynen 1994, 29).

El empoderamiento de las mujeres pasa por procesos de autonomía y espacios de agencia en los cuales las personas gestionan su propia vida. Supera así la imagen de la mujer víctima, carente, objeto inerme frente a la opresión. El concepto de agency (Giddens, 1987) permite superar las dicotomías entre lo objetivo y lo subjetivo, entre la estructura y la acción y mostrar la relación entre la acción y el poder. Hay espacios y dimensiones en los cuales la mujer tiene más recursos que en otros y ello incidirá en su capacidad de actuar y en los niveles de autonomía que genera (poder sobre sí misma)

Si la acción se centra en la formulación de políticas (sociales, de identidad, de la diversidad, del cuerpo…) el feminismo tiene un papel protagónico en los siguientes asuntos: a) ha sido creador de un ‘lenguaje nuevo’ que abre la puerta al reconocimiento de ese ‘otro’ llamado ‘mujer’, inaprensible e irreconocible, y a partir de allí, ha estimulado el diálogo y la búsqueda de acuerdos pragmáticos (Rorty, 1991); b) ha estimulado la redescripción de las mujeres como sujetos, es decir, la producción de nuevas formas de nombrarse diferentes a las del opresor y de hacer oír sus reclamos en términos creíbles y aceptables socialmente; c) ha imaginado y puesto en circulación formas alternativas de comunidad a partir de experiencias que abren el espacio a la deliberación moral y política, a la búsqueda de sueños de humanidad, a la transparencia en relación con la verdad y la justicia; d) ha empoderado a mujeres individuales en luchas colectivas que conducen a políticas con arraigo democrático y aperturas al cambio

En el contexto de países gravemente afectados por la pobreza, donde el estado de bienestar no tiene vigencia, nos preguntamos: ¿cuál es la relación de los jóvenes con la ciudadanía en un panorama de desprotección social por parte del Estado y de gran inestabilidad? Más concretamente, en una Colombia que sobrevive en medio del conflicto armado podemos preguntar: ¿existen condiciones para el ejercicio de la ciudadanía? Si hasta ahora han sido excluidos de las ciudadanías civil y política; y en el plano de lo social solo son consumidores que se pliegan al poder, ¿se trata de continuar ‘tutelándolos’, de diseñar políticas adulto-céntricas y estado-céntricas que posterguen indefinidamente su capacidad de actuar en ‘causas propias’?

Ser ciudadano consistiría en tener acceso a un conjunto de garantías sociales, a una plataforma mínima de seguridad que equilibre los desniveles sociales desde una ‘política social de Estado’; constatamos que hoy en día solamente existen ‘políticas compensatorias’ dirigidas a manejar los más graves problemas. Por su lado, los niños y jóvenes no parecen interesados en actuar como un colectivo que hace interlocución con el Estado: a veces son vistos como ‘estudiantes’, otras veces ‘campesinos’ o ‘desempleados’… Asumirlos como sujetos de derecho, con ciudadanía plena, con capacidad de participación en lo público implicaría abrir espacios de deliberación que los visibilicen; o establecer mecanismos respetuosos de consulta (contando con su diversidad) para una representación delegada que evite la imposición vertical desde arriba. (Reguillo, 2003)

Si hacemos una lectura crítica de la ciudadanía social y sus variantes históricas podemos afirmar que para los niños y jóvenes de Colombia (tal vez de América Latina entera) la ciudadanía es un mito, no una situación de hecho, principalmente debido al empobrecimiento estructural de las sociedades (desventajas acumuladas, desigualdades y exclusión); las violencias contemporáneas (clima de guerra, inseguridad y sospecha, que convierten a los jóvenes en el ‘enemigo interno’); el vaciamiento de la política y en consecuencia, la pérdida de densidad de lo público, que produce desconfianza en los niños y jóvenes como actores políticos; las migraciones forzadas y aceleradas, mayoritariamente juveniles. Por lo cual cabe seguir preguntando: ciudadanos, ¿de dónde?, ¿para qué?

4.2. Políticas culturales

La ‘ciudadanía cultural’ aparece incorporando desde el análisis cultural nuevos componentes trans-territoriales: las nuevas identidades, las migraciones, las exclusiones (ya no las desigualdades), la situación de víctimas; el cuerpo, las mediaciones y la ciudad… E implica derechos culturales, según los cuales las personas, grupos o pueblos son portadores de identidades étnicas, políticas, éticas y estéticas que les dan una particularidad y que conllevan tensiones. En su origen están los trabajos de Renato Rosaldo (1989), centrados en la multiculturalidad y las minorías chicanas en USA, donde la diversidad es la bandera.

Estos derechos de tercera generación tienen conexión directa con el ejercicio de la sexualidad y el empoderamiento del cuerpo, vehículo de identidad y comunicación con otros cuerpos sociales. Algo parecido sucede con el género y las desigualdades que conlleva ser mujer joven. Y, con las representaciones y estereotipos que circulan en los medios. El acceso desigual a las TIC, los medios masivos y las industrias culturales produce nuevas exclusiones y bloquea la conectividad en el mundo globalizado en el que viven los niños y jóvenes. Este punto es muy sensible en la medida que reclaman aperturas a la interculturalidad.

La búsqueda de alternativas de vida en otras naciones también se ha constituido en una realidad importante para los niños y jóvenes. Ello plantea nuevos problemas relacionados con la pérdida de la ciudadanía nacional y la imposibilidad de conseguir la ciudadanía en el lugar de destino, permaneciendo como ‘indocumentados’ marginales, reputados de extranjeros peligrosos. El conjunto de circunstancias expuestas hacen cada vez más riesgosa e inestable su condición de ciudadanía.

También la organización y participación de los niños y jóvenes adquieren otra forma a la luz de sus expresiones cotidianas (música, autogestión, lenguajes…), estrategias con las cuales negocian o resisten el orden estructural. En consecuencia, la ciudadanía “deja de ser un principio socio-político y se convierte en formas de acción, puestas en escena (artísticas, corporizadas). Hacer política desde la cultura, con otros lenguajes, cambia la política. Las prácticas de ciudadanía de los niños y jóvenes tienen que ver con hacer cosas (performatividad), involucrarse en causas, expresarse libremente, juntarse en redes más que en organizaciones, experimentar el cuerpo como territorio autónomo”. (Reguillo, 2003) Esto implica hacer otra lectura de sus expresiones culturales en el espacio público, empoderarlos en sus propios espacios, acercarse a la comprensión de sus lógicas de vida cotidiana, trascendiendo la concepción de sujetos apáticos o a los que solo interesa el partidismo electoral.

Siendo la ciudadanía moderna (civil, política, social) insuficiente, hace falta una concepción abierta, una ciudadanía “policéntrica” (Reguillo, 2003) que permita movilizar su agencia (capacidad de transformar la realidad mediante recursos materiales y simbólicos) en la complejidad de las sociedades contemporáneas. Es decir, superar la visión de receptores de derechos definidos a priori y desde arriba, al mismo tiempo que se les niegan las oportunidades al espacio público por miedo a su apariencia, pobreza, edad, raza, expulsándoles de la vida colectiva. En contraposición, la ciudadanía cultural se define desde el género, la etnia, la religión, las opciones sexuales, las identidades, las formas de expresión, los juegos mediáticos. Estas ciudadanías no se pueden pensar desde la organización tradicional ni desde la participación electoral o la democracia formal. Ni desde la condición de víctimas o victimarios. Estas situaciones nos llevan a mirar atentamente las prácticas culturales ciudadanas, los usos y alcances de esta categoría llenada de otros contenidos: en las maras y pandillas, que satisfacen necesidades mínimas y otorgan una ‘para-ciudadanía’; en espacios que gestionan la esperanza, como las iglesias; en el ciberespacio, donde coexisten alternativas de relación.

Interrogar esas prácticas culturales intentando leer en ellas los alcances ciudadanos y la forma como niños y jóvenes las llenan de contenido, implica un llamado a ubicarnos en el contexto de los nuevos órdenes sociales mundiales (sociedad de control, sociedad informacional, sociedad del riesgo) y en contextos multidimensionales en los cuales se construyen las subjetividades juveniles contemporáneas. En consecuencia, es necesario hacer una actualización del tema, abordando las nuevas configuraciones de agencia cultural, diferentes a las de ‘resistencia’ subcultural, e incluso a las de la ‘rebelión’ del consumidor (Fiske, 1989). Sin duda, niños y jóvenes poseen una fuerza activa en la creación de sus propias culturas. Pero también el consumo podría ser pensado en sentido activo: este último tópico servirá para ampliar lo ya planteado.

Retomando la caracterización de la agencia humana y en particular los interrogantes acerca de la superación de nociones de identidad a la luz de argumentos anti-esencialistas y la incorporación de subjetividades en construcción en la esfera de lo público, esta debe ser entendida como la capacidad socialmente construida de actuar y no debe ser confundida con un tema de auto-creación trascendental. El universo siempre está ‘en construcción’. Podemos hacer la diferencia creando nuevos y mejores futuros. No estamos constituidos por un núcleo innato de actitudes, creencias y capacidades. Somos una red de actitudes, creencias, etc., que actúa. El cambio social y cultural no se hace a partir de inflexibles ‘leyes de la historia’, sino de compromisos éticos y prácticas concretas.

Hace falta, pues, replantear el asunto de la creatividad juvenil en la contemporaneidad, desde una comprensión de la estética como la dimensión de la autocreación fundada en las prácticas culturales y usos de los medios (Marin, Muñoz, 2002). Los teóricos del CCCS pusieron la piedra fundacional, aunque admiten en textos recientes que la gran mayoría de los jóvenes de clases proletarias a los que aluden en sus textos no pertenecieron a ‘subculturas’ tan coherentes como ellos pensaron. Aquellas que destacan en sus discursos teóricos son espectaculares. En Common Culture (1990) Willis muestra que los jóvenes son creativos en su producción cultural (música, moda, fanzines): todo el tiempo están tratando de expresar algo acerca de su actual o potencial significación cultural; revelan elementos de su capacidad de agencia cotidiana a través de consumos y prácticas mediáticas. En consecuencia, estos no son pasivos e indiscriminados, sino acciones de creatividad simbólica. Las industrias culturales no tienen entero control sobre los jóvenes: ellos se apropian, reinterpretan y subvierten los significados de los textos. No se trata ni de borregos ni de víctimas.

Vivir en medio de la ‘sociedad del riesgo’ (Beck, 1992) en medio de desafíos diarios, les lleva a buscar algún asidero en valores simbólicos relacionados con los productos que consumen, percibidos a través de los medios y reelaborados (bricolage) en sus propias prácticas. Incluso la práctica de ‘robar textos’ de los ‘fans’ subvierte los significados de la cultura dominante, produce comunidades de sentido e identidades a partir de los originales. En consecuencia, construyen sobre medidas, con su grupo, subjetividades que les permiten adquirir un sentido de individualidad en un mundo caracterizado por la inestabilidad, el flujo y el cambio.

Aunque el mercado y las empresas transnacionales buscan ‘glocalisar’ a los niños y jóvenes en tanto consumidores de marcas, reciclando sus estilos, actitudes e imágenes, convirtiéndoles en audiencias que actúan conforme al ‘piensa global, actúa local’, no se trata de simple homogenización. Es más bien un agregado o red de flujos compuestos de medios, tecnología, ideología y grupos diversos que se mueven en diferentes direcciones, sin un centro o una periferia claramente definidos. (Appadurai, 1996)

Es lo que ha sucedido en lugares tan disímiles como Colombia, donde mayoritariamente se ha condenado a los rockeros desde sus primeras manifestaciones en los años ’60, por ser satánicos, drogadictos y rebeldes, por sus expresiones contraculturales y de protesta, especialmente en los sectores populares y rurales, donde los diversos grupos armados les persiguen abierta y violentamente. Las culturas juveniles contemporáneas no se forman aisladamente sino a través de complejos procesos de conexión, interfases e interrelaciones mundiales. Sus formas culturales son el producto de la interacción: es el caso de culturas conformadas alrededor de la música raï en Algeria, los bosozoko (punk) japoneses, el jungle de los rappers británicos, el bhangra de los hindúes… donde se fusionan elementos del folclor local, con múltiples fuentes y estilos (reggae, raga, hip-hop, hard-core, house). En ellas se siente el impacto de la dispersión por efecto de los viajes, se crean redes de identificación trasnacional, comunidades imaginarias, encontradas, contingentes, sincréticas, híbridas, impuras. Estas ‘identidades diaspóricas’ y de lucha política, típicas de las culturas negras y aborígenes, de sus conexiones trasatlánticas, están en permanente diálogo intercultural. (Gilroy, 1997)

Ponemos entonces en discusión este replanteamiento de la agencia cultural en medio de la ‘crisis de identidad’, que reconfigura todas las variables a través de las representaciones mediáticas. En concreto, el cuerpo generizado sufre una inmensa transformación por efecto de figuras como Madona, Marylin Manson, Bon Jovi, David Bowie… e incluso los drag-queen y las mujeres rappers, quienes hacen posible la disyunción entre sexo anatómico e identidad de género, negocian múltiples identidades y fronteras sociales, desafian la misoginia, los estereotipos raciales y la explotación sexual, adoptando una forma diferente de feminidad ‘performativa’ y resistencia sexual para dejar de ser puros objetos.

