EL
TRUEQUE, GUSTÓ E INCENTIVÓ LA LECTURA EN BOGOTÁ
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Son
las 10:00 de la mañana del domingo 3 de septiembre en
la ciudad de Bogotá, y el parque Nacional, cubierto por
un sol tenue y brillante, está preparado para recibir
a los capitalinos en la segunda versión del evento “Trueque
el Libro”, que en su inicio recordó a Don Quijote
de la Mancha, en una obra de teatro.
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Los
libros comienzan a pasar de mano en mano, y la capital por unos
momentos se torna en un lugar mágico e intelectual, que
se entretiene con un objeto tan simple pero a la vez tan complejo,
como lo es un libro. |
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| García
Márquez por Epicuro y Tomás Carrasquilla, son algunos
cambios de autores que realiza Stella
Vega, una asistente activa al Trueque, quien, sentada en unas
escalinatas y utilizando el piso como única vitrina, expone
sus novelas, cuentos y libros filosóficos, quedando muy
satisfecha con lo que encontró. “Hay cosas interesantes,
especialmente en cuentos y novelas”.
Al
caer la tarde, el parque es tomado por los ciudadanos que llegan
ávidos de trocar y obtener sus textos predilectos; algunos
famosos se suben a la tarima y leen pequeños fragmentos
de libros, mientras que Iván
Darío Álvarez, titiritero de La Libélula
Dorada, se preparaba para la presentación del grupo, y
quien nos manifestó que el evento era una forma de contacto
e interacción. “Es muy bello, porque realmente es
muy interesante que la gente, ante la precariedad en que nos encontramos,
de que los libros están muy caros, logre a nivel personal,
cambiarlos, y de esta manera socializar el conocimiento y la literatura”.
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Las
actividades culturales no dejan de animar el ambiente en el
parque, que alberga desde los indigentes que se encuentran ante
tal hecho, hasta reconocidos poetas, actores y pasados candidatos
a la presidencia, como María
Emma Mejía , quien afirmó que el Trueque fue
un éxito, un espacio no elitista, donde todos apreciamos,
nos familiarizamos y nos culturizamos con los libros y que,
además, sirvió de preámbulo para lo que
será Bogotá, Capital Mundial del Libro en el 2007.
Los
cambistas empiezan a recoger sus libros, unos con gestos de
felicidad, otros con la decepción de no haber encontrado
lo deseado. La gente comienza a abandonar el lugar mientras
que los percusionistas, últimos artistas en escena, despiden
la tarde de gran movimiento literario.
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“El
libro siempre es una sorpresa, una cajita de sorpresas”,
decía Guillermo
Borrero, docente de La Universidad Central. Y qué
sorpresa la que se llevó Bogotá, al ver que sus
habitantes apoyaron el Trueque y, por ende, el gusto por la
lectura.
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