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Desde Campus-Party
Bogotá 2008
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Bling
Bling digital
Por Fernando Cuevas (fernandocuevas@go.com)
Junio 24 de 2008
Día tras día en este Campus Party, mi sensación
de asombro se matiza, y da paso a un interés por ciertas
actividades que van más allá del espectáculo
tecnológico.
Aunque
también surgen nuevas preocupaciones e inquietudes.
La participación de comunidades (verdaderas organizaciones,
con raíces en personas que trabajan por un objetivo
claro), y de nuevas formas de expresión en esa esfera
pública, llaman poderosamente mi atención, sin
que pueda dedicarle mucho tiempo por andar tomando fotos de
todo lo imaginable en este circo.
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Tengo
la sensación de que logro ver el alma debajo de este monstruo:
Debajo de tanto cable, tanta carcaza y tanto eye candy, hierve un
mar de anzuelos humanos buscando conectarse para cambiar el mundo.
Pero la dicha no puede ser plena. Persiste un gran porcentaje de personas
que siguen yendo en contra del slogan del evento, y se relacionan
más con su máquina que con su vecino; no importa si
están bajando porno, o chateando constantemente. Sueñan
con creaciones digitales de mujeres voluptuosas: extrañas híbridas
de Saylor Moon y Samantha Fox, mientras que la mujer que está
tres pantallas a su izquierda y los mira de reojo constantemente,
es simplemente invisible.
Tampoco puedo dejar de notar que, aunque puede que me lo haya perdido,
hasta ahora no he observado nj un solo juego, aparte del simulador
de vuelo, en el que no haya que dar bala, matar gente o disparar algo.
Viene a mi mente algo que encontré pegado en varia carpas de
la zona de camping: Un escudo de Bogotá, sobre el cual luce
orgulloso un fusil de asalto (creo que es un AK-47). Imagino que es
una especie de escudo de algún grupo de gamers, pero aún
así me parece perturbador.
Vuelve a mí la sensación de un evento que ignora la
realidad de su entorno, creando una burbuja de sentido. Un escudo
es un resumen visual de las características de aquello que
quiere representar. Una imagen así, sobre el escudo de una
ciudad que ha pagado con creces su cuota de muertos en los decenios
de violencia que han desangrado este país, no es sólo
insultante, molesta e incómoda, sino que evidencia una voluntad
expresa de negar nuestra historia reciente, y de perpetuar la violenta
realidad que tanto daño nos hace. Doloroso y preocupante.
En el transcurso de la tarde, en medio de tanto aparato dispuesto
a solucionarte la vida con un clic, tengo una necesidad absolutamente
física: necesito una escalera para tomar fotos desde otra perspectiva.
Me acerco a la gente de Corferias, para que me ayuden a solucionar
este predicamento. Nunca imaginé que algo tan simple, fuera
tan complicado.
“Busque al coordinador de pabellón”.”Vaya
a la puerta 16”. “Lo están esperando en el acceso
sur”. “No puedo comunicarlo porque están en un
reporte”. “¿No se la entregó el muchacho
que le dije?”. “En 5 minutos se la entregan”.
Dos horas.
No estoy mintiendo.
Dos horas para prestarme una pinche escalera.
Me tuvieron como un yo-yo de un lado al otro, y perdí la cuenta
del número de operarios con los que hablé. Ahora ellos
me ven, se ríen y me saludan, pero créanme que en su
momento no fue nada chistoso.
Dos horas para conseguir una escalera que me eleve metro y medio del
suelo, en un sitio donde se “suben” a la red cantidades
ingentes de información, música y un largo etcétera
de cosas.
Considero absolutamente sintomático, que en un recinto ferial
de esta magnitud, y en una feria digital de estas características,
una solicitud tan banal, pueda llegar a ser un problema.
Recuerdo mis dudas y mis impresiones sobre cómo la realidad
digital vibra en otra frecuencia que la vida física, cotidiana.
¿Qué pasa en un espacio en donde es más fácil
matar digitalmente a tres batallones con un clic, o tener sexo con
una pin up manga, que encontrar un elemento básico que cambió
la historia de la humanidad?