Algunos utopistas como Leary llaman la atención acerca de la sorprendente creatividad que los nuevos medios potencian en niños y jóvenes. (Leary, 1994) Otros consideran que en este tema se les ha mitificado y la realidad es mucho más prosaica; sin embargo, no cabe duda que el internet, la digitalización y específicamente la telefonía celular, están cambiando radicalmente las relaciones info-comunicacionales de niños y jóvenes con el entorno, gracias al potencial de la comunicación electrónica, su capacidad de crear espacios para nuevas, múltiples, experimentales formas de identidad.

Simultáneamente aparecen otras formas de redes comunitarias: los hackers, foros no oficiales de fans, plataformas de consumidores activistas, sitios de acumulación, apropiación y rearticulación del contenido mediático, consumo y producción conjugados. Se constata mayor dominio de la tecnología por parte de hombres jóvenes; usos participativos de internet para la construcción colectiva de las propias subculturas, nuevas y más fluidas formas de exploración identitaria, conexiones ‘translocales’, movimientos anti-globalización. Las percepciones del mundo, las experiencias de espacio y tiempo en la vida de niños y jóvenes, se han alterado profundamente mediante los nuevos medios y las tecnologías de comunicación.

En este contexto parece útil tomar en consideración la noción de ‘circuitos de cultura’ que alude a cómo las formas mediáticas circulan y generan sentidos, dentro de la vida cultural. (Jonhson, 1997) Un texto se mueve al menos a través de tres estadios: producción, textualidad y recepción. En cada uno de ellos existen características específicas, pero los tres están conectados mediante procesos de interdependencia e interacción. En los Estudios Culturales, se acredita a las audiencias y consumidores un papel activo en la creación simbólica de sentidos; se supera la noción de ‘masas’ manipuladas y el puro análisis del texto; ello conlleva en muchos casos la insuficiente mirada a los temas de producción y control, cayendo en cierto ‘populismo cultural’ que enfatiza algunos aspectos desde la perspectiva del pueblo en desmedro del abordaje económico, histórico y político.

Se llega así a finales de los ’90 a un marcado dualismo entre la economía política, que acentúa las dimensiones de la producción/control, y la teoría cultural que lo hace con la dimensión de la recepción/creatividad. El análisis de Du Gay muestra que existen cinco procesos interconectados en el circuito cultural: producción, formación de identidad, representación, consumo y regulación. (Du Gay, 1997) Se pone particular atención en las relaciones entre comercio y cultura, entre producción y consumo, típicas de nuestra cotidianidad. Está claro que se requiere una aproximación desde múltiples perspectivas para comprender las relaciones entre cultura juvenil y medios, en co-dependencia del mercado juvenil y el circuito cultural. Por otro lado, la conexión entre desarrollo económico e ideología política es importante y ha afectado la formulación de política de juventud, entendida como una etapa diferente de la vida. Los desarrollos tecnológicos segmentan los grupos de consumidores, requieren especialización de los ‘intermediarios culturales’ (publicistas, diseñadores, mercadólogos), de los ‘cazadores’ de plusvalías y valoraciones que connotan ‘estilos juveniles’. Los consumidores, por su lado, se apropian los textos, los convierten en sitios de auto-representación, los construyen en diálogo con los objetos al inscribir en ellos sus propias significaciones, valores e identidades. Tal vez la relectura desde la ‘sociedad del mercado’ aparezca como una simplificación reductora del espectro, pero permite ubicarnos en la perspectiva contemporánea.

Las políticas se siguen diseñando para los niños y ‘jóvenes que deberían ser’ y no para los que son. Se los construye como ‘extraños’ (en el sentido de Bauman y Sennet); el higienismo moral los define al interior de un orden homogéneo y seguro. Sus cuerpos y su sexualidad son codificados y controlados en la ciudad. Desde la perspectiva de la ciudadanía cultural queda claro que no podemos seguir ‘tutelando’ a los niños y jóvenes: hay que reconocer su agencia; aunque sus culturas fragmentadas les hace vulnerables y los enfrenta internamente.

4.3. Política social

La política social se define como el conjunto de prácticas relacionadas con la promoción del ‘bienestar social’, que incluye los servicios de educación, salud, vivienda, seguridad…, todos los cuales afectan directamente a niños y jóvenes. Aunque es comúnmente aceptado que la responsabilidad básicamente está en manos del Estado, hoy se reconoce que instituciones como la familia o el mercado laboral, también producen bienestar y, en consecuencia, así sea implícitamente, construyen e implementan políticas sociales, con o sin auspicio del Estado. En el caso de la comunicación y la cultura, está claro que el Estado se ha ocupado principalmente de la regulación legal de su operación, pero solo excepcionalmente encontramos políticas sociales que promuevan prácticas de expresión y creación ciudadana en el campo, dejando la iniciativa en manos de los empresarios.

Como ya se ha dicho antes, los principales cambios en este espacio conceptual y en los modelos vigentes han sido fruto en las últimas décadas de desarrollos teóricos y empíricos en ámbitos de la política y la economía que van de la mano del feminismo y del post-estructuralismo en temas que ampliaremos tales como la diversidad, el cuerpo y la relación con el espacio local. Tal vez el impacto más grande tiene que ver con la comprensión del bienestar y los servicios sociales que empiezan a verse en relación directa con todas las formas de la organización social contemporánea y a ser afectados por los impactos de la globalización y las tecnologías de la comunicación y la información, los cuales arrastran efectos en los consumos culturales, la movilidad y el acceso al arte y sus principales manifestaciones públicas. En consecuencia, el espacio privilegiado de construcción de la política social serán: la experiencia cotidiana de los mismos actores sociales entendidos como agentes culturalmente activos y los desarrollos teórico-metodológicos en perspectiva trans-disciplinaria. Es decir, se produce un giro, al considerar lo social íntimamente conectado con lo biográfico, con la experiencia corporal, temporal y territorial, con los mundos de vida, con la negociación que cada uno hace a través de sus experiencias personales y grupales de prácticas concretas de ciudadanía, de acceso equitativo a oportunidades, de formas de intervención en lo público.

Los énfasis se van a poner en el lenguaje, los textos, los símbolos, las representaciones, las narrativas, las alternativas de construcción de vida social mediante proyectos que serán agenciados conceptual y empíricamente en temas que afectan directamente a los ciudadanos: clase, género, etnia, generación (lo juvenil), modelos de estado. Es evidente que están ocurriendo transformaciones socio-culturales de hondo calado en múltiples escenarios: la familia, la escuela, la política, los medios de comunicación, la vida sexual… Estas exigen pensar de manera diferente y actuar en función de las nuevas estructuras, las nuevas tecnologías, las formas de control, los ámbitos culturales y económicos mundializados, la alteración en la conformación de identidades.

El discurso de la sociología ‘convencional’ ha sido criticado desde las perspectivas del feminismo, el post-colonialismo, la nueva teoría racial, la teoría de la singularidad, los estudios gay y lesbianos, la teoría social post-moderna, por sus opciones a favor del macho, blanco, heterosexual, occidental; por sus pretensiones de universalidad y de verdad completa. Cada una de estas fuentes nutre los replanteamientos de las ciencias sociales y de la política social contemporánea, en particular.

Empezando por las diversas modalidades del movimiento feminista (negro, lesbiano, post-estructuralista) que desde los ’70 desafían los fundamentos de las disciplinas sexistas y proclaman la igualdad de oportunidades, la libre autodeterminación en roles y opciones de futuro, forzando a replanteamientos en perspectiva de género y levantando su voz en temas tan sensibles como emoción, cuerpo, intimidad y esfera privada. Llegan a elaborar posiciones teóricas, metodológicas y epistemológicas que proponen ‘el feminismo como una nueva forma de pensamiento que supere las jerarquías machistas y la marginalización de la mujer’. (Wise, Stanley, 2003)

Entre 1870 y 1930 las banderas del feminismo eran básicamente coincidentes con el primer ideal de bienestar de la política social (derecho al voto, participación en el mercado laboral, acceso a la universidad y a las profesiones liberales, cuidados de salud). Cuando amplían el horizonte y establecen conexiones entre las esferas pública y privada, las mujeres se ven como protagonistas centrales en la lucha por un bienestar social que debe incluir transversalmente consideraciones de género y sexualidad. Sus proclamas dicen desde los años ’70: “lo personal es político”, “el trabajo doméstico requiere políticas económicas”.

La desigualdad de géneros se manifiesta en todos los ámbitos, pero las contradicciones más fuertes se manifiestan en la familia: allí no están separadas las esferas de lo público y lo privado; allí la distribución de la riqueza, el trabajo y el poder son tremendamente inequitativos. Sin embargo, en paralelo es un espacio de segregación y de resistencia, un terreno de opresión física, emocional y mental y donde se hace más clara la opción de construir otra identidad, donde se provee y se recibe bienestar social. (Lister, 2000)

Si tipificamos a los actores de la política pública en tres categorías: usuarios (consumidores, clientes o receptores), proveedores y gestores, en el caso de las mujeres estas son mucho más usuarias que gestoras. Pero en la esfera doméstica, son más proveedoras… y tienen acceso limitado a la producción de política social, debido a la desigual participación en las estructuras ocupacionales. Una vez más, el horizonte del Estado como único proveedor y gestor de bienestar se ve desbordado.

No cabe duda que el feminismo ha sido también creador de nuevas categorías que la política social ha venido asumiendo progresivamente, la más valiosa sería la de ‘cuidado’ (físico, emocional y material); al lado de esta otras tales como ‘esfera doméstica’, ‘trabajo no-pagado’, ‘relaciones de género’… En cambio no se interesa demasiado en la teoría del estado ni en sus modos de representación en el nivel político.

Con menor reconocimiento que el feminismo es igualmente importante el discurso de las minorías étnicas, cuyo origen son los estudios post-coloniales y en particular los ‘estudios orientales’ interesados en la representación de esos ‘otros’ silenciados, reducidos a objetos, leídos en clave de dualismos simplistas: blanco-negro, oriente-occidente, amo-esclavo. La complejidad de las identidades étnicas y relaciones raciales conducirá a la inclusión de la diversidad y la diferencia como categorías que atraviesan la política social. (Said, 1978)

Otro discurso emergente de creciente importancia es el de los estudios gay, lesbianos, bisexuales y trans-genéricos así como la teoría de la singularidad, los cuales introducen cambios en la teoría social y en el tema de las identidades, en un registro diferente al de trabajos heterosexuales, incluidos los estudios de género convencionales. Estas identidades sexuales mucho más localizadas, se ubican en un marco espacio-temporal, con coordenadas históricas y culturales concretas. (Cranny-Francis, Waring, Stavropoulos, Kirkby, 2003)

Finalmente, en relación con el controvertido postmodernismo, su postura obedece al radical enfrentamiento con el consenso de la modernidad, argumentando que ‘no existen verdades universales acerca de lo social, porque tanto la búsqueda científica como los actores sociales están situados al interior de contextos particulares de carácter histórico, cultural y económico. En consecuencia, cualquier mirada teórica o empírica es parcial, situada, dinámica y fluida (ni fija ni absoluta) y cualquier relato y/o experiencia hacen parte de dicho contexto.’ (Lather, 1991) Se rompen así dualismos tan marcados en la modernidad como racionalidad versus emocionalidad, objetividad versus subjetividad o ciencia versus retórica. Todos ellos se juzgan inadecuados para comprender un mundo en el que se entrecruzan múltiples causas y efectos interactuando en formas no-lineales. Por lo tanto, la condición postmoderna y las aproximaciones sociológicas que parten de allí, reconocen complejas realidades sociales, múltiples voces y diversidad creciente. Su cuestionamiento básico apunta a las lecturas abarcadoras de la totalidad, a las explicaciones absolutistas generadoras de miradas autoritarias en la vida social.

En forma similar la perspectiva teórica post-estructuralista esclarece el campo al reconocer la conexión entre prácticas discursivas y el saber que estas formulan, vistas como conjuntos de argumentos o lenguajes a través de los cuales la significación se amarra y deriva simbólicamente; ‘si las relaciones sociales se entienden desde la pluralidad y la diversidad, se reconoce igualmente que los individuos son activos en conformar discursos a través de los cuales ellos son a su vez conformados’. (Foucault, 1982) Se recalca así la situación local del discurso social y los procesos dinámicos mediante los cuales se construyen el conocimiento y las identidades sociales. Y aparece su aporte básico, la relación entre conocimiento y poder en tanto el discurso construye y legitima el conocimiento, el cual a su turno refuerza y asume corporalmente la relaciones de poder. Los discursos –entendidos como marcos de significación históricamente producidos en tiempos y culturas particulares- dejan ver las complejas articulaciones del conocimiento y el poder, construidos y negociados, ya no como entidades fijas y estáticas.

Ni las perspectivas post-modernas ni las post-estructuralistas han sido incorporadas plenamente aún al cuerpo teórico de la política social, aunque los debates han permitido hacer lecturas más dinámicas y cercanas de las contradictorias formas sociales, de las experiencias diferenciales y las relaciones de los actores con el estado de bienestar. También se han abierto espacios para que compitan otros discursos capaces de interpretar las prácticas cambiantes. Se podría pasar entonces de políticas simplistas sobre la desigualdad racial, que focalizan la acción en la selección, socialización y movilización de iniciativas anti-racistas, a las políticas complejas que se centran en exclusión social y des-racialización de los discursos.

Esas ‘otras voces’ que se introducen en la política social pueden desvirtuarse si se asume ‘hablar por’ ellos en vez de ‘hablar con’ los ‘otros’ o empoderarlos para que hablen por sí mismos (los niños y jóvenes, los discapacitados, los contaminados con sida…), con lo cual se enriquece la comprensión de los efectos de la política social en cada grupo poblacional, brindando un mejor acercamiento desde posiciones que recogen los avances de género, etnia, generación, discapacidad, etc.

4.4. Tendencias destacadas: ‘políticas de la representación’ y ‘políticas de la articulación’

Dos tendencias han ganado posición central en el campo de la comunicación y la cultura: a) las políticas de la representación, por cuanto los lenguajes mediáticos configuran espacios de poder en los que se producen formas identitarias que adquieren legitimidad y son aceptables por el sentido común y las ‘versiones oficiales’ y, b) las políticas de la articulación, básicamente de sentidos plurales en la cultura, que se deconstruyen y modifican sin cesar; pero también de los ámbitos del saber y del poder, de la economía política en la cultura. (Jordan, Weedon, 1995)

Desde la perspectiva culturológica las formas de nombrar al sujeto no son insignificantes, allí se juegan argumentos de poder en los escenarios en que este se desempeña. Es decir, el nombre se constituye en recurso diferencial que permite o niega el acceso y regula socialmente las opciones de participación en lo público. Es muy diferente hablar de los jóvenes como menores de edad, adolescentes o sujetos en riesgo, a concebirlos y tratarlos como seres humanos plenos, sujetos de derechos y ciudadanos con agencia. Esta última representación no es aún aceptable y las consecuencias se traducen en permanentes violaciones de sus derechos en todas las esferas, con grave riesgo para sus vidas (lo cual se puede verificar en Colombia mediante índices de asesinatos y maltrato así como en múltiples formas de exclusión). Es decir, su representación cultural es política.

Podemos aprender de la experiencia de las mujeres, representadas como objetos de placer, sirvientas o brujas (en tiempos no tan lejanos), lo cual impidió su legitimación como sujetos en la economía y la política, reduciéndolas a la servidumbre sexual y confinándolas al encierro de la esfera doméstica. Su conquista de la ciudadanía pasa por su reconocimiento público como personas, con capacidad de autodeterminación y poder decisorio. En la zona de tensiones y luchas cotidianas llamada cultura, compiten permanentemente sentidos y significaciones que pujan por imponerse y reclaman pragmáticamente la verdad.

En la perspectiva de los estudios culturales la génesis del debate sobre políticas culturales se remonta a los planteamientos de Antonio Gramsci (1968). Este introduce la hegemonía como categoría que permite comprender los procesos de significación-producción mediante los cuales un conjunto de representaciones y prácticas dominantes o autoritarias se producen y mantienen con la complicidad de las clases subordinadas. El ideal de sus figuras más connotadas ha sido convertirse en intelectuales orgánicos, formando parte de movimientos sociales y posiciones políticas que fueran capaces de enfrentar la subordinación. En la práctica los críticos son muy duros con sus alcances reales.

Con inspiración claramente gramsciana, en relación con las subculturas juveniles, se destaca el texto “Resistance through rituals” (Hall and Jefferson, 1976) al explorarlas como formas de resistencia a la cultura hegemónica. Por vez primera leen sus estilos y prácticas de bricolage en la clave del orden simbólico-imaginario, proponiendo que el conjunto de sus experiencias buscan reinventar valores, espacios y formas de vida de la clase trabajadora, con recursos precarios que no garantizan la abolición del desempleo, las desventajas educativas, la regeneración urbana o el alza de los salarios… Aunque no se articulan a organizaciones políticas anti-capitalistas que proclaman la insurrección, a nuestro parecer, se trata de simientes creativas en la intervención frente a los nuevos tipos de sociedad que surgen en la posguerra.

Los grandes temas del enfoque gramsciano: hegemonía, ideología, resistencia, serán retomados por Hall (1978) al interesarse por el pánico moral que causaban en los años ’70 los robos callejeros y la forma como los narraban los medios de comunicación, poniendo el acento en la raza negra de los asaltantes, tachados en conjunto de enemigos de la ley. El trabajo hace un análisis de los elementos que subyacen en la política implícita de los medios: asociación entre delincuencia y raza negra; contexto de crisis económica, ideológica y racial que explica el pánico moral; construcción mediática del desorden racial como causa evidente; popularización de cierta ideología dominante con base en el pánico mediático; prescripción de medidas autoritarias ante la alteración del orden y la ley justificadas en el pánico moral.

Muchos otros análisis parecidos están igualmente influenciados por el enfoque gramsciano, en temas tan diversos como ideología en las noticias y negocios, melodramas televisivos, publicidad y cine popular, audiencias nacionales.

No entraremos en el núcleo de las propuestas de Derrida, Laclau y Mouffe (1985) acerca de la forma como los sentidos se difieren, se añaden y suplementan continuamente en un proceso infinito que los sustituye y amplía en un juego que reta la significación al perpetuo movimiento (la categoría básica, en francés se denomina ‘différance’). Esta es la forma como existe y se debe pensar el campo de ‘lo social’: como un conjunto de relaciones contingentes agregadas en torno a unidades temporales de sentido que se yuxtaponen, se conectan, se articulan o suturan juntas bajo ciertas condiciones… Así estabilizamos provisoriamente, por ejemplo, los significados de masculinidad o identidad juvenil.

En consecuencia, Laclau y Mouffe al plantear que la clausura y estabilización temporal del sentido es plural, que no se reduce a una determinación de clase social anclada en la economía, piensan que la significación cultural se articula en variadas formas. Por tanto las claves gramscianas, que implican el papel central de la pertenencia de clase en la historia y la ideología, y de un agente privilegiado del cambio social… son consideradas erróneas. Asumen más bien la existencia de bloques hegemónicos y contra-hegemónicos formados por alianzas temporales y estratégicas de una gama de temas discursivamente construidos por grupos de interés.

El protagonismo lo asumen los movimientos que se han desarrollado a partir de la proliferación de nuevos antagonismos sociales centrados menos en el espacio laboral (del proletariado) que en los espacios de consumo, bienestar y habitat. En la búsqueda de los derechos sociales aparece un nuevo eje político en torno a ‘luchas por lo urbano, lo ecológico, lo anti-autoritario, lo anti-institucional, lo feminista, lo anti-racista, lo étnico, lo regional o… las minorías sexuales’.

Los énfasis que se marcan en esta línea de pensamiento son: el anti-esencialismo, la contingencia temporal de los sentidos que implica su clausura arbitraria en tanto se busca la transformación de la sociedad, el reconocimiento de la importancia de las nuevas subjetividades, la aproximación desde múltiples perspectivas… Podríamos hablar entonces de políticas de articulación, o ‘nueva política cultural de la diferencia’ que en términos de West (1993) procede de la siguiente forma:
- Deconstrucción: Una relectura de textos permite cotejar los tropos, metáforas y binas de operaciones retóricas textuales. Por ejemplo, las binas macho/hembra, y blanco/negro, en las cuales el primer término se privilegia como ‘bueno’, sería replanteado y posteriormente sometido a una tensión productiva. En breve, la deconstrucción nos ayuda a ver la asunción política de los textos.
- Demitologización: Ilumina la construcción social de metáforas que regulan las descripciones del mundo y sus posibles consecuencias en la clasificación de lo social. Es decir, mapeando las metáforas con las cuales vivimos y sus nexos con política, valores, propósitos, intereses y prejuicios. Muestra por qué debemos hablar no de Historia sino de historias, no de Razón sino de formas históricas de racionalidad contingente.
- Demistificación: Describe y analiza la complejidad de lo institucional y otras estructuras de poder para abrir opciones de praxis transformadora. Ese ‘criticismo profético’ requiere un análisis social que es explícito y militante en sus objetivos políticos y morales. Más aún, el desarrollo de las posiciones críticas y la nueva teoría deben conectarse con comunidades, grupos, organizaciones y redes de gente que está involucrada activamente en el cambio social y cultural.

Otro tipo de articulación que se recomienda a los estudios culturales tiene que ver con un compromiso profundo de estos con la economía política de la cultura que facilite su aproximación desde múltiples perspectivas para poder interrogar las relaciones de la política cultural con el control y el poder y logren develar las estructuras que producen, sus formas de organización, sus mecanismos de dominación y sus límites en las actuales coyunturas.

Está claro que en cada uno de los momentos del circuito de la cultura (representación, regulación, consumo, producción e identidad) ha habido nexos entre estudios culturales y economía política, aunque se hayan desdibujado en ciertos análisis de texto fuertemente semiotizados.

Tal vez el reto más fuerte está en trabajar seriamente desde la perspectiva cultural con el estado y/o con el mercado, para construir en esa articulación políticas culturales de largo plazo, de carácter anti-hegemónico, a pesar de las grandísimas limitaciones que acarrea tratar de consensuar perspectivas tan opuestas y opciones tan irreconciliables.

Según Bennet (1998) es necesario conocer realmente las dimensiones institucionales del poder cultural, trabajar con los productores culturales y ‘colocar la política dentro de los estudios culturales’, es decir, entrar sin miedo a las instituciones y organizaciones que producen tecnologías materiales del poder para ‘desarrollar allí políticas y modos de intervención estratégica, puesto que no estamos discutiendo las relaciones entre dos estamentos separados (la crítica y el estado) sino, más bien, las articulaciones entre dos ramas de gobierno, cada una de las cuales está profundamente involucrada en el manejo de la cultura’.

Las políticas culturales se pueden definir entonces, como el poder para nombrar y representar el mundo, dado que el lenguaje es constitutivo del mundo y guía la acción. Las políticas culturales pueden ser concebidas como una serie de luchas sociales colectivas, organizadas en relación con clase, género, raza, sexualidad, edad, etc., que buscan redescribir lo social en términos de valoración específica y con consecuencias esperanzadoras.

4.5. Replanteamientos centrales: la corporización de la política y el asunto de la diversidad

El cuerpo y la corporización de la política social

El primero de ellos tiene relación directa con el tema que a nuestro parecer define la comunicación en la vida de niños y jóvenes en su más cercana cotidianidad: el cuerpo. Es abordado en profundidad con la clara intención de posicionarlo en la teoría sociológica por Turner en su obra The body and society (1984). Otras disciplinas que lo han convertido en objeto de atención y estudio han sido: la antropología social, la psicología, la lingüística, la filosofía social y la educación. Y desde los estudios culturales, la atención se centra en algunos discursos ligados a identidad y otredad. Interesa aquí más que la conceptualización, su relación con la política social y cultural.