Como respuesta, aparece finalmente frente a mí, una escalera
que perfectamente pudo haber puesto el primer bombillo en la inauguración
de Corferias hace varios lustros. Endeble, remachada y arreglada hasta
el cansancio, su apariencia intentó mejorarse pintándola
de azul, pero el tiempo se encargó de rayarla y magullarla,
volviendo el remedio peor que la enfermedad: Sobre mis hombros cargo
ahora una especie de dinosaurio azul y decadente, mientras cruzo por
corredores y corredores de tecnología de punta. No puedo sino
sonreír y seguir pensando que acá hay algo que no cuadra.
Empieza la charla de las 7pm, y aparece de nuevo el show publicitario
disfrazado de conocimiento: Una especie de documental del History
Channel sobre el cable submarino, pero con un patrocinador omnipresente.
Demasiado evidente como para convencerme.
Reaparece mi sensación de la inauguración, pero ya es
más precisa: Yo pensé que la protagonista de esa noche,
fué la banda ancha; pero es obvio que acá hay una reina
que eclipsa muchas intenciones: La publicidad.
Más específicamente, una marca…LA marca.
La gran madre de este evento.
De nuevo las metáforas surgen espontáneas: Una marca
es también un señalamiento.
Esa es LA marca de este evento: La sensación constante de que
es un gran lanzamiento comercial.
Hago un giro con mi cabeza, y de pronto todo cuadra: No hay un solo
espacio o sector de este evento, que no tenga un patrocinio.
Impresionante.
Empieza a sonar a lo lejos una canción, y reconozco el dejo
rítmico clásico del reggaetón. Miro a mi alrededor
y siento que eso sí cuadra, que esa debería ser la banda
sonora oficial de este evento, pues lo que veo en la superficie del
campus es consecuente con la estética reggaetonera: Mujeres
semidesnudas que son tratadas como trozos de carne, historias violentas
llenas de armas y dinero, accesorios personalizados, aparatos engallados,
grandes marcas y mucho Bling Bling.
Bajo la ostentosa superficie publicitaria de este evento, como en
la estética del reggaetón, hay comunidades segregadas
que luchan por sobrevivir, cadenas imparables de violencia absurda,
estereotipos discriminatorios que se ensalzan, y muchas historias
de esfuerzo y dolor.
Bajo el estereotipo, pululan comunidades vivas que desean cambiar
su realidad en forma consciente y constante.
Comunidades sin patrocinadores que las alienten económicamente
a cambio de lucir una estética específica.
Personas reales que, en muchos casos, no reconocen la manipulación
comercial pues necesitan de ella para acceder a esa vida que sueñan.
Como en el reggaetón.
Como en el Campus.
Cualquier semejanza con la realidad no es coincidencia.
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Bling digital
Por Fernando Cuevas (fernandocuevas@go.com)
Junio 24 de 2008
Día tras día en este Campus Party, mi sensación
de asombro se matiza, y da paso a un interés por ciertas
actividades que van más allá del espectáculo
tecnológico.
Aunque
también surgen nuevas preocupaciones e inquietudes.
La participación de comunidades (verdaderas organizaciones,
con raíces en personas que trabajan por un objetivo
claro), y de nuevas formas de expresión en esa esfera
pública, llaman poderosamente mi atención, sin
que pueda dedicarle mucho tiempo por andar tomando fotos de
todo lo imaginable en este circo.
Ver | Ctrl+Alt+Sup El Show de las Estrellas Fernando Cuevas Ulitzsch Es el día de la inauguración. Llego a Corferias, y el ambiente es otro.
Caras felices pese a las filas. Maletas, cajas, sleeping bags. Cansancio en las caras y los hombros de la gente que viene desde Casanare, Cundinamarca, la Zona Cafetera y todo el país…simplemente emocionante.
Ver | Ctrl+Alt+Sup Bautizo estilo Campus-Party Por Fernando Cuevas Lo primero que siento al cruzar la puerta del recinto ferial donde se llevará a cabo el CAMPUS PARTY, es el contraste entre una vendedora ambulante y su atestado carrito de bebé adaptado como máquina de guerra económica, y su contraste con una persona que pasa “flotando” y a toda velocidad, en un vehículo monopersonal eléctrico de 2 llantas mientras habla por celular e intenta maniobrar con la otra mano que sostiene un intercomunicador junto al manubrio. Ver | ¿Navega o lo lleva la corriente? Álvaro "Tato" Barreto S. Saber cuál es la diferencia entre lo uno y lo otro, o hasta dónde llega el uno y dónde inicia el otro, es bien complicadoVer |
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