Siendo una pieza clave en la lucha contra los dualismos, el cuerpo ha sido visto en la postmodernidad como experiencia vivida, como espacio de conocimiento y de práctica discursiva, como marco conceptual para repensar las distinciones convencionales; como elemento básico de los movimientos sociales desde la Ilustración hasta la post-modernidad. Recordemos que el desarrollo histórico de la ciencia social adoptó el lenguaje de la modernidad –neutral, científico, lógico y objetivo- y una lectura de los actores sociales como racionales, sin emociones y fundamentalmente ‘descorporizados’. En consecuencia, el cuerpo fue excluido de la teoría social. Los cuerpos fueron manejados, trascendidos o simplemente ignorados. Las ciencias sociales olvidaron que los actores sociales tienen cuerpo y que la acción social y las instituciones son corpóreas.

Dejemos en claro que en Vigilar y Castigar (1975), y más tarde en La Historia de la sexualidad, Foucault considera el cuerpo físico, emocional y sexual como central en la vida social, en la medida que habla e interactúa, es disciplinado en las instituciones, es (de) sexualizado y medicalizado, es vehículo privilegiado de la agencia… Es decir, no es una entidad neutral o natural, se hace visible mediante discursos. Los cuerpos son reproducidos, regulados y ordenados como mecanismo para el ejercicio o negación del poder. Poder y conocimiento están íntimamente conectados y el cuerpo ocupa allí una posición eminente a través de dos articulaciones: el disciplinamiento y el biopoder, ejercidos en instituciones de política social como la prisión, el asilo, el hospital y la escuela, lugares de vigilancia, control, manipulación y producción social del cuerpo. Respecto al biopoder, el control se ejerce hoy profesionalmente mediante bases de datos acerca de morbilidad, mortalidad y niveles de salud.

Otra fuente importante que ha construido posiciones tanto teóricas como empíricas acerca del cuerpo ha sido el feminismo, en franca lucha contra las dicotomías: masculino/femenino, fuerte/débil, activo/pasivo… derivadas de la concepción patriarcal que reduce el cuerpo de la mujer al rol de madre reproductora, con lo cual se justifica su sometimiento socio-cultural, económico y político, extensivo a otros cuerpos considerados inferiores o dotados de la cualidad esencial de la ‘minoría’ de edad: es el caso de los niños y jóvenes en el tema de lo generacional.

Infinidad de experiencias de las mujeres muestran que es necesario superar las lecturas generalizadoras que hacen abstracción de las condiciones concretas en las que el cuerpo físico se despliega y se actualiza en diferentes cuerpos que remiten a diversas significaciones: ellas son responsables del bienestar doméstico, del cuidado de la salud y la preparación de los alimentos, de la reproducción y crianza de los hijos, del placer sexual, de adscripciones culturales ligadas a sentimientos de ternura y pacifismo, lo cual explicaría su alejamiento de las armas y las acciones bélicas… aunque en paralelo el hogar regido por ellas es el epicentro de discursos moralistas, autoritarios y de control. Se trata, sin duda, de múltiples experiencias de cuerpo.

Esos cuerpos físicos, sexuales y emocionales que cada uno experimenta son centrales en nuestras experiencias –de self, salud, trabajo, juego, familia, consumo, ambiente, etc.-. El cuerpo pasa de ser un recipiente de pecado a ser un objeto de despliegue donde el self se manifiesta con precisión, es objeto de cuidado, reconstruido y representado. Como resultado de lo anterior se reubican las emociones y múltiples subjetividades y realidades, reconociendo en consecuencia múltiples narrativas corporizadas. Por tanto, aparecen múltiples conceptos acerca de la formación de la identidad y el poder, cambiantes, contradictorios, emocionales y corporizados.

Específicamente, la política social ha prestado mínima atención al cuerpo y la evolución conceptual que lo ha convertido en un eje de la reflexión contemporánea. Construido socialmente en la intersección de la biología y la cultura, "el cuerpo en sus diversas formas es central en las prácticas de la misma: cuerpos discapacitados, cuerpos ‘étnicos’, cuerpos infantiles, cuerpos sexualizados, cuerpos ancianos, cuerpos necesitados, cuerpos en peligro, cuerpos en riesgo…”. (Lewis, Hugues, Saraga, 2000)

Aunque necesariamente hay que contar con el cuerpo en las prácticas de bienestar, en los procesos básicos que se realizan con clientes y pacientes que producen, consumen, actúan, descansan, interactúan, etc., es decir, aunque está en la política social al menos como categoría útil, sin embargo, el cuerpo es una ‘presencia ausente’, una entidad pre-social, un objeto que se maneja o es trabajado y no un sujeto con agencia propia… Resulta apenas obvio que el cuerpo está en el centro de la política social, por cuanto sobre él opera y funciona, y todas sus prácticas y procesos lo asumen como un eje, en la medida que los actores sociales son corpóreos y las instituciones que definen, planifican y ejecutan la política, registran, miden, categorizan, analizan, intervienen, institucionalizan, etc., a las personas sobre las que se despliega la experticia y los artefactos culturales, encarnadas en esta forma material subordinada.

La atención que implementan las instituciones para detectar, evaluar y responder a las múltiples necesidades físicas, emocionales y mentales de los seres humanos y las colectividades en las que interactúan, se aplica, en infinidad de asuntos que se concretan en cuerpos limitados (por la edad, las incapacidades o las carencias), cuerpos abusados y/o maltratados, cuerpos privados de libertad, cuerpos manipulados… A ellos se dirige la política social, en sentido amplio y a la vez específico.

Las posiciones críticas a los procesos y prácticas de la política social del bienestar que surgen de incorporar el tema del cuerpo a partir de la concepción foucaultiana que lo analiza como objeto de control y regulación, cuestionan de fondo las manipulaciones y apropiaciones indebidas, así como los medios coercitivos para conseguir resultados (e.d. el modelo panóptico). Se hace visible entonces la incompatibilidad entre las posiciones de la política social convencional y las posiciones contemporáneas que introducen polisemia en la comprensión de la vida social, y de paso, complejidades que dificultan el trabajo empírico y la intervención en el ámbito del modelo del desarrollo. La principal dificultad está en que la política social no se compromete con posiciones que proponen la agencia en campos como género, generación, etnia y discapacidad. No le resulta fácil ni entiende cómo superar las concepciones biologistas que reducen el cuerpo femenino a cuerpo no-masculino, el cuerpo juvenil a cuerpo inmaduro, el cuerpo negro a cuerpo no-blanco, el cuerpo discapacitado a cuerpo anormal o disfuncional… Llega a considerar que sería un retroceso concebir una política social centrada en el cuerpo de sujetos con agencia y no en clientes que son objeto de atención dentro de estructuras verticales.

El desafío se plantea en pensar de otra forma, en mover las fronteras de la teoría y la investigación, acercándose a la cotidianidad de la vida. Lo cual se traduce en abrir espacios más allá de temas canónicos como la salud, la educación y el trabajo, más allá de la tradición de intervenir con base en la focalización empírica que ha trazado unos límites, en atreverse a enfrentar la novedad que introducen cuerpos atravesados por prácticas de transexualidad, virtualidad, modificación física, alteración de los estados de conciencia… que afectan íntimamente los discursos, las agendas y las representaciones, los espacios de análisis, las nuevas significaciones sociales, y que implican prácticas sustantivamente diferentes de política social, sin que todo lo anterior sea una cortina de humo que enmascare el desarrollo social y/o evite ver las inequidades y los diferenciales de poder.

Cuando aquí nos referimos a ‘cuerpo’ no solo pensamos en cuerpos individuales. De hecho en el área de la salud se le concibe como un objeto anónimo y ‘paciente’ del cual dispone el médico, y en el caso de los discapacitados es ignorado; probablemente el cuerpo juvenil por su misma exhuberancia es relativamente molesto e irritable, por cuanto es objeto asociado al consumo y experimentación. Asociado a variables como género, raza y generación, nos impulsa a nuevos campos de análisis en el diseño e implementación de una política social que no olvide el biopoder y las redes. Y permite asomarnos a tópicos específicos como la presencia del cuerpo en el trabajo diario, en las organizaciones e instituciones y en las prácticas discursivas. (Twigg, 2002)

Ocuparse cotidianamente de ‘cuerpos ajenos’ en las instituciones que atienden servicios de salud, geriátricos, bolsas de empleo, centros comunitarios, implica sobretodo limpiarlos, moverlos, curarlos, etc., es decir, tocarlos, manipularlos, cuidarlos exponiéndose al permanente contacto físico y a la relación con su desnudez, es decir, con su intimidad sexual, actuando desde una posición de género, con cierta ambigüedad por cuanto se trata de subordinarlos o someterlos. En estas prácticas de relación directa con cuerpos enfermos (que no pueden contener sus excrecencias), o recién muertos, o ‘sucios’ y repulsivos, o desordenados y díscolos, se configura un ‘cuerpo-trabajo’ para personal especializado, generalmente mujeres, que en dicha interacción, más allá de la higienización, construyen identidades y sub-sociedades escondidas, réplicas del hogar y la familia, donde la política social es ‘informal’.

En escenarios diferentes a los de la salud, es decir, allí donde se manejan cuerpos de estudiantes al interior de la escuela, de prisioneros en las cárceles o de indigentes y desempleados en centros de atención, la política social opera muy poco en relación con el ‘cuerpo-trabajo’, lo esencial es su disciplinamiento y control.

Tomemos la escuela como espacio institucional modelo donde se produce con los niños y jóvenes un ‘cuerpo-organización’ perfectamente dócil y regulado mediante la restricción de posiciones y movimientos, rutinas de aseo y alimentación, apariencia física, uso limitado de la palabra, el sonido y la gestualidad, formas de interacción, manejo estricto del tiempo y el espacio… Allí toda expresión de agencia es considerada resistencia o sublevación, desafío a la norma, indebido reclamo de autonomía, ejercicio de singularidad o de anonimato… que no son tolerables. La política educacional prescribe toda una normativa respecto al cuerpo, que aplica en otros espacios: sillas, pupitres, tableros, filtros, porterías; lugares para comer, beber, correr o hablar; localización precisa del cuerpo en lugares vigilados, en horarios estrictos.

Es evidente que la construcción de identidades sexuales y juveniles utiliza como mecanismos privilegiados las prácticas de corporeidad, en particular en momentos de tránsito como el paso de la escuela primaria a la secundaria, cuando la construcción de un estilo vestimentario personal, la relación con maestros adultos, el enfrentamiento de miedos y la experiencia de descubrimiento de la afectividad, implican explorar tanto la regulación como la potencial agencia del cuerpo en los cambios operados y las formas mediante las cuales la corporeidad es un asunto de legitimación y negociación.

Pero no solamente se construyen cuerpos mediante relaciones laborales o institucionales. También las prácticas discursivas, usando diversos lenguajes, los producen y reproducen, mediante calificativos que los representan y domestican. Es así como el cuerpo infantil será objeto de ‘protección’ en la familia, los cuerpos de los ancianos, los enfermos y los discapacitados se nombran como ‘minusválidos’, los cuerpos de las mujeres como ‘maternales’, delicados y/o sensuales, los cuerpos de los habitantes de la calle como negligentes y descuidados… denominaciones que se elaboran con base en diagnósticos profesionales y en lecturas supuestamente ‘objetivas’, con las cuales se definen las políticas sociales. Dichos discursos se convierten en vía de acceso a su cuerpo, ya no en forma material directa… siendo esa la vía para percibir la política social como práctica social y experiencia corpórea.

No queda duda que nuestras experiencias y discursos están atravesados por la experiencia primigenia de ser cuerpo; en consecuencia, debería ser explícita la relación con los espacios de la política social, para dotar de sentido el conjunto de problemas que nos planteamos en los procesos de la vida cotidiana: de género, poder, conocimiento y organización.

La ‘diversidad’ y la ‘diferencia’

En debate y oposición con el tema de la ‘igualdad’ y sus implicaciones, como se verá más adelante, se destaca el reconocimiento de ‘otras’ formas de vida, identidades, experiencias y voces que deben ser objeto de atención y que construyen prácticas y políticas diversas. La divergencia se manifiesta en relación con otorgar un tratamiento homogéneo o neutral a personas de género, etnia o generación diferentes, bajo una cubierta de igualdad que las oculta y simplifica la compleja realidad.

Algunos temas asumen la vanguardia en este enfoque y han movido a sus miembros a radicalizar posiciones en torno a los espacios de poder que promueven los discursos de una supuesta ‘normalidad’ donde predomina el macho, el heterosexual, el blanco, el adulto… Surgen así lecturas desde el feminismo, los estudios lesbianos y de la singularidad, la nueva teoría racial, los estudios sobre culturas juveniles, que enfrentan la hegemonía del androcentrismo, la homofobia, el racismo, las posiciones adultocéntricas y aquellas que discriminan las ‘desviaciones’ e incluso las incapacidades. Tanto en las posiciones de género como en aquellas que proclaman las nuevas etnicidades y las culturas juveniles, las políticas de la diferencia definen nuevos espacios para identidades híbridas, e insisten en la especificidad y posicionalidad de todo conocimiento.

Formado y enunciado en un lenguaje inestable, el concepto de etnicidad nos ayuda a explorar prácticas culturales al interior de coyunturas históricas localizadas y políticas específicas y nos concierne en lo que hace a relaciones entre grupos que se definen recíprocamente en el contexto del poder. La etnicidad permite comprender de manera palpable las relaciones y representaciones de la centralidad y la marginalidad en el contexto de cambiar formas históricas de vida social.

El proceso que proponemos supone un cambio importante que parte del reconocimiento de la diversidad y la búsqueda de vías para un auténtico ejercicio de ciudadanía, con base en la participación y la consulta a los agentes. El impacto consecuente se sentirá en diseño, implementación y monitoreo de política social y cultural; por ahora hay cierta sensibilidad, en documentos y discursos, a los asuntos de género y etnia. En todo caso, ya es visible el paso de una noción monolítica del estado de bienestar, típico de la posguerra, a una más ecléctica que se abre a las nociones que venimos nombrando. Aún así, aunque se den aperturas a la diversidad, muchas políticas sociales mantienen cierto tipo de estructura familiar, o de relaciones interpersonales o de roles de género e inter-generacionales, que en parte contribuyen a mantener el estatus, provisión de servicios y experiencia típicas del modelo convencional de bienestar.

Ha sido muy frecuente considerar la política social como un proceso, disciplina o conjunto de servicios de bienestar; al reconceptualizar la política social y cultural desde la diversidad, se hace posible verlas como nuevo espacio de trabajo, como terreno de experiencias personales y biográficas, como un supermercado de opciones para el desarrollo de identidades sociales, culturales e incluso profesionales.

Se hace necesario en este punto, precisar por qué, siendo la categoría ‘igualdad’ históricamente dialéctica con la ‘diversidad, e importante en la construcción de la política social conocida, no es considerada pertinente en esta propuesta.

El criterio fundamental es ético. Recogiendo la posición de Heller (1982) específicamente en el tema de la comunicación, el argumento sería que “la comunicación libre de dominación constituye en nuestros días el objetivo emancipatorio prioritario, puesto que tendría que hallarse presupuesta como condición necesaria en cualquier intento de definición de las necesidades de los miembros de un grupo social, de los grupos sociales dentro del conjunto de una sociedad y, en la hipótesis óptima, de la propia humanidad considerada como un todo. Ahora bien, mientras exista dominación, ésta dividirá irremisiblemente a los grupos sociales, a las sociedades y a la entera humanidad en dominadores y dominados, tornando así inviable una común apelación a la racionalidad por parte de unos y otros. Y, dado que las distorsiones de la comunicación han de ser atribuidas al sistema de dominación, no se comprende cómo los dominados podrían hacer valer su mayor interés en la emancipación por recurso a un diálogo cuya inicial asimetría les reservará invariablemente la peor parte en la distribución de las oportunidades de ejercitarlo. Así ocurre incluso en las democracias pluralistas…” (Muguerza, 2003). Y, en consecuencia, “el sector dominante no podrá ser inducido a escuchar un argumento a menos que se le fuerce a prestar atención” (Heller, 1982).

En el pensamiento moderno el noble concepto de ‘igualdad’ guarda su radical ambigüedad y en consecuencia hay que desconfiar de él. “Cuando la realidad es de desigualdad, hablar de igualdad es caer en el igualitarismo, es decir, en la ideología… No encuentra otra propuesta política que el Contrato Social, es decir, un orden político fundado en la simulación de que todos los hombres son iguales”. (Reyes Mate, 2003) Más aún, “siguiendo esta crítica al culto de conceptos abstractos que camuflan la realidad, Levinas llega a decir que la igualdad es in-moral. Lo que es moral, lo que hace brotar la fuente de la moralidad es la diferencia del otro: “la moralidad no nace en la igualdad, sino en el hecho de que las exigencias infinitas, las de servir al pobre, al extranjero, a la viuda y al huérfano, convergen en un punto del universo” (Levinas, 1987)… La igualdad vale ante la ley, pero para ser moral el sujeto moral tiene que asumir su singularidad incomparable y tiene que enfrentarse a sujetos que también son incomparables.” (Reyes Mate, 2003). La respuesta a la desigualdad histórica, traducida en prácticas de los actores y en políticas de nuevo cuño, no puede ser el igualitarismo, sino la memoria, los relatos de las desigualdades existentes.

En términos idealistas, se sigue hablando retóricamente de afectar las estructuras de poder para enfrentar positivamente las desigualdades; buscar el reconocimiento político de las diferencias para determinar prácticas de igualdad coherentes; elaborar agendas programáticas que aseguren en la práctica dicha igualdad y la apreciación positiva de las diferencias como normas aceptadas y deseadas. Las acciones formales insisten en asegurar un compromiso institucional básico en términos legales. Pero las leyes por sí solas no aseguran el tratamiento igualitario: aunque se adopten acciones afirmativas, las dificultades para reconocer las diferencias y construir un eje operativo de igualdad son ingentes en nuestro contexto.

Las acciones concretas que se emprenden no acabarán a largo plazo ni estructuralmente la desigualdad ni la pobreza. Sólo han sido efectivas y necesarias en forma parcial, en el corto plazo. El problema al invocar como eje de la política la ‘diferencia’, está en que al no ocurrir en la práctica cotidiana (de hecho no se reconoce la diferencia ni se celebra la diversidad), ésta se convierte en excusa para ignorarla, o para no remover ciertas medidas u otros mecanismos formales o prácticos que conduzcan a su ejecución.

¿Cuáles son los discursos contemporáneos de ‘igualdad’ que en la práctica muestran evidencias de transformación de la discriminación existente en todas las variables socio-culturales?

La categoría igualdad es muy flexible: puede ser entendida como la causa de grupos sub-representados en lo económico, lo político y lo social; o la alternativa radical a un sistema injusto; o sencillamente la lucha por los derechos para el auto-desarrollo de los individuos. Esta última versión tiene su origen en la noción del liberalismo del siglo XIX (Stuart Mill, 1869): no propone transformaciones institucionales del Estado sino acceso equitativo y formal a sus estructuras; ligada a la noción abstracta de justicia social, supone que todos los individuos, sin importar raza, sexo o edad, son libres para determinar su rol político, social, educativo y laboral, así como su futuro.

Aunque el modelo parte de reconocer la diferenciación social como necesaria, se esfuerza por asegurar que los méritos sean el fundamento de la selección y que no haya barreras formales al progreso, que haya imparcialidad en la asignación de responsabilidades, que no haya discriminación directa y que no sea el libre mercado quien diga la última palabra (aunque los hechos dicen lo contrario). Pero, no se trata de igualar experiencias y riquezas. Ni de beneficiar a todos los individuos por igual: fue lo que sucedió con la negación de acceso a las mujeres a las profesiones liberales hasta comienzos del siglo XX, o su derecho al voto, o la segregación en el mercado del trabajo –que también se aplica por etnia y/o edad- y los desfases salariales que continúan existiendo hoy como hace 30 años. Como se ve, reconocer legalmente los derechos individuales, entre los cuales está la “igualdad” (entendida como acceso al bienestar), no asegura avances políticos sustantivos: la desigualdad estructural se mantiene al quedar incólumes los problemas relacionados con diferencia y diversidad (p.e. racismo institucional, salarios diferenciales por género, no transparencia y discriminación sistemática por la edad, insensibilidad en asuntos como dieta, observancia religiosa y vestido por razones culturales…)

En los últimos treinta años la retórica de la igualdad ha sido fuertemente cuestionada: ya no se ve posible que el Estado tenga la legitimidad requerida para manejarla objetivamente. El nuevo ícono que lo representa es el de la ´libertad’, reducida convenientemente al ‘libre juego del mercado’. Y, asociados a ella emergen los discursos acerca de la capacidad de los individuos para decidir libremente sobre su propia educación, salud, seguridad y trabajo… prepagados. Con este discurso compiten hoy en el marco de la democracia social otros discursos: el de la ‘inclusión’ y el de la ‘igualdad de oportunidades’.

Este último compite con la ‘igualdad’ clásica: desde la perspectiva de Rawls (1972) se trataría del establecimiento de estándares mínimos aceptables. Se opone radicalmente al enfoque de Hayek (1960) quien la considera como un obstáculo para la eficiencia económica y las libertades personales. En la política social se trata de un marco analítico teóricamente aceptable, que en la práctica ampliaría las desigualdades existentes.

El problema estaría en la posibilidad de implementar efectivamente y con amplio alcance la ‘igualdad de oportunidades’, en forma compatible con el neoliberalismo y las nociones de meritocracia. Tal vez para lograr lo anterior no se debería pensar exclusivamente en términos de justicia social, sino también como un medio para mejorar la eficiencia comercial en la medida que remueve barreras y facilita utilizar las competencias de todos promoviendo su acceso al trabajo. Lo que está en duda es que las políticas de igualdad puedan realmente favorecer a algunos, y si lo hacen en perjuicio de otros, es decir, si lo que promueven es una sociedad donde se expande la equidad y la justicia social.

Se supone que el diseño de la política social cambia al introducir la noción de ‘igualdad de oportunidades’ aunque el marco conceptual sigue centrado formalmente en ‘bienestar’ o simple provisión de servicios, funcional a la economía de mercado; siendo un espacio conceptual de transición, podría abrir otras dimensiones valorales, articulaciones empíricas e implementaciones concretas, tal vez un acercamiento a realidades concretas, o modificar las nociones de trabajo y experiencia que muevan a dejar de ver a los diversos actores de la política social (individuos o grupos) como consumidores pasivos. En la práctica, se mantienen la asimetría entre hombres y mujeres, entre adultos y jóvenes, entre blancos y negros, etc.; la discriminación y las desventajas estructurales, los sistemas de valoración, conocimiento y experiencia anquilosados.

4.6. Revisión de modelos predominantes

En relación con la comunicación y la cultura se implantaron y permanecieron dos modelos: a) la tarea de la comunicación mediatizada consistiría en difundir o propagar cierta cultura, es decir, sensibilizar a las audiencias incultas, desconociendo que los ‘receptores’ poseen un capital simbólico y unas competencias comunicativas; b) la cultura ‘culta’ tendría como tarea contrarrestar el nefasto influjo de los medios de comunicación, contaminados por los intereses del mercado.

Sin duda lo que se debe pensar es la relación entre comunicación y política, por cuanto las mediaciones tecnológicas info-comunicacionales han terminado por definir el espacio audiovisual (específicamente el televisivo) como un terreno donde se construye la ‘sociedad del espectáculo’ y donde cada ciudadano es primordialmente un consumidor. Entendiendo que las transformaciones son de fondo, hay que destacar algunas que afectan particularmente a los niños y jóvenes, dada su afinidad con lenguajes que evolucionan día a día: a) las maneras de juntarse de las culturas juveniles en combos que se mueven incesantemente al vaivén de sus interacciones creativas; b) las relaciones atravesadas por una ‘razón sensible’ que altera las subjetividades, las formas de conocer y valorar, las pautas de acción colectiva; c) las alteración de las coordenadas espacio-temporales, la concepción de territorio y las fronteras entre lo íntimo, lo privado y lo público.

Más allá de la condena o la desconfianza, del señalamiento por parte de educadores, políticos y padres de familia, los medios podrían contribuir a construir una ‘ciudadanía comunicativa’, un espacio donde sea posible el reconocimiento de sujetos de derecho con capacidad de expresión libre y prácticas de auto-creación. Por su lado “la cultura emerge como el espacio estratégico de las tensiones que desgarran y recomponen el ‘estar juntos’, los nuevos sentidos que adquiere el lazo social, y también como lugar de anudamiento e hibridación de todas sus manifestaciones: religiosas, étnicas, estéticas, políticas, sexuales. De ahí que sea desde la diversidad cultural de las historias y los territorios, de las experiencias y las memorias, desde donde no sólo se resiste sino se negocia e interactúa con la globalización, y desde donde se acabará por transformarla.” (Martin-Barbero, 2002)

Aunque no sea posible hablar de políticas culturales latinoamericanas, dado el acelerado proceso de privatización de este sector estratégico y su íntima conexión con la entrada en la sociedad-mundo que implica la globalización, se están construyendo en paralelo escenarios nacionales y regionales (por ejemplo, Telesur) que desafían las limitadas opciones de concebir otra comunicación para estar (no solo sentirnos) juntos en un proyecto colectivo.

Probablemente cuando se piensa en políticas culturales en el actual escenario info-comunicacional, dominado por la televisión y el computador, estas se reducen a las industrias culturales y a las telecomunicaciones globalizadas en donde el acceso de los info-pobres es minoritario y el monopolio de las multinacionales es aplastante, produciendo visiones unanimistas de la realidad social e imágenes profundamente estereotipadas de otras formas de vida y prácticas de libertad. Salir de esa simplificación para acercarse a un marco más amplio donde quepa la diversidad de formas de comunicación y participación juveniles en lo público, requiere un esfuerzo suplementario que debe conducir a la formulación de algunas orientaciones para el ejercicio de la ciudadanía por parte de los/las jóvenes. Según Hugo Lewin el marco general de una propuesta deben ser las declaraciones de UNESCO en Estocolmo (1998) donde “se supera la idea de la política cultural como un instrumento diseñado para ofrecer servicios culturales y dar acceso a ellos con una que la piensa como instrumento que puede transformar las relaciones sociales, apoyar la diversidad e incidir en la vida ciudadana”. Y más recientemente en Barcelona (Foro Universal de las Culturas, 2004) la “Agenda 21 de la Cultura, un compromiso de las ciudades y los gobiernos locales para el desarrollo cultural”, donde se afirman entre otros los siguientes principios:

“1. La diversidad cultural es el principal patrimonio de la humanidad. Es el producto de miles de años de historia, fruto de la contribución colectiva de todos los pueblos, a través de sus lenguas, imaginarios, tecnologías, prácticas y creaciones. La cultura adopta formas distintas, que siempre responden a modelos dinámicos de relación entre sociedades y territorios. La diversidad cultural contribuye a una “existencia intelectual, afectiva, moral y espiritual más satisfactoria para todas las personas” (Declaración universal de la UNESCO sobre la diversidad cultural, artículo 3), y constituye uno de los elementos esenciales de transformación de la realidad urbana y social.
3. […] se ratifica que la libertad cultural de los individuos y las comunidades resulta condición esencial de la democracia…
7. Las ciudades y los espacios locales son un marco privilegiado de la elaboración cultural en constante evolución y constituyen los ámbitos de la diversidad creativa, donde la perspectiva del encuentro de todo aquello que es diferente y distinto (procedencias, visiones, edades, géneros, etnias y clases sociales) hace posible el desarrollo humano integral. El diálogo entre identidad y diversidad, individuo y colectividad, se revela como la herramienta necesaria para garantizar tanto una ciudadanía cultural planetaria, así como la supervivencia de la diversidad lingüística y el desarrollo de las culturas.
10. La afirmación de las culturas, así como el conjunto de las políticas que se han puesto en práctica para su reconocimiento y viabilidad, constituye un factor esencial en el desarrollo humano, económico sostenible, político y social de las ciudades. El carácter central de las políticas públicas de cultura es una exigencia de las sociedades en el mundo contemporáneo.
11. […] la iniciativa autónoma de los ciudadanos, individualmente o reunidos en entidades y movimientos sociales, es la base de la libertad cultural.
14. La apropiación de la información y su transformación en conocimiento por parte de los ciudadanos es un acto cultural; por lo tanto, el acceso sin distinciones a los medios de expresión, tecnológicos y de comunicación y la constitución de redes horizontales fortalece y alimenta la dinámica de las culturas locales y enriquece el acervo colectivo de una sociedad que se basa en el conocimiento.”

Con base en los anteriores principios se establecen una serie de compromisos en diversos niveles que hacen énfasis en el carácter local, colectivo, público y diverso de la cultura y sus plurales manifestaciones.

En Colombia, entre junio y septiembre de 2004, 259 municipios, 5 organizaciones sociales, 17 departamentos y 3 distritos, participaron en la formulación de Planes Departamentales y Distritales de Cultura y Convivencia. Con una asistencia de 604 representantes del sector cultural, estas jornadas propiciaron discusiones respecto a cómo convivir aceptando y potenciando la diversidad inherente a este país pluriétnico y multicultural. A partir de la puesta en común de los diagnósticos municipales se identificaron líneas de política que, en el mediano y largo plazo, podrían generar realidades más incluyentes y respetuosas de la diversidad cultural.

Los diagnósticos realizados, recogidos en la “Caja de Herramientas de Cultura y Convivencia”, del Ministerio de Cultura, (El’Gazi, 2005) reflejan una realidad múltiple, llena de tensiones y contradicciones. Los planes Departamentales formulados develan la existencia simultánea de formas de actuar excluyentes que contradicen discursos sobre la aceptación de la diversidad. Esta realidad expresa la complejidad de un país inmerso en profundos cambios sociales y culturales que se han venido produciendo a lo largo del último siglo. Se trata de procesos que han situado al país en el marco de tensiones inherentes a la construcción de realidades que apuntan a la democracia y el pluralismo. Algunas formas de actuar y de pensar se han visto modificadas por dinámicas que trascienden las fronteras de lo nacional. Múltiples costumbres que permanecen y coexisten con nuevas formas de pensar y de actuar, pueden volver confuso el panorama. Entre estas siguen siendo relevantes los discursos sobre “nuevas” y “viejas” valoraciones, referidos a aquellas formas de actuar y de pensar que son apreciadas o desdeñadas por una comunidad.

Y una serie de debates que se expresan en las siguientes preguntas: ¿qué de los hábitos y costumbres de una comunidad cambiar o preservar según el contexto contemporáneo?, ¿cómo definir “lo propio” (autóctono o típico) en un mundo cada vez más intercultural y cambiante?, ¿cómo generar referentes comunes que permitan la identificación colectiva?, y en esa misma línea, ¿qué pasa con la identidad cuando aquello que más nos identifica es la reivindicación de la diversidad?

En muchos departamentos, las nuevas prácticas de los jóvenes (gustos por músicas, estéticas, otros valores) se contraponen a los imaginarios de lo que se considera propio. Sin embargo, y de manera confusa, se plantea la necesidad de reconocer las identidades híbridas y cambiantes como parte de un proyecto común. Sus identidades son ‘desterritorializadas’, ya no se inscriben en un espacio específico sino en procesos que se dan en comunidades virtuales, sea a través de los medios de comunicación, de redes de movimientos sociales o incluso redes económicas. Esta tensión genera toda suerte de posiciones en torno a los medios de comunicación vistos, para bien o para mal, como agentes de globalización.

¿Cómo conciliar, entonces, las múltiples identidades (locales, regionales, étnicas, de género, por grupos de edad), con la identidad nacional? ¿Cómo hacer para que los múltiples procesos de identificación generen relaciones de convivencia, reconocimiento de la diferencia y cohesión social, y no que deriven en formas de exclusión, violencia e intolerancia frente a la diferencia?

Bajo la premisa del reconocimiento de la diversidad se concibe el Plan Nacional de Cultura 2001-2010. Hacia una Ciudadanía Democrática Cultural, en el cual, aparece la noción de “democracia cultural” plural basada en la idea de la participación política de los ciudadanos como agentes culturales en los espacios políticos de decisión, con sus especificidades y sus historias particulares.

Los tres ejes que cruzan transversalmente la formulación del Plan tienen que ver con el cambio cultural, la demanda de reconocimiento del otro y el sentido, respeto y apropiación de lo público. Son temas de discusión igualmente la memoria, el sentido de pertenencia, la no-participación ciudadana, las normas para habitar, consumir y usar la ciudad y las formas de convivencia en lo local. Se analiza la ‘revolución cultural’ de comienzos del siglo, que se concreta en la estructura de la familia, la configuración de género, la gama de nuevas propuestas religiosas, los estereotipos con los que se nombran identidades de personas y colectivos, la ambigüedad de los medios de comunicación y las difíciles relaciones inter-generacionales.

En relación con este último asunto los diagnósticos regionales destacan el tema de “los jóvenes y la convivencia como importante: se los percibe como dinamizadores del cambio social, pero se les valora de forma ambigua. Por una parte, se censuran sus estilos, opciones de vida y formas de ver el mundo y se señala su falta de criterio para asumir posturas, modas, ideas. Por otra parte se les asocia con la innovación y se les concede el lugar de una voz divergente bajo el condicionamiento de usarla con responsabilidad. Sin embargo, es importante resaltar que la visión de los jóvenes no es tan visible en el contexto nacional ya que con alguna frecuencia son los adultos quienes hablan por este grupo en las mesas de discusión.” (El’Gazi, 2005)

En relación con los jóvenes y la comunicación preocupan el consumo cultural poco crítico, algunas veces mostrando la presencia de imágenes, imaginarios e identificaciones con lo extranjero y muchas otras una convergencia hacia las prácticas, modas y gustos demarcados por la presencia del narcotráfico (y su ‘dinero fácil’), el rechazo de los jóvenes hacia prácticas culturales de los adultos y las críticas de estos frente a las formas como aquellos asumen el mundo.

Ahora bien, los medios de comunicación son percibidos también de manera ambigua: se les ve como escenarios movilizadores de procesos sociales y culturales asociados a la apropiación de lo público, la participación y la formación ciudadana; o como causantes de la invasión de modelos y prácticas culturales ajenos. La discusión sobre los medios se polariza: o son satanizados por estar corrompiendo y relegando al olvido a las prácticas culturales “tradicionales” o se les piensa en función de la globalización cultural en lo local, y la pertinencia de los nuevos modelos que los medios están promoviendo.

El tiempo libre y su ‘buen uso’ (entendiendo este como el uso ‘productivo’) es tema de debate y tensión respecto al control y las libertades. Los jóvenes, se preguntan qué se considera tiempo libre y qué tiempo productivo. Ciertas actividades que se consideran de ocio en un contexto, bien pueden ser de carácter productivo en el otro. Resulta interesante identificar estas zonas como nuevos espacios de discusión donde lo cultural se muestra en asocio con imágenes como la del tiempo creativo e incluso el de fiesta y goce, mostrando la significación que los grupos humanos dan a su actuar.

Otras líneas de acción en comunicación y cultura serían: en lo global, la ‘óptica de inventor’, de ‘creador de posibilidades’, de quien conoce, decide y propone incluso, usos alternativos, en el ámbito de las TIC; en la red se están generando procesos de acción política, conectiva y cooperativa, así como experiencias de comunicación alternativa y movimientos sociales alternativos. En lo local, aparecen opciones de radios y TV comunitarias locales, las cuales posibilitan acciones en lo público que empoderan a los colectivos de gestores abriéndoles espacios de participación. La consigna es apropiarse el territorio o espacio de vecindario, y anclar las experiencias de participación en la vida de la comunidad, en la recuperación del espacio público para uso social y en la construcción de asociaciones que medien en la interacción cultural.

Algunos experimentos abren la imaginación, ‘más allá’ de las políticas, en el campo de la comunicación-cultura: (i) La lucha por la libertad de las ondas electromagnéticas en la que trabajan diversos colectivos a lo largo y ancho del planeta. (ii) Las estrategias de desobediencia civil electrónica (formas pacíficas de no cooperación) que buscan recoger fondos para crear emisoras móviles que no puedan ser detectadas y poner al aire el mayor número de estaciones piratas posibles. (iii) La proliferación de micromedios en la web: es ahí donde se encuentran algunas de las posibilidades más libres y creativas para la televisión. (iv) La restricción y/o disminución voluntaria de la recepción televisiva. (v) Las redes de artistas, estudiantes, educadores, empresarios, etc., que quieren alterar los flujos de información, para convertirse en movimientos de activismo en lo que se ha llamado la era de la contra-información y alterar la producción de sentido en nuestras sociedades . (vi) En el campo del video, algunos videoartistas han decidido -en medio de la proliferación de imágenes que dan al espectador la sensación de una multiplicación democrática de posibilidades de escoger, no producir más imágenes, reducir el número de imágenes grabadas y preguntarse incluso, al encender una cámara, cuál es el sentido de hacer imágenes, que sólo agrandan un universo de imágenes prescindibles, desechables y sin sentido. Algunos de ellos incluyen en su obra imágenes de estática de la TV, lo cual lleva a pensar en el soporte tecnológico nuevamente. (vii) Cuestionar el sentido mismo de la producción de información sobre jóvenes (es el caso de los sistemas geo-referenciados de información, donde la lógica policíaca es clara).

El enfoque que orienta estas acciones en lo público se inspira en formas de pensamiento divergente que se apartan de la planificación estratégica en relación con la dimensión estética, en donde se pueden comprender las prácticas de comunicación juvenil. “Hay que generar prácticas, acciones, formas de gestionar los problemas de la vida cotidiana de una manera novedosa, que recomponga nuestra existencia, que afecte lo político, lo social, lo económico desde nuestro círculo de influencia… Hay que trabajar, investigar, experimentar para crear esos nuevos modos de existencia y ordenar las relaciones humanas sin caer nuevamente en reforzar las jerarquías, las segregaciones, el racismo. Se pueden imaginar otras fórmulas de organización de la vida social, del trabajo, de la cultura. Los modelos de economía política no son universales, se pueden desviar, inventar otros” (Guattari, 1993).

Los criterios básicos para la construcción de una política pública de niñez y juventud, y de políticas de comunicación –específicamente de televisión para niños y jóvenes- deben entonces partir de la aplicación de los criterios que venimos de enunciar y exponer argumentativamente: la ‘articulación’ de dichas políticas en busca de una propuesta integral que entre en diálogo con esa ‘diversidad’ palpada y vivenciada; el replanteamiento de los enfoques con los cuales se construyen ‘representaciones’ públicas de niños y jóvenes, en atención a la valoración ética y estética de sus ‘cuerpos’, y a la polifonía de sujetos con ‘agencia’ que elaboran sus críticas y propuestas a continuación.


5. SISTEMATIZACIÓN Y ANÁLISIS DE LA INFORMACIÓN RECOGIDA EN FUENTES PRIMARIAS: ENTREVISTAS, TALLER PADRES DE FAMILIA Y PROFESORES, GRUPOS FOCALES, RELATOS DE VIDA

Consideramos que si bien las políticas públicas sobre la televisión son aquellas decisiones que establecen las instituciones públicas para beneficio de toda la población, sin embargo también están sometidas a las presiones, no necesariamente ilegítimas, de grupos de interés, como programadoras y anunciantes, que son afectados directamente por las disposiciones institucionales que regulan el medio. Para superar esta situación hemos explorado las percepciones y opiniones de diversos actores públicos y privados que nos permitieron construir las recomendaciones para una política pública de televisión para niños y jóvenes en Colombia.

Somos conscientes de que la construcción colectiva y la implementación de la política pública son acciones diferentes; sin embargo en nuestra exploración, hemos encontrado elementos para que el proceso de implementación transite paralelamente a los criterios generales que guiaron la elaboración de la política pública.

Nuestra propuesta está centrada en la intención de que la aplicación de la política pública sea efectiva, que haya una comunión entre los objetivos y los medios que en ella se presentan. Por esta razón hemos optado por identificar las condiciones específicas de aquellos que son destinatarios directos e indirectos de la política pública. Esto nos llevó a utilizar distintas técnicas de investigación social: grupos focales, participación en eventos, entrevistas, talleres, encuestas, relatos de vida, análisis estadístico, que nos brindaron información cualitativa y cuantitativa de los distintos agentes. La información que se obtuvo de cada grupo de agentes, con cada técnica, la recogemos en este capítulo.

Al final de este capítulo presentamos las preocupaciones, los aportes, las aspiraciones de distintos agentes sociales convencidos de que estos aportes permitirán alcanzar mejores resultados en la implementación y en el logro de los objetivos de la política pública. Los hemos organizado en función de grupos de agentes que hemos establecido en el estudio como bases del trabajo: encontramos primero a los niños y jóvenes; luego a los productores; seguidos por los padres y maestros y por último a los expertos.

5.1 GRUPOS FOCALES

Une - Cundinamarca
El ejercicio de entrevista con grupos focales en Une-Cundinamarca estuvo marcado por la lógica de trabajo del colegio Departamental “Fidel Leal y Bernabé Riveros”. Durante el trabajo de campo los profesores del colegio tuvieron una serie de actividades que evitaron que se realizaran los grupos focales como estaban establecidos en un comienzo.

El colegio tiene una población en primaria de 320 niños y en bachillerato de 600 niños y jóvenes.

Los 320 niños que se encuentran en primaria están divididos en 3 cursos de tercer grado, 4 cursos de cuarto grado y 3 cursos de quinto grado. En esta población se realizaron 94 encuestas que cobijaron a 60 estudiantes de quinto grado, 23 estudiantes de tercer grado y 11 estudiantes de cuarto grado.

Esta encuesta tenía como uno de sus objetivos escoger a los niños que participarían en los grupos focales, sin embargo no fue posible trabajar con estos niños por actividades de los profesores.

Se decidió entonces trabajar con otro grupo de niños que cumplieran con las condiciones de participación en el grupo focal, es decir que vieran más de dos horas diarias de televisión y que estuvieran matriculados.

Como la población no estaba “cautiva”, en la segunda sesión no participaron algunos niños que habían participado en la primera.

Se realizaron dos sesiones distanciadas una de la otra por cuatro días calendario. Se logró corroborar la información obtenida en la primera sesión y se exploraron algunas hipótesis.

Con esta estrategia se realizaron dos sesiones de un grupo focal, en el cual se mezclaron niños de primaria y bachillerato entre los 4 y los 14 años. Aunque esta situación no fue premeditada , permitió ver la reacción de los menores ante el gusto de los mayores, para poner a prueba una de las afirmaciones de Arriaga, aquella en la que señala que los niños pequeños quieren y les gusta ver los programas de los mayores.

• Objetivo de los grupos focales
Documentar con informantes de primera mano el proceso de consumo de los productos comunicativos televisivos a los que tienen acceso los niños, teniendo en cuenta dos elementos: la individualidad en la escogencia de lo que ven y la relación que establecen con el mundo social. En particular, nos interesaba documentar la importancia que tiene este proceso para la construcción de una política pública sobre la televisión infantil y juvenil.

• Realización de las sesiones
Duración: aproximadamente 60 minutos
Las sesiones fueron conducidas por la investigadora que se encargó de la grabación de la sesión en medio audiovisual.

Antes de la primera sesión cada niño y adolescente completó la encuesta, esto nos permitió establecer relaciones claras sobre las referencias audiovisuales que realizaron los participantes en el grupo focal.

• Integrantes del grupo focales - cuadro del perfil del grupo
En las dos sesiones participó una niña de 4 años pero no se tomaron sus datos porque se encontraba fuera del rango de edad en el cual se centraba el estudio. Sin embargo se tomaron en cuenta en el ejercicio del grupo focal sus observaciones.

CARACTERÍSTICAS DE LA POBLACIÓN PARTICIPANTE EN DOS SESIONES DE GRUPO FOCAL EN UNE – CUNDINAMARCA
Participantes
sexo edad –
años
TV Pagada - Parabólica Televidentes Estudios Estrato Socio económico
Participante 1 f 13 Sí 2 ó más horas diarias Bachillerato 8 grado 3
Participante 2 f 14 Sí 2 ó más horas diarias Bachillerato 8 grado 2
Participante 3 f 11 Sí 2 ó más horas diarias Bachillerato 6 grado 2
Participante 4 f 8 Sí 2 ó más horas diarias Primaria 2 Grado 2
Participante 5 m 10 Sí 2 ó más horas diarias Primaria 5 Grado 2
Participante 6 m 11 Sí 2 horas diarias Bachillerato 6 Grado 2

Los seis participantes en el grupo focal viven con sus padres y hermanos, sólo uno señaló que vivía además con otro miembro de la familia. Esto nos indica la composición familiar predominante del grupo como nuclear.

Los participantes en el grupo focal manifestaron ver entre dos y cuatro horas diarias de televisión. Sin embargo se encontró que para la mayoría de ellos (5) es una actividad que ‘les gusta más o menos’, sólo uno de los integrantes manifestó que le gustaba mucho ver televisión.

Las niñas mayores manifestaron que les gustaría más en lugar de ver televisión escuchar música, uno manifestó que le gustaba jugar en la calle y los dos niños menores manifestaron que les gustaba más hacer tareas que ver televisión.

El horario en el que ven televisión es de 7:00 p.m. a 10:59 p.m., además ven su programa favorito con otro miembro de la familia; es probable que esta situación se presente por el hecho de que sólo tienen un sólo televisor en sus casas y se encuentra ubicado en la sala de la casa de uno de los niños o en el cuatro de los padres de los otros cinco niños.

Los programas que presentaron como sus favoritos son:
Animal Planet
Discovery Channel
Desafío 2006
Sin tetas no hay paraíso
El factor X

Aunque los dos primeros son canales (Animal Planet y Discovery Channel), los niños que los escogieron manifestaron que les gustaban todos los programas que presentaban en estos dos canales.

En el caso de los demás programas (Desafío 2006, Sin tetas no hay paraíso y El factor X) es de recalcar que se encuentran en la franja familiar y de adultos; además que no son realizados pensando principalmente en la población infantil o juvenil.

La escogencia de estos canales y de estos programas como sus favoritos se puede relacionar con el hecho que los ven con algunos miembros de su familia.

• Análisis de las respuestas del grupo focal

Programa favorito
El programa favorito en general puede ser catalogado como programa de entretenimiento y concurso, pero los niños también lo catalogan como un programa de enseñanza o de aprendizaje. De esta forma se logra un balance entre entretenimiento y aprendizaje.

El factor X, Desafío 2006, novelas como “Sin tetas no hay paraíso” y distintas películas (presentadas en distintos canales como TNT) son vistos por los niños por distintas razones, porque hay muchos artistas, porque aprenden cosas para la vida y porque ven a las personas saliendo adelante.

En canales como Discovery Kids y Animal Planet, coinciden que les ensañan sobre temas específicos de forma muy divertida (en algunas ocasiones se combina en los programas la presentación de dibujos animados), de este modo los niños consideran que toda la programación del canal les ayuda a fortalecer sus conocimientos sobre la naturaleza y sobre la vida.

“Padres e hijos”, programa nacional, que consideraron que no es de su gusto, pero que deja enseñanzas para la vida, permite aprender a comprender el mundo y a saber cómo comportarse y qué no hacer.

De los programas especializados para niños sobresalen Backyardigans, Lazytown, Teletubbies, Barney y sus amigos, Ositos Cariñositos, pero la razón principal del gusto por estos programas es que brindan entretenimiento, manejan un lenguaje visual y problemas que atañen directamente a los niños.

Canal Favorito
Curiosamente, aunque tienen acceso a canales internacionales en la dieta televisiva, los niños dijeron preferir los canales nacionales Caracol y RCN. Las razones son variadas: en la emisión durante todo el día, los niños encuentran una programación variada, que abarca telenovelas, seriados, dibujos animados que combinan realidad y fantasía.

Cada programa puede ser visto como un programa con una propuesta visual y argumentativa que los niños consideran como “programas bonitos, distintos y variados”. Se suma a esto el hecho de que manifiestan que los programas emitidos por estos canales pueden serles de utilidad al presentarles unas realidades sobre las cuales pueden aprender y les permitirán acrecentar su conocimiento sobre el mundo.

Personajes Favoritos
Generalmente se consideraría que el personaje favorito correspondería al presentado en el programa favorito, sin embargo este no es el caso. Les gustan personajes como Homero de “Los Simpson” y la cantante Shakira.

Homero los hace reír, se burla de todo el mundo y encuentran en él una figura agraciada y única. Shakira, si bien no tiene un programa específico, se ha convertido en un ícono de la sociedad colombiana. Las niñas señalaron que les gusta porque “ella les enseña a mover las caderas y a bailar”, las dos acciones pueden ser consideradas como competencias sociales, que permiten la integración en el mundo social de jóvenes y adultos.

Programas que no volverían a ver
Los niños manifestaron tener una claridad sobre el uso de la fantasía y la realidad en distintos tipos de programas, sin embargo al preguntarles por aquellos programas que no volverían a ver y las razones para ello, se hizo presente el hecho de que no siempre se logra deslindar la fantasía de la realidad emitida por televisión.

Por esta razón algunos niños señalaron que no querían volver a ver películas en donde la trama principal sea investigaciones de asesinatos, persecuciones de maleantes o de horror, porque pueden darles más ideas aquellas personas que están fuera del marco legal y podrían llevar a cabo en la vida real estos crímenes.

Con esta perspectiva no es difícil comprender las razones por las cuales los niños no quieren emisiones de películas de horror: “porque algunos niños miran esas películas y se pueden volver, ellos también, diabólicos” o “porque los niños se pueden traumatizar con la sangre”.

También les preocupan los programas que representan familias conflictivas o familias con graves problemas internos, pues pueden ser un alimento para aquellas familias que, en la vida real, se enfrentan a diversos dilemas y que encuentran en la discusión una forma de resolver sus conflictos.

Temas problemáticos
Los niños señalaron que programas como “Padres e Hijos” basan sus tramas en problemas sentimentales con un desarrollo de triángulos amorosos que no se culminan por completo y que se enlazan con la vida familiar permanentemente.

Las familias representadas en este programa tendrían problemas en su cohesión y solidaridad internas porque en todas las familias hay traiciones, no se mantienen relaciones familiares estables, hay hijos extramatrimoniales, los hombres y mujeres disputan sicológicamente y físicamente a sus amores de turno.

Esta noción de familia, que puede ser catalogada como familia real y disfuncional, no apoya la idea de construcción de familia nuclear estable que los niños en general esperan ver como modelo. Tampoco es tomada como un modelo de enseñanza, ni de aprendizaje.

Cuando se les preguntó ¿qué sería una enseñanza buena para la vida?, una de las niñas participantes señaló “que la persona que consiguiera su pareja la tuviera para toda la vida y así les dieran las enseñanzas a sus hijos” . Esta apreciación no está marcada solamente por el papel del género en los roles y aspiraciones sociales, pues los niños hombres también señalaron que no es una buena enseñanza que las esposas y esposos se casen, “terminan con una señora y tienen un hijo con otro y se aburren y van y se consiguen otra o vuelven con la primera” .

La estabilidad familiar que buscan ver los niños en la pantalla, sobre todo en un programa que está institucionalizado en la programación colombiana, es importante para fortalecer los lazos familiares y de solidaridad, así como sus aspiraciones a largo plazo. El esfuerzo y el trabajo por mantener la familia unida es una parte de la vida social que no se representa usualmente en los programas familiares e infantiles.

Programas más recordados
Los programas más recordados se mezclan con películas, “Buscando a Nemo” es una de ellas. La recordación se basa en la noción de entretenimiento y aprendizaje.

Recuerdan esta película porque plantea situaciones de diversos talantes, aunque priman las situaciones graciosas, también se presentan las situaciones que les exigen a los personajes tomar decisiones importantes para el desarrollo de la historia.

Las situaciones graciosas pueden estar ubicadas en la noción de entretenimiento, sin embargo esas situaciones de toma de decisiones pueden ser ubicadas en el nivel de enseñanza y aprendizaje.

Especialmente en esta película (Buscando a Nemo) se pueden encontrar diversas relaciones de las que se extraen distintas enseñanzas, por ejemplo: a. Relación padre sobreprotector – hijo; b. Amigos en busca de una misma meta; c. Noción de sacrificio por aquellos a quienes se ama.

La libertad, el respeto, la responsabilidad y el cumplimiento de un mandato de los padres encuentran un balance importante en esta película. Los niños entendieron que el padre quería lo mejor para su hijo y que por eso se comportaba como lo hacía, por lo que no es difícil comprender la razón de que expresaran que la principal enseñanza era “que uno debe hacerle caso a los padres y no salir para otros lados” .

Entretenimiento y educación
El aprendizaje no sólo se limita al conocimiento en matemáticas, lenguaje, ciencias naturales, geografía e historia. Aunque estos son las primeras áreas que se esbozan a la hora de preguntarles por aquellas áreas en las cuales les gustaría aprender más, aparecen nuevas áreas como cocina, un conocimiento totalmente práctico y que les permitiría a los niños innovar en sus dietas alimenticias diarias.

Los niños también expresaron que les gustaría tener programas en donde aprendieran a ser responsables, a cumplir, a comportarse en el mundo adulto. Se esperaría entonces que los programas infantiles expusieran distintos modelos de relaciones con el mundo, de modo tal que el tránsito entre la niñez, la juventud y la adultez no fuera un tránsito desolado y angustiante.

La forma de presentación de estos programas tiene como paradigmas los canales Discovery Kids y Animal Planet. Se plantea la urgencia de que los programas de entretenimiento sean educativos, variados, que usen colores llamativos, que llamen al niño para verlo con entusiasmo, sin llegar necesariamente a especializaciones únicas y que por eso mismo les permita a los padres, hermanos y otros miembros de la familia compartir el tiempo del programa viéndolo con los niños. Se trata de que cada miembro de la familia encuentre en el programa su espacio y lo que se puede lograr si se divierten y además si pueden participar como familia desde su casa.

Programas de adultos que les gustan a los niños
En esta categoría se encuentran las telenovelas en primer lugar: “Merlina, mujer divina”, “La hija del Mariachi” y “Sin tetas no hay paraíso”, fueron las telenovelas que señalaron como las más vistas.

Las razones para verlas son distintas, van desde aprender para no cometer los mismos errores hasta desear ver lo que los padres ven.

Se podría traducir esto en que a estos niños les gusta ver estos programas porque comparten tiempo con su familia. La hora en que se transmiten las telenovelas nos muestra que se encuentran entre la franja familiar y la de adultos, sin embargo eso no es un problema para los niños, ellos siguen viendo el programa porque lo ven con sus padres.

Programas para niños y jóvenes que también les gustan a los adultos
Curiosamente no tenemos sólo el fenómeno de seducción de los niños por los programas para adultos, también encontramos el fenómeno inverso, programas de televisión para niños y jóvenes que seducen a los adultos.

Los niños señalaron dos casos: “Floricienta” y “Bichos Bichez”. En el primer caso tenemos una telenovela para niños y adolescentes que maneja una trama principal y varias tramas secundarias. Tiene una combinación entre comedia de situación, trama amorosa truncada y musical. Bichos Bichez se comporta como una gran franja en donde se pueden encontrar dibujos animados compartiendo el espacio con un pequeño seriado, además con concursos.

Escogencia entre programa educativo y de aprendizaje
Los niños señalaron que les gustaría un programa educativo si estuviera enmarcado en una propuesta de entretenimiento, donde los enseñaran a hacer las labores de la casa, las tareas y a tener comportamientos para estar seguros como por ejemplo a no seguir a extraños .

Franja infantil sábado
Los sábados en la mañana los niños tienden a ver los programas de la franja RCN, Bichos Bichez, y de Caracol, “Club 10”. Sin embargo estos programas deben competir con la presentación continua de canales como Discovery Kids, que cambian su programación para el fin de semana, aunque sucede en forma constante y hay presentación de algunos programas especiales.

Noticias
Los niños manifestaron que no les gustaban las noticias. Esbozaban como razones el hecho de que para ellos son aburridas . Sin embargo querían un programa que les diera información sobre lo que ocurría en el municipio y en el colegio.

Escogencia del programa
¿Quién escoge lo que los niños y jóvenes ven en la televisión? Depende de las personas con las que la estén viendo. Si están solos, son ellos quienes escogen, pero si están con sus padres, estos escogen.

Las razones por las cuales los padres escogen un programa y no otro, generalmente se establecen a partir de un futuro posible que desean para sus hijos, por lo que es común la argumentación de que el programa que los padres escogen es más importante que el que los niños quieren ver porque los padres buscan “que seamos alguien en la vida y escogen un programa que nos enseña eso y no para ser malos” .

La frase paradigmática sería la presentada por la niña de 4 años: “mami cierto que a usted le gusta mirar lo que usted quiere mirar y él no quiere mirar lo que a usted le gusta!!”.

Los padres llegan a ver el noticiero y cambian el canal, sin importar qué están viendo los niños, esta podría ser otra de las razones por las cuales los niños consideran que las noticias son aburridas.

En esta escogencia no siempre a los niños y jóvenes les gustan los programas que sus padres eligen. Los padres tienden a escoger películas para pasar su rato de entretenimiento, mientras que los niños y jóvenes preferirían ver las novelas y los programas de concurso, aunque cuando se les preguntó en la encuesta con quienes veían sus programas favoritos, casi todos los niños y jóvenes expresaron que los veían con sus padres, lo que podría significar que los niños comparten gustos especiales con sus padres y que de alguna manera se comparte el tiempo familiar todos sentados frente al televisor.

Obviamente esto depende del tipo de familia en la que se crezca y de las prioridades familiares. David señaló que en su casa quien escoge es su hermana, ella tiene 4 años y él, 11.

Dibujos animados
Los dibujos animados, para los participantes en el grupo focal, están enmarcados en el ámbito meramente infantil. Las niñas adolescentes manifestaron que ya no les gustan, lo que implica que cuando eran menores sí encontraban en este tipo de propuesta estética un lugar para entretenerse.

Los niños manifestaron que les gustaban producciones como Superman, Cars, Nemo, Backyardigans y Piolín. Mencionaron a los Caballeros del zodiaco como única producción japonesa que les gusta.

Franja
Los niños consideraron que es mejor para ellos que los programas estén organizados en una franja larga, pero que ella se estableciera tomando en cuenta sus horarios de estudio.

Sugirieron que en la mañana se presenten películas para los adultos y que en la tarde programas sólo para niños y jóvenes porque su jornada de estudio es en la mañana. Sería bueno que la programación comenzara a las 2:00 p.m. luego de que han llegado del colegio; sin embargo, también consideran que es mejor que empiece a las 4:00 p.m. para tener el tiempo suficiente para terminar las tareas y deberes del hogar y luego si ver televisión.

El noticiero marcaría el final de la franja infantil, empezando allí la franja familiar y los padres tomarían el control del televisor.

Conclusiones de los grupos focales
En los dos grupos focales los niños fueron muy críticos frente a lo que veían, manifestaron que no les gustaban las telenovelas, aunque es lo que más hay y es lo que ven con sus familias.

Ven programas en los que consideran que puede haber enseñanzas para su presente y su futuro. Las niñas ven las novelas con el interés de aprender “de la vida”, para no cometer los mismos errores y para aprender a comportarse. Los niños manifestaron que les gustan los programas en los cuales aprenden las labores del campo y sobre los animales.

Esto puede ser un indicador del interés de aprendizaje que rodea lo que emite la televisión. El interés es pragmático, no se espera que la TV brinde consejos sobre el espíritu, se espera que brinde conocimientos que sirvan en el mundo cotidiano.

Como recomendaciones las niñas adolescentes expresaron que debe haber programas en donde les expliquen sobre el sexo porque sus padres no les explican y terminan entendiendo todo dependiendo del programa que estén viendo.

Además, consideran que debe haber un canal familiar, no un canal sólo para jóvenes y niños, porque si es un canal tan especializado no compartirán el tiempo de televisión con sus padres. Generalmente este tiempo es la noche y aunque no ven noticias porque no les gusta tanta violencia, si ven los siguientes tres o cuatro programas con sus padres.

Guasca - Cundinamarca
Guasca es un municipio del Departamento de Cundinamarca, en la región del Guavio, a cincuenta kilómetros al nordeste de la ciudad de Bogotá D. C. Cuenta con una población de algo más de 11.000 habitantes (año 2003), limita al norte con el Municipio de Guatavita, al Oriente con el Municipio de Junín, al sur con los Municipios de La Calera y Fómeque y al occidente con el Municipio de Sopó.

Una vez aplicado el cuestionario a dos grupos de niños (grados 2 y 3 de primaria) y jóvenes (9° y 11°, para un total de 124 sujetos) para cada rango de edad, se escogieron 10 sujetos en cada uno y se procedió a llevar a cabo la primera fase de las sesiones, las cuales fueron grabadas en formato de audio y video.

Los principales hallazgos fueron:
• Los niños ven la televisión, en buena parte sin asesoramiento de los adultos
• Los niños consideran que la televisión infantil tiene interés, pero también ven la televisión destinada a los adultos, sin mayor control de estos
• En muy pocos casos los adultos tienen el tiempo para ver la televisión con sus hijos
• Los niños manifiestan gusto por la televisión extranjera
• Le quitarían a la televisión los programas dedicados a las instituciones del Estado y las alocuciones presidenciales.
• De otra parte, estos niños prefieren la televisión extranjera.
• En cuanto a las temáticas no quieren que en la televisión “haya tanta violencia” y que se tenga más en cuenta a los niños para realizar los programas
• Que los programas sean más divertidos, más entretenidos
• Valoran temas como el amor, la protección a los niños, la realización de sueños y propósitos
• Los niños sienten que la televisión destinada a ellos es en ocasiones aburrida, que no tiene temas interesantes.

Los jóvenes de Guasca, señalan lo siguiente:
• La preferencia está marcada por la distinción de género; así, los jóvenes hombres prefieren en mayoría los programas deportivos y de acción, mientras las chicas buscan programas en donde encuentren temas de actualidad, que toquen las problemáticas actuales y que promuevan valores
• La actividad de ver televisión no tiene horarios ni control alguno. Son los mismos jóvenes quienes se autorregulan.
• Estos jóvenes se permiten censurar a la televisión y algunos toman una posición frente a